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TEMA 35º

 

 

EL CREADOR

 (N. 279-314. Resúmenes 315-324)

 

 

La Sagrada Escritura comienza con estas palabras: “En el principio, Dios creó el cielo y la tierra” (Gn 1, 1).

 

“La creación es el fundamento de todos los designios salvíficos de Dios, el comienzo de la historia de la salvación que culmina en Cristo. Inversamente, el Misterio de Cristo es la luz decisiva sobre el Misterio de la creación; revela el fin en vista del cual, al principio, Dios creó el cielo y la tierra: desde el principio Dios preveía la gloria de la nueva creación en Cristo”.

 

1. La catequesis sobre la creación

2. La creación: obra de la Santísima Trinidad

3. “El mundo ha sido creado para la gloria de Dios”

4. El misterio de la creación

5. Dios realiza su designio: la divina providencia

 

La catequesis sobre la creación:

 

La catequesis sobre la creación es muy importante pues nos habla de nuestro origen y del fin de nuestra vida. Cuestiones “decisivas para el sentido y orientación de nuestra vida y nuestro obrar”. ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿De dónde viene y a dónde va todo lo que existe?

 

Todas las investigaciones científicas sobre los orígenes del hombre y del mundo nos llevan a admirar más la grandeza del Creador y a darle gracias por la obra de sus manos.

Estas investigaciones se ven estimuladas por cuestiones esenciales que superan el dominio propio de las ciencias naturales.

 

 

“No se trata sólo de saber cómo y cuándo ha surgido materialmente el cosmos, ni cuándo apareció el hombre, sino más bien cuál es el sentido de tal origen: si está gobernado por el azar, un destino ciego, una necesidad anónima, o bien por un ser trascendente, inteligente y bueno llamado Dios. Y si el mundo procede de la sabiduría y de la bondad de Dios, ¿por qué existe el mal?, ¿de dónde viene? ¿quién es responsable de él?, ¿dónde está la posibilidad de liberarse del mal?

 

Diversas respuestas a estos interrogantes son:

1. Religiones y culturas antiguas: explican los orígenes recurriendo a numerosos mitos.

 

2. Panteísmo: todo es Dios, el mundo es Dios.

 

3. Emanacionismo: el mundo ha brotado de Dios necesariamente como el pelo en la cabeza.

 

4. Dualismo, maniqueísmo: existen dos principios eternos, “el Bien y el Mal, la Luz y las Tinieblas, en lucha permanente”.

 

5. Gnosis: el mundo material es malo y hay que superarlo rechazándolo.

 

6. Deísmo: Dios ha hecho el mundo a manera que un relojero un reloj. “Una vez hecho lo habría abandonado a él mismo”.

 

7. Materialismo: “No aceptan ningún origen trascendente del mundo, sino que ven en él el puro juego de una materia que ha existido siempre”.

 

La fe cristiana afirma que “la existencia de Dios Creador puede ser conocida con certeza por sus obras gracias a la luz de la razón humana, aunque este conocimiento es con frecuencia oscurecido y desfigurado por el error.

 

La verdad sobre la Creación es tan importante que Dios mismo quiso revelarla dándola a conocer progresivamente al pueblo de Israel. Yahwéh “se revela como aquel a quien pertenecen todos los pueblos de la tierra y la tierra entera, como el único Dios que <<hizo cielo y tierra>> (Sal 115,15; 124,8; 134,3)”.

 

La creación es revelada como el primer paso hacia la Alianza, “como el primero y universal testimonio del amor todopoderoso de Dios”.

 

“La verdad de la creación se expresa con un vigor creciente en el mensaje de los profetas, en la oración de los salmos y de la liturgia, en la reflexión de la sabiduría del pueblo elegido”.

 

“Entre todas las palabras de la Sagrada Escritura sobre la creación, los tres primeros capítulos del Génesis ocupan un lugar único”. Estos capítulos expresan “en su lenguaje solemne, las verdades de la creación, de su origen y de su fin en Dios, de su orden y de su bondad, de la vocación del hombre, finalmente, del drama del pecado y de la esperanza de la salvación. Leídas a la luz de Cristo, en la unidad de la Sagrada Escritura y en la Tradición viva de la Iglesia, estas palabras siguen siendo la fuente principal para la catequesis de los misterios del <<comienzo>>: creación, caída, promesa de salvación”.

 

 

La creación: obra de la Santísima Trinidad:

 

1. “En el principio, Dios creó el cielo y la tierra” (Gn 1, 1)

“Crear” en hebreo “bara” tiene siempre por sujeto a Dios. “La totalidad de lo que existe (expresada en la fórmula <<el cielo y la tierra>>) depende de Aquel que le da el ser”.

 

2. “En el principio existía el Verbo (...) y el Verbo era Dios (...) Todo fue hecho por él y sin él nada ha sido hecho” (Jn 1, 1-3). “Dios creó todo por el Verbo Eterno, su Hijo amado”.

 

3. “La fe de la Iglesia afirma también la acción creadora del Espíritu Santo: él es el <<dador de vida>>, <<el Espíritu Creador>>, la <<Fuente de todo bien>>.

 

Sólo existe un Dios que “ha hecho todas las cosas por sí mismo, es decir, por su Verbo y su Sabiduría, por el Hijo y por el Espíritu, que son como <<su manos>>. La creación es la obra común de la Santísima Trinidad”.

 

 

El mundo ha sido creado para la gloria de Dios:

 

Explica San Buenaventura que Dios ha creado todas las cosas “<<no para aumentar su gloria, sino para manifestarla y comunicarla>>. Porque Dios no tiene otra razón para crear que su amor y su bondad”. El Concilio Vaticano I añade que libérrimamente creó el mundo.

 

“La gloria de Dios consiste en que se realice esta manifestación y esta comunicación de su bondad para las cuales el mundo ha sido creado”.

 

“La gloria de Dios es que el hombre viva y la vida del hombre es la visión de Dios” (San Ireneo de Lyon)

 

 

El misterio de la creación:

 

1. Dios crea por sabiduría y por amor: El mundo “procede de la voluntad libre de Dios que ha querido hacer participar a las criaturas de su ser, de su sabiduría y de su bondad: <<Porque tú has creado todas las cosas; por tu voluntad lo que no existía fue creado>> (Ap 4, 11).”

 

2. Dios crea “de la nada”. “Creemos que Dios no necesita nada preexistente ni ninguna ayuda para crear”. El hombre fabrica, Dios crea.

Así anima la madre a su hijo ante el martirio en 2 Macabeos 7, 22-23.28: “Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que también el género humano ha llegado así a la existencia”.

“Puesto que Dios puede crear de la nada, puede por el Espíritu Santo dar la vida del alma a los pecadores creando en ellos un corazón puro y la vida del cuerpo a los difuntos mediante la Resurrección (...). Y puesto que, por su Palabra, pudo hacer resplandecer la luz en las tinieblas, puede también dar la luz de la fe a los que lo ignoran”.

 

3. Dios crea un mundo ordenado y bueno.

En el mundo hay un orden. “La creación está destinada, dirigida al hombre, imagen de Dios”. Con la luz del entendimiento que es un chipazo el entendimiento divino, el hombre “puede entender lo que Dios nos dice por su creación”.

La creación participa de la bondad divina. El mundo es bueno porque ha salido bueno de las manos de Dios.

“Y vio Dios que era bueno (...) muy bueno” (Gn 1, 4.10.12.18.21.31).

 

4. Dios trasciende la creación y está presente en ella.

Dios está por encima de todo, “su majestad es más alta que los cielos” (Sal 8, 2) y a la vez está presente en lo más íntimo de sus criaturas, “en Él vivimos nos movemos y existimos” (Hch 17, 28), “Dios está por encima de lo más alto que hay en mí y está en lo más hondo de mi intimidad” (San Agustín)

5. Dios mantiene y conduce la creación.

Una vez realizada la creación, Dios no abandona a la criatura. “No sólo le da el ser y el existir, sino que la mantiene a cada instante en el ser, le da el obrar y la lleva a su término.

Reconocer esta dependencia completa con respecto al Creador es fuente de sabiduría y de libertad, de gozo y de confianza”.

 

 

Dios realiza su designio: la divina providencia:

 

“La creación tiene su bondad y su perfección propias, pero no salió plenamente acabada de las manos del Creador. Fue creada <<en estado de vía>> (in statu viae) hacia una perfección última todavía por alcanzar, a la que Dios la destinó. Llamamos divina providencia a las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia esta perfección”.

 

“La solicitud de la divina providencia es concreta e inmediata; tiene cuidado de todo, de las cosas más pequeñas hasta los grandes acontecimientos del mundo y de la historia”.

 

“Nuestro Dios en los cielos y en la tierra, todo cuanto le place lo realiza” (Sal 115, 3).

 

“No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber? (...) Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo esto. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura” (Mt 6, 31-33).

 

1. La Providencia y las causas segundas: Dios es soberano de su designio, pero cuenta con la actuación de las criaturas por sí mismas para su realización.

El hombre participa de la providencia divina desde que le confió la responsabilidad de someter la tierra y dominarla.

“Dios da así a los hombres el ser causas inteligentes y libres para completar la obra de la Creación, para perfeccionar su armonía para su bien y el de sus prójimos”. Esta colaboración en la creación la realiza el hombre no sólo con sus acciones y sus oraciones sino también con sus sufrimientos.

 

-         “Es una verdad de fe inseparable de la fe en Dios Creador: Dios actúa en las obras de sus criaturas. Es la causa que opera en y por las causas segundas: <<Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece>> (Flp 2, 13). Esta verdad, lejos de disminuir la dignidad de la criatura, la realza. Sacada de la nada por el poder, la sabiduría y la bondad de Dios, no puede nada si está separada de su origen, porque <<sin el Creador la criatura se diluye>>; menos aún puede ella alcanzar su fin último sin la ayuda de la gracia”.

 

2. La providencia y el escándalo del mal:

“Si Dios Padre todopoderoso, Creador del mundo ordenado y bueno, tiene cuidado de todas sus criaturas, ¿por qué existe el mal?” La respuesta no puede ser simple. “El conjunto de la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta: la bondad de la creación, el drama del pecado, el amor paciente de Dios que sale al encuentro del hombre con sus Alianzas, con la Encarnación redentora de su Hijo, con el don del Espíritu, con la congregación de la Iglesia, con la fuerza de los sacramentos, con la llamada a una vida bienaventurada que las criaturas son invitadas a aceptar libremente, pero a la cual, también libremente, por un misterio terrible, pueden negarse o rechazar. No hay un rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal”.

 

Dios ha creado un mundo bueno pero “en estado de vía”, en continuo cambio y devenir. Mientras no haya alcanzado su perfección, con el bien físico existirá en la creación el mal físico.

 

Los ángeles y los hombres, libremente se desviaron de su fin último y pecaron, de esta forma entró en el mundo el mal moral “incomparablemente más grave que el mal físico. Dios no es de ninguna manera, ni directa ni indirectamente, la causa del mal moral. Sin embargo, lo permite, respetando la libertad de su criatura, y, misteriosamente, sabe sacar de él el bien”. Del mayor mal cometido por el hombre, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por nuestros pecados, “Dios, por la sobreabundancia de su gracia, sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención. Sin embargo, no por esto el mal se convierte en un bien”.

 

 

 

-         “En todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman” (Rm 8, 28). “Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor “ (Sto. Tomás Moro a su hija poco antes de su martirio).

“Tú misma verás que todas las cosas serán para bien” (Juliana de Norwich)

 

Sólo cuando veamos a Dios “cara a cara” seremos capaces, de conocer los caminos por los que ha conducido su creación al Sabbat definitivo en medio de tanta tribulación.


 

RESUMEN:

 

1. En la creación del mundo y del hombre Dios muestra su amor todopoderoso su sabiduría y su “designio benevolente que encuentra su fin en la nueva creación en Cristo”.

 

2. “Aunque la obra de la creación se atribuya particularmente al Padre, es igualmente verdad de  fe que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son el principio único e indivisible de la creación”.

 

3. “Sólo Dios ha creado el universo, libremente, sin ninguna ayuda”.

 

4. Ninguna criatura puede crear, es decir, “llamar a la existencia de la nada”.

 

5. “Dios creó el mundo para manifestar y comunicar su gloria. La gloria para la que Dios creó a sus criaturas consiste en que tengan parte en su verdad, su bondad y su belleza”.

 

6. “Dios que ha creado el universo, lo mantiene en la existencia por su Verbo, <<el Hijo que sostiene todo con su palabra poderosa>> (Hb 1, 3) y por su Espíritu Creador que da la vida”.

 

7. “La divina providencia consiste en las disposiciones por las que Dios conduce con sabiduría y amor todas las criaturas hasta su fin último”.

 

8. “Cristo nos invita al abandono filial en la providencia de nuestro Padre celestial y el apóstol San Pedro insiste: <<Confiadle todas vuestras preocupaciones pues él cuida de vosotros>> (1 P 5, 7).

 

9. “La providencia divina actúa también por la acción de las criaturas. A los seres humanos Dios le concede cooperar libremente en sus designios”.

 

10. “La permisión del mal físico y del mal moral es misterio que Dios esclarece por su Hijo, Jesucristo, muerto y resucitado para vencer el mal. La fe nos da la certeza de que Dios no permitiría el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo, por caminos que nosotros sólo conoceremos plenamente en la vida eterna.

 

 

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