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TEMA 45º

 

 

EL COMBATE DE LA ORACIÓN

 (N. 2725-2751. Resúmenes 2752-2758)

 

 

“La oración es un don de la gracia y una respuesta decidida por nuestra parte. Supone siempre esfuerzo. Los grandes orantes de la Antigua Alianza antes de Cristo, así como la Madre de Dios y los santos con Él nos enseñan que la oración es un combate”. Contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador. “El <<combate espiritual>> de la vida del cristiano es inseparable del combate de la oración”.

 

1. Obstáculos para la oración.

2. La humilde vigilancia del corazón.

3. La confianza filial.

4. Perseverar en el amor.

5. La oración de la Hora de Jesús.

 

 

Obstáculos para la oración:

 

1.     Los conceptos erróneos sobre la oración: “Unos ven en ella una simple operación psicológica, otros un esfuerzo de concentración para llegar a un vacío mental. Otros la reducen a actitudes y palabras rituales. En el inconsciente de muchos cristianos, orar es una ocupación incompatible con todo lo que tienen que hacer: no tienen tiempo. Hay quienes buscan a Dios por medio de la oración, pero se desalientan pronto porque ignoran que la oración viene también del Espíritu Santo y no solamente de ellos”.

 

2.     Las mentalidades de “este mundo”: Sólo vale lo verificable por la razón y por la ciencia, y lo que produce y da rendimiento. La oración es vista como huída del mundo (“pero la oración cristiana no puede escaparse de la historia ni divorciarse de la vida”). La oración no produce confort ni placer, sería una pérdida de un tiempo preciso que se podría dedicar a otras actividades.

3.     Los fracasos en la oración: “desaliento ante la sequedad, tristeza de no entregarnos totalmente al Señor, porque tenemos <<muchos bienes>>; decepción por no ser escuchados según nuestra propia voluntad; herida de nuestro orgullo que se endurece en nuestra indignidad de pecadores, difícil aceptación de la gratuidad de la oración, etc.”.

 

 

La humilde vigilancia del corazón:

 

1. Frente a las dificultades de la oración:

a) “La dificultad habitual de la oración es la distracción”. “Perseguir las distracciones es caer en sus redes; basta con volver a nuestro corazón: la distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado”. Hay que estar vigilante en la oración.

 

b) Otra dificultad es la sequedad, que ocurre cuando en la oración no hay gusto por nada ni consuelo. “Es el momento en que la fe es más pura, la fe se mantiene firme junto a Jesús en su agonía y en el sepulcro”.

 

2. Frente a las tentaciones en la oración:

a) La falta de fe: que se manifiesta en nuestras preferencias de hecho. “Cuando se empieza a orar, se presentan como prioritarios mil trabajos y cuidados que se consideran más urgentes” y prioritarios. Hay que volver a interiorizar las palabras del Señor: “Sin mí, no podéis hacer nada” (Jn 15, 5).

 

b) La acedía: es “una forma de aspereza o de desabrimiento debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón”. La humildad lleva a ser constantes y a ganar en confianza.

 

La confianza filial:

 

“La confianza filial se prueba en la tribulación (…). Hay quien deja de orar porque piensa que su oración no es escuchada”.

 

♦ Queja por la oración no escuchada: “Cuando alabamos a Dios o le damos gracias por sus beneficios en general, no estamos preocupados por saber si esta oración le es agradable. Por el contrario, cuando pedimos, exigimos ver el resultado. ¿Cuál es entonces la imagen de Dios presente en este modo de orar: Dios como medio o Dios como el Padre de Nuestro Señor Jesucristo?”.

 

San Pablo nos recuerda que “nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm 8, 26) y Jesús quiere que pidamos pero con el convencimiento de que “Nuestro Padre sabe bien lo que nos hace falta antes de que nosotros se lo pidamos” (cf Mt 6, 8).

 

“No tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en nuestras pasiones”. (St 4, 2-3).

 

Él quiere”que nuestro deseo sea probado en la oración. Así nos dispone para recibir lo que él está dispuesto a darnos” (San Agustín).

 

♦ Para que nuestra oración sea eficaz: confianza en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

“La oración de Jesús hace de la oración cristiana una petición eficaz. Él es su modelo. Él ora en nosotros y con nosotros. Puesto que el corazón del Hijo no busca más que lo que agrada al Padre”.

Jesús ora en nuestro lugar y a favor nuestro. “Si nuestra oración está resueltamente unida a la de Jesús, en la confianza y en la audacia filial, obtenemos todo lo que pidamos en su Nombre, y aún más de lo que pedimos: recibimos al Espíritu Santo, que contiene todos los dones”.

 

Perseverar en el amor:

 

El amor nos abre a tres evidencias de fe luminosas y vivificantes:

 

1. Orar es siempre posible: “El tiempo del cristiano es el de Cristo resucitado, que está con nosotros <<todos los días>> (Mt 28, 20), cualesquiera que sean las tempestades”.

“Conviene que el hombre ore atentamente, bien estando en la plaza o mientras da un paseo: igualmente el que está sentado ante su mesa de trabajo o el que dedica su tiempo a otras labores, que levante su alma a Dios: Conviene también que el siervo alborotador o que anda yendo de un lado para otro, o el que se encuentra sirviendo en la cocina (…), intenten elevar la súplica desde lo más hondo de su corazón” (San Juan Crisóstomo).

 

2. Orar es una necesidad vital: “¿Cómo puede el Espíritu Santo ser <<vida nuestra>>, si nuestro corazón está lejos de Él?”

“Nada vale como la oración: hace posible lo que es imposible, fácil lo que es difícil (…). Es imposible (…) que el hombre (…) que ora (…) pueda pecar” (San Juan Crisóstomo).

“Quien ora se salva ciertamente, quien no ora se condena ciertamente” (San Alfonso María de Liborio).

 

3. Oración y vida cristiana son inseparables: “porque se trata del mismo amor y de la misma renuncia que procede del amor”.

“Ora continuamente el que une la oración a las obras y las obras a la oración. Sólo así podemos cumplir el mandato: <<orad constantemente>> (1 Ts 5, 17)” (Orígenes).

 

 

La oración de la Hora de Jesús:

 

“Cuando ha llegado su hora, Jesús ora al Padre (cf. Jn 17). Su oración , la más larga transmitida por el Evangelio, abarca toda la Economía de la creación y de la salvación, así como su Muerte y su Resurrección”, la tradición cristiana la llama la oración <<sacerdotal>> de Jesús.

 

Jesús pide por la unidad de sus discípulos. Su oración está unida a su sacrificio. “Nuestro Sumo Sacerdote que ruega por nosotros es también el que ora en nosotros y el Dios que nos escucha”.

“La oración sacerdotal de Jesús inspira, desde dentro, las grandes peticiones del Padre Nuestro: la preocupación por el Nombre del Padre, el deseo de su Reino (gloria), el cumplimiento de la voluntad del Padre, de su designio de salvación y la liberación del mal”.

 

“En esta oración Jesús nos revela y nos da el <<conocimiento>> indisociable del Padre y del Hijo que es el misterio mismo de la vida de oración”.


 

RESUMEN:

 

1. “La oración supone un esfuerzo y una lucha contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador. El combate de la oración es inseparable el <<combate espiritual>> necesario para actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo: Se ora como se vive porque se vive como se ora”.

 

2. Los obstáculos a la oración son las concepciones erróneas, la mentalidad materialista y la experiencia de nuestros fracasos. Se superan con humildad, confianza y perseverancia.

 

3. Las dificultades de la oración son la distracción y la sequedad. “El remedio está en la fe, la conversión y la vigilancia del corazón”.

 

4. Las tentaciones en la oración: La falta de fe y la acedía o cansancio espiritual (pereza, relajamiento que lleva al desaliento).

 

5. “La confianza filial se pone a prueba cuando tenemos el sentimiento de no ser siempre escuchados. El Evangelio nos invita a conformar nuestra oración al deseo del Espíritu”.

 

6. “<<Orad continuamente>> (1 Ts 5, 17). Orar es siempre posible. Es incluso una necesidad vital. Oración y vida cristiana son inseparables”.

 

7. “La oración de la Hora de Jesús (cf. Jn 17), llamada <<oración sacerdotal>>, recapitula toda la Economía de la creación y de la salvación. Inspira las grandes peticiones del <<Padre Nuestro>>”.

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