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TEMA 32º

 

 

EL CAMINO DE LA ORACIÓN

 (N. 2663-2679. Resúmenes 2680-2682)

 

 

“En la tradición viva de la oración, cada Iglesia propone a sus fieles, según el contexto histórico, social y cultural, el lenguaje de su oración: palabras, melodías, gestos, iconografía. Corresponde al Magisterio discernir la fidelidad de estos caminos de oración a la tradición de la fe apostólica y compete a los pastores y catequistas explicar el sentido de ello, con relación siempre a Jesucristo”.

 

1.     La oración al Padre

2.     La oración a Jesús

3.     “Ven, Espíritu Santo”

4.     En comunión con la Santa Madre de Dios

 

 

La oración al Padre:

 

Toda oración cristiana va dirigida al Padre a través de Jesucristo en el Espíritu Santo. Sólo en el Nombre de Jesús tenemos acceso al Padre.

 

 

La oración de Jesús:

 

La Iglesia nos enseña a orar al Señor Jesús. “Aunque esté dirigida sobre todo al Padre, en todas las tradiciones litúrgicas incluye formas de oración dirigidas a Cristo”: “Hijo de Dios, Verbo de Dios, Señor, Salvador, Cordero de Dios, Rey, Hijo amado, Hijo de la Virgen, Buen Pastor, Vida nuestra, nuestra Luz, nuestra Esperanza, Resurrección nuestra, Amigo de los hombres...”

 

Jesús significa “YHWH salva”. “El nombre de Jesús contiene todo: Dios y el hombre y toda la Economía de la creación y de la salvación”.

 

 

“Iesu, Iesu, esto mihi semper Iesu”.

 

“Señor, Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de nosotros pecadores” (espirituales del Sinaí, de Siria y del monte Athos)

 

“La invocación del Santo Nombre de Jesús es el camino más sencillo de la oración continua. Repetida con frecuencia por un corazón humildemente atento, no se dispersa en <<palabrerías>> (Mt 6, 7) sino que conserva la Palabra y fructifica con perseverancia”.

 

La oración de la Iglesia es especialmente intensa al honrar el Corazón de Jesús y al practicar el Vía Crucis.

 

 

“Ven, Espíritu Santo”:

 

“Nadie puede decir: <<¡Jesús es Señor!>>, sino por influjo del Espíritu Santo” (1 Co 12, 3). Debemos dirigir nuestra oración, todos los días, al Espíritu Santo, “especialmente al comenzar y al terminar cualquier acción importante”.

 

“La forma tradicional para pedir el Espíritu es invocar al Padre por medio de Cristo nuestro Señor, para que nos dé el Espíritu Consolador”.

 

La liturgia nos enseña, también, a dirigirnos directamente al Espíritu Santo: “Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor”.

 

El Espíritu Santo es el Maestro interior de la oración cristiana. Hay muchos caminos para orar pero un mismo Espíritu que actúa en todos y con todos. “En la comunión en el Espíritu Santo la oración cristiana es oración en la Iglesia”.

 

 

En comunión con la Santa Madre de Dios:

 

En la oración el Espíritu Santo nos pone en comunión con la Madre de Jesús.

 

“Desde el sí dado por la fe en la Anunciación y mantenido sin vacilar al pie de la cruz, la maternidad de María se extiende desde entonces a los hermanos y a las hermanas de su Hijo”.

 

“Jesús, el único Mediador, es el Camino de nuestra oración; Maria, su Madre y nuestra Madre, es pura transparencia de Él: María <<muestra el camino>>”.

 

“A partir de esta cooperación singular de María a la acción del Espíritu Santo, las Iglesias han desarrollado la oración a la Santa Madre de Dios, centrándola sobre la persona de Cristo manifestada en sus misterios”.

 

En la oración con María por un lado se engrandece al Señor por sus maravillas y por otro se confían a la Madre de Jesús las súplicas y alabanzas de los hijos de Dios.

 

“Este doble movimiento de la oración a María ha encontrado una expresión privilegiada en la oración del Avemaría”:

 

1.      “Dios te salve María (Alégrate, María)”: Es Dios mismo quien por mediación del ángel saluda a María y nosotros con Él.

2.      “Llena de gracia. El Señor es contigo”: En María va a habitar el Señor, nueva Arca de la Alianza.

3.      “Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”: Hacemos también nuestro el saludo de Isabel, “llena del Espíritu Santo”. María es bendita porque ha creído en el cumplimiento de la palabra del Señor.

4.      “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros...”: Nos confiamos a la oración de María para que también en nosotros se haga la voluntad de Dios.

5.      “Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”: “Pidiendo a María que ruegue por nosotros, nos reconocemos pecadores y nos dirigimos a la <<Madre de la Misericordia>>, a la toda Santa. Nos ponemos en sus manos <<ahora>>, en el hoy de nuestras vidas”. Y le entregamos la hora de nuestra muerte como tuvo la de su Hijo y nos conduzca junto a Jesús, al Paraíso.

 

El Rosario se desarrolló en sustitución popular de la oración de las horas. En Oriente: himnos y cánticos populares a María.


 

RESUMEN:

 

1. “La oración está dirigida principalmente al Padre; igualmente se dirige a Jesús, en especial por la invocación de su santo Nombre: <<Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de nosotros, pecadores>>”.

 

2. El Espíritu Santo es Maestro interior de la oración cristiana.

 

3. “En virtud de su cooperación singular con la acción del Espíritu Santo, la Iglesia ora también en comunión con la Virgen María para ensalzar con ella las maravillas que Dios ha realizado en ella y para confiarle súplicas y alabanzas”.

 

 

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