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TEMA 28º

 

 

LA CONCIENCIA MORAL

(N. 1776-1794. Resúmenes 1795-1802)

 

 

“En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal (...). El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón (...). La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (Concilio Vaticano II. Gaudium et spes n. 16)

 

1.     El dictamen de la conciencia

2.     La formación de la conciencia

3.     Decidir en conciencia

4.     El juicio erróneo

 

 

El dictamen de la conciencia:

 

“El hombre prudente, cuando escucha la conciencia moral, puede oír a Dios que le habla”.

 

La conciencia moral está presente en el corazón de la persona: le ordena practicar el bien y evitar el mal, y juzga de las opciones concretas aprobando las buenas y denunciando las malas.

 

“La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo lo que dice y hace, el hombre está obligado a seguir fielmente lo que sabe que es justo y recto. Mediante el dictamen de su conciencia el hombre percibe y reconoce las prescripciones de la ley divina”.

 

“El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente  las decisiones morales”.

La formación de la conciencia:

 

“Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del Creador”.

 

La formación de la conciencia es más necesaria allí donde las influencias negativas hacen que la razón rechace las enseñanzas autorizadas para aferrarse al propio juicio o criterio.

 

La educación de la conciencia es tarea para toda la vida que elimina los miedos, los falsos sentimientos de culpa y hace a la persona responsable y capaz de rectificar o de perseverar en el bien.

 

“La educación de la conciencia garantiza la libertad y engendra la paz del corazón”.

 

En la formación de la conciencia es necesario el conocimiento de la Palabra de Dios, sobre todo la cruz de Cristo. “Estamos asistidos por los dones del Espíritu Santo, ayudados por el testimonio o los consejos de otros y guiados por la enseñanza autorizada de la Iglesia”.

 

 

Decidir en conciencia:

 

“Ante la necesidad de decidir moralmente, la conciencia puede formular un juicio recto de acuerdo con la razón y con la ley divina, o al contrario, un juicio erróneo que se aleja de ellas”.

 

Para realizar un juicio verdadero hay que tener en cuenta:

 

1.     La propia experiencia

2.     Interpretar los signos de los tiempos

3.     Escuchar los consejos de personas entendidas

4.     Ser dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo

 

 

 

 

 

 

En cualquier caso deben respetarse las siguientes reglas:

 

1.     Nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien.

2.     La regla de oro: “Todo (...) cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros” (Mt 7, 12)

3.     La caridad debe actuar siempre con respeto hacia el prójimo y hacia su conciencia. No servir de escándalo para nadie.

 

 

El juicio erróneo:

 

“La persona humana debe obedecer siempre el juicio cierto de su conciencia”. Pero a veces este juicio es equivocado, normalmente por ignorancia.

Si esta ignorancia es debida a que el hombre no se preocupa de buscar la verdad y el bien y, poco a poco, por el hábito del pecado, la conciencia se queda casi ciega, “la persona es culpable del mal que comete”. Esta ignorancia es vencible porque se puede suprimir con la lectura del Evangelio, la conversión, escuchando las enseñanzas de la Iglesia, la lucha contra las pasiones y la comodidad.

“Si por el contrario, la ignorancia es invencible, o el juicio erróneo sin responsabilidad del sujeto moral, el mal cometido por la persona no puede serle imputado”. Es preciso no dejar de trabajar por corregir la conciencia moral de sus errores, pues no deja de ser un mal, un desorden y una privación.

“Cuanto mayor es el predominio de la conciencia recta, tanto más las personas y los grupos se apartan del arbitrio ciego y se esfuerzan por adaptarse a las normas objetivas de moralidad” (Gaudium et spes n. 59)


 

RESUMEN:

 

1. “La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella”.

 

2. “La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la calidad moral de una acto concreto”.

 

3. Ante el mal cometido, la conciencia es garantía de conversión y esperanza, porque recrimina.

 

4. “La conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del Creador. Cada cual debe poner los medios para formar su conciencia”.

 

5. La conciencia puede formular un juicio recto de acuerdo con la razón y la ley divina o un juicio erróneo alejado de ellas.

 

6. “El ser humano debe obedecer siempre por el juicio cierto de su conciencia”.

 

7. La conciencia moral puede equivocarse por ignorancia. No por ello está exenta de culpabilidad, siempre.

 

6.                 La conciencia moral se forma en la asimilación por la fe, por la meditación y por la puesta en práctica de la Palabra de Dios.

 

 

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