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TEMA 5º

 

CREO EN EL ESPÍRITU SANTO

LA MISIÓN CONJUNTA DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO

(N. 683-690. Resúmenes 742-743)

 

"Nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!» sino por influjo del Espíritu Santo" (1 Co 12,3). "Para entrar en contacto con Cristo, es necesario primeramente haber sido atraído por el Espíritu Santo. El es quien nos precede y despierta en nosotros la fe". Cristo, a su vez, nos lleva al Padre.

 

"El Espíritu Santo con su gracia es el «primero» que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva que es: «que te conozcan a ti Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo». No obstante, es el «último» en la revelación de las personas de la Santísima Trinidad".

 

"El Espíritu Santo es una de las Personas de la Santísima Trinidad, consubstancial al Padre y al Hijo, «que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria». El Espíritu Santo no se revela a sí mismo, "nos revela al Verbo y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos «desvela» a Cristo «no habla de sí mismo»".

 

En la Iglesia conocemos al Espíritu Santo:

- en las Escrituras que El ha inspirado;

- en la Tradición (Padres de la Iglesia);

- en la Magisterio de la Iglesia, al que Él asiste;

- en la liturgia sacramental en la que nos pone en comunión con

Cristo;

- en la oración;

- en los carismas y ministerios para edificación de la Iglesia;

- en los signos de vida apostólica y misionera;

- en el testimonio de los santos.

 

"Al adorar a la Santísima Trinidad vivificante, consubstancial e indivisible, la fe de la Iglesia profesa también la distinción de las Personas. Cuando el Padre envía su Verbo, envía también su Aliento: misión conjunta en la que el Hijo y el Espíritu Santo son distintos pero inseparables" .

 

Cristo glorificado, puede de junto al Padre enviar el Espíritu a los que creen en él: "Él les comunica su Gloria, es decir, el Espíritu Santo que glorifica".

RESUMEN:

 

1. "La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: Abbá, Padre" (Ga 4,6)

 

2. Cuando Dios envía a su Hijo, envía siempre a su Espíritu: la misión de ambos es conjunta e inseparable.

 

 

 

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