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TEMA 40º

 

 

LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

 (N. 1499-1525. Resúmenes 1526-1532)

 

“Con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros, toda la Iglesia encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve. Incluso los anima a unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo; y contribuir, así, al bien del Pueblo de Dios “ (Conc. Vaticano II Lumen gentium n. 11)

 

1.     Fundamento de este sacramento en la Economía de la salvación.

2.     Quién recibe y quién administra este sacramento.

3.     La celebración del sacramento.

4.     Efectos de la celebración de este sacramento.

5.     El viático, último sacramento del cristiano.

 

 

Fundamento de este sacramento en la Economía de la salvación:

 

1. La enfermedad en la vida humana: “La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan a la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte”.

La enfermedad puede conducirnos a la angustia o a la rebeldía frente a Dios pero también puede “hacer a la persona más madura”, ayudarle a discernir en la vida lo que es esencial de lo que es pasajero como flor del campo. “Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él”.

 

2. El enfermo ante Dios: “El hombre del Antiguo Testamento vive la enfermedad de cara a Dios”, se lamenta ante el Señor y le pide la curación. “La enfermedad se convierte en camino de conversión y el perdón de Dios inaugura la curación”. Israel vincula la enfermedad al pecado y al mal.

“El profeta entrevé que el sufrimiento puede tener también un sentido redentor por los pecados de los demás. Finalmente, Isaías anuncia que Dios hará venir un tiempo para Sión en que perdonará toda falta y curará toda enfermedad”.

3. Cristo, médico: “La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones de dolientes de toda clase son un signo maravilloso de que <<Dios ha visitado a su pueblo>> y de que el Reino de Dios está muy cerca. Jesús no tiene solamente poder para curar, sino también para perdonar los pecados: vino a curar al hombre entero, alma y cuerpo”.

Además Cristo se identifica con los que sufren y muestra su amor de predilección por ellos. Por eso la Iglesia ha desarrollado “infatigables esfuerzos por aliviar a los que sufren”.

Jesús pide la fe de los enfermos y para su curación usa elementos materiales (saliva, barro, imposición de manos, ablución). “Los enfermos tratan de tocarlo, <<pues salía de él una fuerza que los curaba a todos>> (Lc 6, 19). Así, en los sacramentos, Cristo continúa <<tocándonos>> para sanarnos”. Jesús tomó sobre sí toda enfermedad y todo dolor. “No curó a todos los enfermos. Sus curaciones eran signo de la venida del Reino de Dios. Anunciaban una curación más radical: la victoria sobre el pecado y la muerte por su Pascua”.

“Por su pasión y su muerte en la Cruz. Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con El y nos une a su pasión redentora”.

 

4. “Sanad a los enfermos...”: Jesús hace participar a sus discípulos de su ministerio de curación:  “Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban” (Mc 6, 12-13).

El Señor resucitado confirma este envío: “En mi nombre (...) impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien” (Mc 16, 17-18).

“El Espíritu Santo da a algunos un carisma especial de curación”. “Sin embargo, ni siquiera las oraciones más fervorosas obtienen la curación de todas las enfermedades”.

“¡Sanad a los enfermos!” (Mt 10, 8). “La Iglesia ha recibido esta tarea del Señor e intenta realizarla tanto mediante los cuidados que proporciona a los enfermos, como por la oración de intercesión con la que los acompaña”.

“La Iglesia apostólica tuvo un rito propio a favor de los enfermos, atestiguado por Santiago: <<¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con el óleo en el nombre del Señor.

 

 

 

Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados>> (St 5, 14-15). La Tradición ha reconocido en este rito uno de los siete sacramentos de la Iglesia”.

 

5. Un sacramento de los enfermos: “La Iglesia cree y confiesa que, entre los siete sacramentos, existe un sacramento especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad: la Unción de los enfermos”.

“El sacramento de la Unción de los enfermos se administra a los gravemente enfermos ungiéndolos en la frente y en las manos con aceite de oliva debidamente bendecido o, según las circunstancias, con otro aceite de plantas, y pronunciando una sola vez estas palabras: <<Por esta Santa Unción, y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad>>”.

 

 

Quién recibe y quién administra este sacramento:

 

1. En caso de grave enfermedad...: La Unción de los enfermos “no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez” (Conc. Vaticano II Sacrosanctum Concilium, 73).

El sacramento de la Unción de enfermos se puede reiterar si al recobrar la salud se tiene otra enfermedad o si la enfermedad se agrava. “Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan”.

 

2. “... llame a los presbíteros de la Iglesia”: “Sólo los sacerdotes (obispos y presbíteros) son ministros de la Unción de los enfermos”. “Los fieles deben animar a los enfermos a llamar al sacerdote para recibir este sacramento”.

 

 

 

 

 

La celebración del sacramento:

 

“Como en todos los sacramentos, la Unción de los enfermos se celebra de forma litúrgica y comunitaria, que tiene lugar en familia, en el hospital o en la iglesia, para un solo enfermo o para un grupo de enfermos”.

Debería ir precedida por el sacramento de la Penitencia y seguida del sacramento de la Eucaristía.

“En cuanto sacramento de la Pascua de Cristo, la Eucaristía, debería ser siempre el último sacramento de la peregrinación terrenal, el <<viático>> para el <<paso>> a la vida eterna”.

“Palabra y sacramento forman un todo inseparable. La Liturgia de la Palabra, precedida de un acto de penitencia, abre la celebración”.

 

La celebración de este sacramento comprende:

a)     La epíclesis: los presbíteros imponen en silencio las manos sobre los enfermos mientras oran por ellos.

b)    “Luego ungen al enfermo con óleo bendecido, si es posible, por el obispo”.

 

 

Efectos de la celebración de este sacramento:

 

  Un don particular del Espíritu Santo: “La gracia primera de este sacramento es una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno”. Este don conduce a la curación del alma (se le perdonan los pecados) y si conviene a la salvación también conduce a la curación del cuerpo.

 

●  La unión a la Pasión de Cristo: Por la gracia de este sacramento, el enfermo se une a la Pasión de Cristo más íntimamente participando con su sufrimiento en la obra salvífica de Jesús.

 

●  Una gracia eclesial: Al celebrar este sacramento la Iglesia “intercede por el bien del enfermo”. “Y el enfermo, a su vez, por la gracia de este sacramento, contribuye a la santificación de la Iglesia y al bien de todos”.

 

 

 

●  Una preparación para el último tránsito: Con mayor razón este sacramento es concedido “a los que están a punto de salir de esta vida, de manera que se le ha llamado también sacramentun exeuntium (sacramento de los que parten). “Esta última unción ofrece al término de nuestra vida terrena un escudo para defenderse en los últimos combates y entrar en la Casa del Padre”.

 

 

El viático, último sacramento del cristiano:

 

“A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece, además de la Unción de los enfermos, la Eucaristía como viático”. La Eucaristía “es semilla de vida eterna y poder de resurrección, según las palabras del Señor: <<El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día>> (Jn 6, 54). Puesto que es sacramento de Cristo muerto y resucitado, la Eucaristía es aquí sacramento del paso de la muerte a la vida, de este mundo al Padre”.

 

“Así, como los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía constituyen una unidad llamada <<los sacramentos de la iniciación cristiana>>, se puede decir que la Penitencia, la Santa Unción y la Eucaristía, en cuanto viático, constituyen, cuando la vida cristiana toca a su fin, <<los sacramentos que preparan para entrar en la Patria>> o los sacramentos que cierran la peregrinación”.


 

RESUMEN:

 

1. “¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados” (St 5, 14-15).

 

2. “El sacramento de la Unción de los enfermos tiene por fin conferir una gracia especial al cristiano que experimenta las dificultades inherentes al estado de enfermedad grave o de vejez”.

 

3. “El tiempo oportuno para recibir la Santa Unción llega ciertamente cuando el fiel comienza a encontrarse en peligro de muerte por causa de enfermedad o de vejez”.

 

4. “Cada vez que un cristiano cae gravemente enfermo puede recibir la Santa Unción, y también cuando, después de haberla recibido, la enfermedad se agrava”.

 

5. “Sólo los sacerdotes (presbíteros y obispos) pueden administrar el sacramento de la Unción de los enfermos; para conferirlo emplean óleo bendecido por el obispo, o, en caso necesario, por el mismo presbítero que celebra”.

 

6. “Lo esencial de la celebración de este sacramento consiste en la unción en la frente y en las manos del enfermo (en el rito romano) o en otras partes del cuerpo (en Oriente), unción acompañada de la oración litúrgica del sacerdote celebrante que pide la gracia especial de este sacramento”.

 

7. La gracia especial del sacramento de la Unción de los enfermos tiene como efectos:

- La unión del enfermo a la Pasión de Cristo.

- El consuelo, la paz y el ánimo para soportar el sufrimiento.

- El perdón de los pecados.

- El restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud espiritual.

- La preparación para el paso a la vida eterna.

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