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TEMA 27º

 

EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA

(N. 1322-1405. Resúmenes 1406-1419)

 

La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los bautizados y confirmados “participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor”.

“Nuestro Salvador, en la última cena, la noche en que fue entregado, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su cuerpo y sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura” (Concilio Vaticano II. Sacrosantum Concilium n. 47)

 

1. La Eucaristía, fuente y culmen de la vida eclesial

2. El nombre de este sacramento

3. La Eucaristía en la economía de la salvación

4. La celebración  litúrgica de la Eucaristía

5. El sacrificio sacramental: acción de gracias, memorial, presencia

6. El banquete pascual

7. La Eucaristía, “Pignus futurae gloriae”

 

 

La Eucaristía, fuente y culmen de la vida eclesial:

 

“La Eucaristía es fuente y culmen de la vida cristiana”. Todos los demás sacramentos y obras de apostolado están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. “La Sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua”.

“La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios”.

“Por la celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos”.

“La Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe”.

 

 

El nombre de este sacramento:

 

Cada nombre evoca alguna de las riquezas de la Eucaristía.

 

v    Eucaristía: Acción de gracias a Dios (eucharistein, eulogein)

v    Banquete del Señor: Es la Cena que celebró el Señor con sus discípulos antes de la pasión y anticipación del banquete de bodas del Cordero en la Jerusalén celestial.

v    Fracción del pan: Jesús partió el pan antes de distribuirlo. Esta es la expresión que se usó en los tiempos apostólicos para designar las asambleas eucarísticas.

v    Asamblea eucarística (synaxis): La Eucaristía es celebrada en la asamblea de los fieles, expresión visible de la Iglesia.

v    Memorial de la pasión y de la resurrección del Señor.

v    Santo Sacrificio: Porque actualiza el único sacrificio de Cristo Salvador. También: Santo Sacrificio de la Misa, sacrificio de alabanza, sacrificio espiritual, sacrificio puro y santo, puesto que completa y supera todos los sacrificios de la Antigua Alianza.

v    Santa y divina liturgia: Toda la liturgia de la Iglesia encuentra su centro y expresión más densa en la celebración de este sacramento. En el mismo sentido se llama “celebración de los santos misterios”.

v    Santísimo Sacramento: Porque es el Sacramento de los sacramentos. Con este nombre se designan las especies eucarísticas guardadas en el Sagrario.

v    Comunión: “Por este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace partícipes de su Cuerpo y de su Sangre para formar un solo cuerpo”.

También: las cosas santas (en el sentido de la comunión de los santos), pan de los ángeles, pan del cielo, medicina de inmortalidad, viático...

v    “Santa Misa porque la liturgia en que se realiza el misterio de salvación se termina con el envío de los fieles (<<missio>>) a fin de que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana”.

 

La Eucaristía en la Economía de la Salvación:

 

a)    Los signos del pan y del vino: El pan y el vino son fruto de la tierra y del trabajo del hombre, don del Creador. Melquisedec, rey y sacerdote, ofreció a Dios pan y vino. Israel, a partir del Exodo, comerá cada Pascua los panes ácimos. Durante su travesía por el desierto Dios les envía el maná como alimento. Después del banquete pascual los israelitas beben el cáliz de bendición.

“Jesús instituyó su Eucaristía dando un sentido nuevo y definitivo a la bendición del pan y del cáliz”.

La multiplicación de los panes prefigura el pan de la Eucaristía. La conversión del agua en vino durante las bodas de Caná anuncia el banquete en que “los fieles beberán el vino nuevo convertido en sangre de Cristo”.

“El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual que el anuncio de la pasión los escandalizó: <<Es duro este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?>> (Jn 6, 60). La Eucaristía y la cruz son piedras de escándalo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división. <<¿También vosotros queréis marcharos?>> (Jn 6, 67): esta pregunta del Señor resuena a través de las edades, como invitación de su amor a descubrir que sólo El tiene <<palabras de vida eterna>> (Jn 6, 68), y que acoger en la fe el don de su Eucaristía es acogerlo a El mismo”.

 

b)    La institución de la Eucaristía:

Durante la última cena el Señor dejó a los suyos el mandamiento del amor, no sin antes lavarles los pies, e “instituyó la Eucaristía como memorial de su muerte y de su resurrección y ordenó a sus apóstoles celebrarlo hasta su retorno. Constituyéndoles entonces sacerdotes del Nuevo Testamento”.

“Los tres evangelios sinópticos y San Pablo nos han transmitido el relato de la institución de la Eucaristía”.

San Juan nos relata las palabras de Cristo en la sinagoga de Cafarnaúm en las que se designa a sí mismo como el pan de vida, bajado del cielo”.

Jesús eligió la comida judía de Pascua para dar a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre, dando así el sentido definitivo a la pascua judía.

Durante la cena de Pascua Jesús “tomó pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: <<Esto es mi cuerpo que va a ser entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío>>. De igual modo, después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: <<Este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre, que va a ser derramada por vosotros>>” (Lc 22, 7-20)

c)      “Haced esto en memoria mía”:

“El mandamiento de Jesús de repetir sus gestos y sus palabras <<hasta que venga>> (1 Co 11, 26) requiere la celebración litúrgica por los Apóstoles y sus sucesores del memorial de Cristo. No se trata de un simple acordarse de Jesús.

Desde los orígenes la Iglesia fue fiel a este mandato del Señor: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, fieles a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones (...).

Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y con sencillez de corazón” (Hch 2, 42.46)

“Era sobre todo <<el primer día de la semana>>, es decir, el domingo, el día de la resurrección de Jesús, cuando los cristianos se reunían para <<partir el pan>> (Hch 20, 7)”. Esto sigue siendo así en la Iglesia conservando la estructura fundamental de la celebración. La Eucaristía “sigue siendo el centro de la vida de la Iglesia”.

         El pueblo de Dios peregrina de banquete en banquete “hacia el banquete     celestial, donde todos los elegidos se sentarán a la mesa del Reino”.

 

 

La celebración litúrgica de la Eucaristía:

 

a)     La Misa de todos los siglos: “Desde el siglo II, según el testimonio de San Justino mártir, tenemos las grandes líneas del desarrollo de la celebración eucarística. Estas han permanecido invariables hasta nuestros días a través de la diversidad de tradiciones rituales litúrgicas”.

 

Comprende dos grandes momentos que forman una unidad básica:

§        “La reunión, la liturgia de la Palabra, con las lecturas, la homilía y la oración universal”.

§        “La liturgia eucarística, con la presentación del pan y del vino, la acción de gracias consecratoria y la comunión”.

 

Jesús después de su resurrección al presentarse a los discípulos de Emaús primero “en el camino les explicaba las Escrituras, luego, sentándose a la mesa con ellos, <<tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio>> (Lc 24, 30)”.

 

b) El desarrollo de la celebración:

1.     Todos se reúnen: En un mismo lugar y es Cristo el que preside invisiblemente toda celebración eucarística.

“Como representante suyo, el obispo o el presbítero (actuando in persona Christi Capitis) preside la asamblea, toma la palabra después de la lectura, recibe las ofrendas y dice la plegaria eucarística. Todos tienen parte activa en la celebración, cada uno a su manera; los lectores, los que presentan las ofrendas, los que dan la comunión y el pueblo entero cuyo <<Amén>> manifiesta su participación”.

 

2.     La liturgia de la Palabra: Lectura del Antiguo Testamento, de las cartas de los Apóstoles y de los Evangelios. Después la homilía y la oración universal por todos los hombres.

 

3.     La presentación de las ofrendas (ofertorio): “Se lleva al altar, a veces en procesión, el pan y el vino que serán ofrecidos por el sacerdote en nombre de Cristo”.

“Desde el principio, junto con el pan y el vino para la Eucaristía, los cristianos presentan también sus dones para compartirlos con los que tienen necesidad. Esta costumbre de la colecta, siempre actual, se inspira en el ejemplo de Cristo que se hizo pobre para enriquecernos”.

 

4.       La anáfora o plegaria eucarística: cumbre de la celebración.

Ø    El prefacio: La Iglesia da gracias al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo. Toda la asamblea unida a los ángeles y santos canta alabanzas al Dios tres veces santo.

Ø    La epíclesis: “La Iglesia pide al Padre que envíe su Espíritu Santo (o el poder de su bendición) sobre el pan y el vino, para que se conviertan, por su poder, en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, y quienes toman parte en la Eucaristía sean un solo cuerpo y un solo espíritu”.

Ø    El relato de la institución: “La fuerza de las palabras y de la acción de Cristo y el poder del Espíritu Santo hacen sacramentalmente presentes bajo las especies de pan y de vino su Cuerpo y su Sangre, su sacrificio ofrecido en la cruz de una vez para siempre”.

Ø    La anámnesis: “La Iglesia hace memoria de la pasión, de la resurrección y del retorno glorioso de Cristo Jesús; presenta al Padre la ofrenda de su Hijo que nos reconcilia con El”.

Ø    Las intercesiones: “La Iglesia expresa que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia del cielo y de la tierra, de los vivos y de los difuntos, y en comunión con los pastores de la Iglesia, el Papa, el obispo de la diócesis, su presbiterio y sus diáconos y todos los obispos del mundo entero con sus Iglesias”.

Ø    La comunión: Se come el pan y el vino “eucaristizados”.  “Precedida por la oración del Señor y de la fracción del pan, los fieles reciben <<el pan del cielo>> y <<el cáliz de la salvación>>, el Cuerpo y la Sangre de Cristo que se entregó <<para la vida del mundo>> (Jn 6, 51)”.

 

 

 

 

El sacrificio sacramental: acción de gracias, memorial, presencia:

 

Debemos considerar la Eucaristía como:

-         Acción de gracias y alabanza al Padre

-         Memorial del sacrificio de Cristo y de su Cuerpo

-         Presencia de Cristo por el poder de su Palabra y de su Espíritu

 

a)     La acción de gracias y la alabanza al Padre:

“En el Sacrificio Eucarístico, toda la creación amada por Dios es presentada al Padre a través de la muerte y resurrección de Cristo”. La Iglesia da gracias y bendice al Padre por todos los beneficios recibidos: creación, redención y santificación.

“La Eucaristía es también sacrificio de alabanza por medio del cual la Iglesia canta la gloria de Dios en nombre de toda la creación”. Este sacrificio de alabanza al Padre es ofrecido por Cristo y con Cristo para ser aceptado en él.

 

b) El memorial sacrificial de Cristo y de su cuerpo, que es la Iglesia:

q  “La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, la actualización y la ofrenda sacramental de su único sacrificio, en la liturgia de la Iglesia que es su cuerpo”.

El memorial no es sólo recuerdo de acontecimientos pasados. “En la celebración litúrgica, estos acontecimientos, se hacen, en cierta forma, actuales y presentes”.

“Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, hace memoria de la Pascua de Cristo y ésta se hace presente: el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz, permanece siempre actual”.

 

q “La Eucaristía es un sacrificio porque representa (hace presente) el sacrificio de la cruz, porque es su memorial y aplica sus frutos”.

“El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues un único sacrificio: <<Es una y la misma víctima, que se ofrece ahora por el ministerio de los sacerdotes que se ofreció a sí misma entonces sobre la cruz. Sólo difiere la manera de ofrecer>>. <<Y puesto que en este divino sacrificio que se realiza en la Misa, se contiene e inmola incruentamente el mismo Cristo que en el altar de la cruz se ofreció a sí mismo una vez de modo cruento; (...) este sacrificio es verdaderamente propiciatorio”.

 

 

 

q   La Eucaristía es el sacrificio de la Iglesia: “La Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, participa en la ofrenda de su Cabeza”. La Iglesia se ofrece con Cristo a Dios Padre en el Espíritu Santo. La vida de los fieles, sus amores, sus luchas, sus dolores se unen a los de Cristo en su ofrenda y adquieren un valor nuevo.

“El obispo del lugar es siempre responsable de la Eucaristía, incluso cuando es presidida por un presbítero”. En la Eucaristía toda la Iglesia se une a la ofrenda y a la intercesión de Cristo por ella misma y por el mundo.

A esta ofrenda de Cristo se unen los santos del cielo y especialmente la Santísima Virgen María.

“El sacrificio eucarístico es también ofrecido por los fieles difuntos, <<que han muerto en Cristo y todavía no están plenamente purificados>>, para que puedan entrar en la luz y la paz de Cristo”.

 

c) La presencia de Cristo por el poder de su Palabra y del Espíritu Santo:

Cristo Jesús está presente de muchas maneras en su Iglesia: “en su Palabra, en la oración de su Iglesia, <<allá donde dos o tres estén reunidos en mi nombre>> (Mt 18, 20), en los pobres, los enfermos, los presos, en los sacramentos de los que Él es autor, en el sacrificio de la Misa y en la persona del ministro. Pero sobre todo está presente bajo las especies eucarísticas”.

“En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero”. En las especies eucarísticas Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente.

La conversión del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo se realizan por la eficacia de la Palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo para obrar esta conversión.

“El Concilio de Trento resume la fe católica cuando afirma: Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación”.

“La presencia de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas.

 Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo”.

Los fieles cristianos mostramos nuestra fe en esta presencia de Jesús en la Eucaristía “arrodillándonos o inclinándonos profundamente en señal de adoración”. Esta adoración a la Eucaristía no solamente la hace la Iglesia durante la misa, sino también fuera de su celebración: “Conservando con el mayor cuidado las Hostias consagradas, presentándolas a los fieles para que las veneren con solemnidad, llevándolas en procesión”.

“La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad de culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración”.

“La vista, el tacto, el gusto, son aquí falaces,

sólo con el oído se llega a tener fe segura;

creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios;

nada más verdadero que esta palabra de verdad”

 

 


 

El banquete pascual:

“La celebración del sacrificio eucarístico está totalmente orientada hacia la unión íntima de los fieles con Cristo por medio de la comunión. Comulgar es recibir a Cristo mismo que se entregó por nosotros”.

El altar, que representa a Cristo, es a la vez altar del sacrificio y mesa del Señor.

 

a) “Tomad y comed todos de él”: La Comunión

“El Señor nos dirige una invitación urgente a recibirle en el Sacramento de la Eucaristía: <<En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre,  no tendréis vida en vosotros>> (Jn 6, 53)”.

“Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el Sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar”. “Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo”. (1 Co 11, 27-29).

“Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede repetir humildemente y con fe ardiente las palabras del Centurión: <<Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme>>”.

Los fieles deben observar el ayuno prescrito por la Iglesia y cuidar el porte exterior que manifieste respeto al recibir este sacramento.

“La Iglesia obliga a los fieles <<a participar los domingos y días de fiesta en la divina liturgia>> y a recibir al menos una vez al año la Eucaristía, si es posible en tiempo pascual, preparados por el Sacramento de la Reconciliación. Pero la Iglesia recomienda vivamente a los fieles recibir la Santa Eucaristía los domingos y los días de fiesta, o con más frecuencia aún, incluso todos los días”.

Al comulgar bajo la especie del pan se recibe el fruto de gracia, propio de la Eucaristía. En Oriente se comulga bajo las dos especies que es expresión más plena de la comunión “por razón del signo”.

 

b) Frutos de la comunión:

1.     La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo: “Quien come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en mí y yo en él” (Jn 6, 56). “Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí” (Jn 6, 57).

La vida de gracia recibida en el Bautismo se conserva, acrecienta y renueva con la comunión, que es el “pan de nuestra peregrinación, hasta el momento de la muerte, cuando nos sea dado como viático”.

2.     La comunión nos separa del pecado: La sangre de Cristo fue derramada para el perdón de los pecados. “Por eso la Eucaristía no puede unirnos a Cristo sin purificarnos al mismo tiempo de los pecados cometidos y preservarnos de futuros pecados”

3.     Borra los pecados veniales:

“Como el alimento corporal sirve para restaurar la pérdida de fuerzas, la Eucaristía fortalece la caridad que, en la vida cotidiana, tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra los pecados veniales. Dándose a nosotros, Cristo reaviva nuestro amor y nos hace capaces de romper los lazos desordenados con las criaturas y de arraigarnos en Él”.

4.     Nos preserva de futuros pecados mortales: “Cuanto más participamos en la vida de Cristo y más progresamos en su amistad, tanto más difícil se nos hará romper con Él por el pecado mortal. La Eucaristía no está ordenada al perdón de los pecados mortales. Esto es propio del Sacramento de la Reconciliación. Lo propio de la Eucaristía es ser el sacramento de los que están en plena comunión con la Iglesia”.

5.     La unidad del cuerpo místico: La Eucaristía hace la Iglesia.

La comunión al unirnos más estrechamente a Cristo, nos une a los demás fieles cristianos. “La comunión renueva, fortifica, profundiza esta incorporación a la Iglesia realizada ya por el Bautismo. En el Bautismo fuimos llamados a no formar más que un solo cuerpo”.

“El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo?, y el pan que partimos ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan”. (1 Co 10, 16-17).

6. La Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres: Recibiendo la comunión verdaderamente reconocemos a Cristo en los pobres. “Has gustado la sangre del Señor y no reconoces a tu hermano (...) Deshonras esta mesa, no juzgando digno de compartir tu alimento al que ha sido juzgado digno de compartir tu alimento al que ha sido juzgado digno (...) de participar en esta mesa. Dios te ha liberado de todos los pecados y te ha invitado a ella. Y tú, aún así, no te has hecho más misericordioso” (San Juan Crisóstomo).

7. La Eucaristía y la unidad de los cristianos: cuanto más se recibe este sacramento más apremiantes son los deseos y las oraciones para que lleguen los días de la unidad completa de todos los que creen en Cristo Jesús.

 

 

 

-         “Las Iglesias orientales que no están en plena comunión con la Iglesia católica celebran la Eucaristía con gran amor”. Estas Iglesias, aunque separadas, celebran verdaderos sacramentos, sobre todo, en virtud de la sucesión apostólica, el sacerdocio y la Eucaristía.

“Una cierta comunión in sacris, por tanto, en la Eucaristía, <<no solamente es posible, sino que se aconseja en circunstancias oportunas y aprobándolo la autoridad eclesiástica>>

-         “Las comunidades eclesiales nacidas de la Reforma, separadas de la Iglesia católica, <<sobre todo por defecto del Sacramento del Orden no han conservado la substancia genuina e íntegra del misterio eucarístico>>. Por esto, para la Iglesia católica, la intercomunión eucarística con estas comunidades no es posible. Sin embargo, estas comunidades eclesiales, <<al commemorar en la Santa Cena la muerte y resurrección del Señor, profesan que en la comunión de Cristo se significa la vida, y esperan su venida gloriosa>>

-         “Si, a juicio del ordinario, se presenta una necesidad grave, los ministros católicos pueden administrar los sacramentos (Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos) a cristianos que no están en plena comunión con la Iglesia católica, pero que piden estos sacramentos con deseo y rectitud: en tal caso se precisa que profesen la fe católica respecto a estos sacramentos y estén bien dispuestos”.

 

 

La Eucaristía, “Pignus futurae gloriae”:

La Eucaristía es anticipación de la gloria celestial.

 

“¡Oh Sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida; se celebra el memorial de su pasión; el alma se llena de gracia, y se nos da la prenda de la gloria futura!”

 

En la última Cena Jesús puso la mirada de la Iglesia en la gloria futura, “y os digo que desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día en que lo beba con vosotros, de nuevo, en el Reino de mi Padre” (Mt 26, 29). Por eso la Iglesia implora su venida (Marana tha): “Anunciamos tu muerte, proclamos tu resurrección <<Ven Señor, Jesús>> (Ap 22, 20)

 

 

“La Iglesia sabe que, ya ahora, el Señor viene en su Eucaristía y que está ahí en medio de nosotros. Sin embargo, esta presencia está velada. Por eso celebramos la Eucaristía <<expectantes beatam spem et adventum Salvatoris nostri Iesu Christi>> (Mientras esperamos la gloriosa venida de Nuestro Salvador Jesucristo), pidiendo entrar en tu Reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque, al contemplarte como Tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas, por Cristo, Señor nuestro”.

La Eucaristía “es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre”.

 


 

RESUMEN:

 

1. Jesús dijo: “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan,             vivirá para siempre (...) El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna (...) permanece en mí y yo en él” (Jn 6, 51. 54.56)

 

2. “La Eucaristía es el corazón y la cumbre de la vida de la Iglesia”. En ella la Iglesia se asocia a Cristo en su sacrificio de alabanza y acción de gracias y se derrama la gracia de la salvación sobre todos sus miembros.

 

3. La celebración eucarística comprende siempre en un solo y mismo acto de culto:

-         La proclamación de la Palabra de Dios

-         La acción de gracias a Dios Padre

-         La consagración del pan y del vino

-         La recepción del Cuerpo y de la Sangre del Señor

 

4. “La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, es decir, de la obra de la salvación realizada por la vida, la muerte y la resurrección de Cristo, obra que se hace presente por la acción litúrgica”.

 

5. Es Cristo mismo quien por el ministerio de los sacerdotes ofrece el sacrificio eucarístico. Y es Cristo mismo, realmente presente bajo las especies del pan y del vino, la ofrenda del sacrificio eucarístico.

 

6. “Sólo los presbíteros válidamente ordenados pueden presidir la Eucaristía y consagrar el pan y el vino para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre del Señor”.

 

7. “Los signos esenciales del sacramento eucarístico son pan de trigo y vino de vid, sobre los cuales es invocada la bendición del Espíritu Santo y el presbítero pronuncia las palabras de la consagración dichas por Jesús en la última cena: <<Esto es mi Cuerpo entregado por vosotros (...) Este es el Cáliz de mi sangre...>>

 

8. Por la consagración se realiza la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las especies consagradas del pan y del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad”.

 

9. “En cuanto sacrificio, la Eucaristía es ofrecida también en reparación de los pecados de los vivos y los difuntos, y para obtener de Dios beneficios espirituales o temporales”.

 

10. “El que quiere recibir a Cristo en la comunión eucarística debe hallarse en estado de gracia. Si uno tiene conciencia de haber pecado mortalmente no debe acercarse a la Eucaristía sin haber recibido previamente la absolución en el sacramento de la Penitencia”.

 

11. Los frutos de la comunión son en el comulgante:

-         Se acrecienta la unión con el Señor

-        Le perdona los pecados veniales

-        Lo preserva de los pecados graves

-        Refuerza la caridad entre Cristo y el comulgante y, por ello, se fortalece la unidad de la Iglesia

 

12. “La Iglesia recomienda vivamente a los fieles que reciban la sagrada comunión cuando participan en la celebración de la Eucaristía; y les impone la obligación de hacerlo al menos una vez al año”.

 

13. “Puesto que Cristo mismo está presente en el Sacramento del Altar, es preciso honrarlo con culto de adoración”. La visita al Santísimo Sacramento es prueba y señal de gratitud, adoración y amor a Cristo presente en la Eucaristía reservada en el Sagrario.

 

14. “Cristo, que pasó de este mundo al Padre, nos da en la Eucaristía la prenda de la gloria que tendremos junto a El: la participación en el Santo Sacrificio nos identifica con su Corazón, sostiene nuestras fuerzas a lo largo del peregrinar de esta vida, nos hace desear la Vida eterna y nos une ya desde ahora a la Iglesia del Cielo, a la Santísima Virgen María y a todos los santos”.

 

 

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