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 TEMA 43º

 

 

JUSTICIA SOCIAL

 (N. 1928-1942. Resúmenes 1943-1948)

 

 

“La sociedad asegura la justicia social cuando realiza las condiciones que permiten a las asociaciones y a cada uno conseguir lo que le es debido según su naturaleza y su vocación. La justicia social está ligada al bien común y al ejercicio de la autoridad”.

 

1. El respeto de la persona humana.

2. Igualdad y diferencias entre los hombres.

3. La solidaridad humana.

 

 

El respeto de la persona humana:

 

“La justicia social sólo puede ser conseguida sobre la base del respeto de la dignidad trascendente del hombre. La persona representa el fin último de la sociedad, que está ordenada al hombre”.

 

“El respeto de la persona humana implica el de los derechos que se derivan de su dignidad de criatura. Estos derechos son anteriores a la sociedad y se imponen a ellas”.

 

Una autoridad que no reconociese estos derechos quedaría deslegitimada y sólo por la fuerza y la violencia conseguiría la “obediencia” de sus súbditos.

 

“Corresponde a la Iglesia recordar estos derechos a los hombres de buena voluntad y distinguirlos de reivindicaciones abusivas o falsas”.

 

El respeto a la persona humana exige que cada uno vea en el otro “otro yo”. “Ninguna legislación podría por sí misma hacer desaparecer los temores, los prejuicios, las actitudes de soberbia y de egoísmo que obstaculizan el establecimiento de sociedades verdaderamente fraternas. Estos comportamientos sólo cesan con la caridad que ve en cada hombre un <<prójimo>>, un hermano”.

 

El servicio al prójimo más necesitado se hace más acuciante: “Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40).

 

Este deber se extiende a los que no piensan igual e incluso a los enemigos. No por ser enemigos o por hacer el mal deja nadie de ser “persona”.

 

 

Igualdad y diferencias entre los hombres:

 

“Creados a imagen del Dios único y dotados de una misma alma racional, todos los hombres poseen una misma naturaleza y un mismo origen. Rescatados por el sacrificio de Cristo, todos son llamados a participar en la misma bienaventuranza divina: todos gozan por tanto de una misma dignidad”.

 

“Hay que eliminar, como contraria al plan de Dios, toda (…) forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión” (Conc. Vat. II Gaudium et spes, 29).

 

“Al venir al mundo, el hombre no dispone de todo lo necesario para el desarrollo de su vida corporal y espiritual. Necesita de los demás”.

Entre los hombres existen diferencias: de edad, de capacidades físicas, intelectuales y morales.

 

“Estas diferencias pertenecen al plan de Dios, que quiere que cada uno reciba de otro aquello que necesita, y que quienes disponen de <<talentos>> particulares comuniquen sus beneficios a los que los necesiten. Las diferencias alientan y con frecuencia obligan a las personas a la magnanimidad, a la benevolencia y a la comunicación. Incitan a las culturas a enriquecerse unas a otras”.

 

Existen por otra parte desigualdades escandalosas que claman al cielo: “La igual dignidad de las personas exige que se llegue a una situación de vida más humana y más justa. Pues las excesivas desigualdades económicas y sociales entre los miembros o los pueblos de una única familia humana resultan escandalosas y se oponen a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana y también a la paz social e internacional”. (Conc. Vat. II Gaudium et spes, 29).

 

 

La solidaridad humana:

 

“El principio humano de solidaridad, expresado también con el nombre de <<amistad>> o <<caridad social>>, es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana”.

 

La solidaridad exige:

-         Una recta distribución de bienes.

-         Una justa remuneración del trabajo.

-         Un esfuerzo en favor de un orden social más justo.

-         Un esfuerzo por resolver los conflictos y tensiones de forma negociada.

 

La solidaridad entre pobres y ricos, empresarios y empleados, entre los trabajadores, entre las naciones es la única forma de mantener la paz y el progreso social.

 

“La virtud de la solidaridad va más allá de los bienes materiales. Difundiendo los bienes espirituales de la fe, la Iglesia ha favorecido a la vez el desarrollo de los bienes temporales, al cual con frecuencia ha abierto vías nuevas. Así se han verificado a lo largo de los siglos las palabras del Señor: <<Buscad primero su Reino su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura>> (Mt 6, 33)”.


 

RESUMEN:

 

1. “La sociedad asegura la justicia social procurando las condiciones que permitan a las asociaciones y a los individuos obtener lo que le es debido”.

 

2. “El respeto de la persona humana considera al prójimo como <<otro yo>>”, e implica respeto a sus derechos fundamentales.

 

3. “La igualdad entre los hombres se vincula a la dignidad de la persona y a los derechos que de ésta derivan”.

 

4. “Las diferencias entre las personas obedecen al plan de Dios que quiere que nos necesitemos los unos a los otros. Esas diferencias deben alentar la caridad”.

 

5. “La igual dignidad de las personas humanas exige el esfuerzo para reducir las excesivas desigualdades sociales y económicas. Impulsa a la desaparición de las desigualdades inicuas”.

 

6. “La solidaridad es una virtud eminentemente cristiana. Es ejercicio de comunicación de los bienes espirituales aún más que comunicación de bienes materiales”.

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