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TEMA 50º

 

 

JESÚS MURIÓ CRUCIFICADO

 (N. 595-618. Resúmenes 619-623)

 

 

1.    El proceso de Jesús

2.    La muerte redentora de Cristo en el designio divino de salvación.

3.    Cristo se ofreció a su Padre por nuestros pecados.

 

 

 

El proceso de Jesús:

 

1. Divisiones de las autoridades judías respecto a Jesús:

“Entre las autoridades religiosas de Jerusalén, no solamente el fariseo Nicodemo o el notable José de Arimatea eran en secreto discípulos de Jesús, sino que durante mucho tiempo hubo disensiones a propósito de Él hasta el punto de que en la misma víspera de su pasión, San Juan pudo decir de ellos que <<un buen número creyó en él>>, aunque de una manera imperfecta (Jn 12, 42)”.

Al día siguiente de Pentecostés “multitud de sacerdotes iban aceptando la fe” (Hch 6, 7) y “algunos de la secta de los fariseos… habían abrazado la fe” (Hch 15, 5).

Y Santiago le dice a Pablo que “miles y miles de judíos han abrazado la fe, y todos son celosos partidarios de la Ley” (Hch 21, 20).

Los fariseos habían amenazado con excomunión a los que siguieran a Jesús. “A los que temían que <<todos creerían en él; y vendrían los romanos y destruirían nuestro Lugar Santo y nuestra nación>> (Jn 11, 48), el Sumo Sacerdote Caifás les propuso profetizando: <<Es mejor que muera uno solo por el pueblo y no que perezca toda la nación>> (Jn 11, 50)”.

El Sanedrín declaró a Jesús reo de muerte y lo entregó a los romanos bajo la acusación de revuelta política. “Son también las amenazas políticas las que los sumos sacerdotes ejercen sobre Pilato para que éste condene a muerte a Jesús”.

 

2. Los judíos no son responsables colectivamente de la muerte de Jesús:

“No se puede atribuir la responsabilidad del proceso al conjunto de los judíos de Jerusalén, a pesar de los gritos de una muchedumbre manipulada y de las acusaciones colectivas contenidas en las exhortaciones a la conversión después de Pentecostés”.

Jesús desde la cruz perdonó y atribuye su actitud a “ignorancia”.

“Menos todavía se podría ampliar esta responsabilidad a los representantes judíos en el tiempo y en el espacio, apoyándose en el grito del pueblo: <<¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!>> (Mt 27, 25), que equivale a una fórmula de ratificación”.

“Lo que se perpetró en su pasión no puede ser imputado indistintamente a todos los judíos que vivían entonces ni a los judíos de hoy (…) No se ha de señalar a los judíos como reprobados por Dios y malditos como si tal cosa se dedujera de la Sagrada Escritura” (Conc. Vat. II Nostra aetate, 4).

 

3. Todos los pecadores fueron los autores de la Pasión de Cristo:

“Los pecadores mismos fueron los autores y como los instrumentos de todas las penas que soportó el divino Redentor. Teniendo en cuenta que nuestros pecados alcanzan a Cristo mismo, la Iglesia no duda en imputar a los cristianos la responsabilidad más grave en el suplicio de Jesús”.

Nuestros pecados y malas acciones son los que han hecho sufrir a Jesucristo. Nuestras ofensas lo siguen crucificando.

“Y los demonios no son los que le han crucificado; eres tú quien con ellos lo has crucificado y lo sigues crucificando todavía, deleitándote en los vicios y en los pecados”. (San Francisco de Asís)

 

 

La muerte redentora de Cristo en el designio divino de salvación:

 

♦ “Jesús entregado según el preciso designio de Dios”: “La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias”.Como dice San Pedro: “Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios” (Hch 2, 23).  “Este lenguaje bíblico no significa que los que han <<entregado a Jesús>> fueron solamente ejecutores pasivos de un drama escrito de antemano por Dios”.

<<Sí, verdaderamente, se han reunido en esta ciudad contra tu santo siervo Jesús, que tú has ungido, Herodes y Poncio Pilato con las naciones gentiles y los pueblos de Israel, de tal suerte que ellos han cumplido todo lo que, en tu poder y tu sabiduría, habías predestinado>> (Hcg 4, 27-28). Dios ha permitido los actos nacidos de su ceguera para realizar su designio de salvación”.

♦ “Muerto por nuestros pecados según las Escrituras”: La muerte del Siervo (el Justo) había sido anunciada en las Sagradas Escrituras como misterio de redención universal y liberación de la esclavitud del pecado.

San Pablo afirma que “Cristo ha muerto por nuestros pecados según las Escrituras” (1 Co 15, 3). Jesús presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente del que habla Isaías. “Después de su resurrección dio esta interpretación de las Escrituras a los discípulos de Emaús, luego a los propios apóstoles”.

 

♦ “Dios le hizo pecado por nosotros”.

Habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o plata, sino con una sangre preciosa, como de cordero sin macha y sin mancilla, Cristo, predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos a causa de nosotros” (1 P, 18-20).

“Jesús no conoció la reprobación como si Él mismo hubiese pecado. Pero, en el amor redentor que le unía siempre al Padre, nos asumió desde el alejamiento con relación a Dios por nuestro pecado hasta el punto de poder decir en nuestro nombre en la cruz: <<Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?>> (Mc 15, 34). Al haberle hecho así solidario con nosotros, pecadores, <<Dios no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien lo entregó por todos nosotros>> (Rm 8, 32) para que fuéramos <<reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo>> (Rm 5, 10)”.

 

♦ Dios tiene la iniciativa del amor redentor universal: Sin mérito de nuestra parte Dios entregó a su Hijo único por nuestros pecados. “En esto consiste el amor: no en que hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4, 10). “La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros” (Rm 5, 8).

-         Después de la parábola de la oveja perdida dice Jesús: “De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños” (Mt 18, 14).

-         Jesús afirma “dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20, 28), es decir, por todos.

-         La Iglesia enseña, siguiendo a los Apóstoles, que “no hay, ni hubo, ni habrá hombre alguno por quien no haya padecido Cristo”.

 

 

Cristo se ofreció a su Padre por nuestros pecados:

 

1. Toda la vida de Cristo es oblación al Padre:

“Desde el primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el designio divino de salvación en su misión redentora”:

-         “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra” (Jn 4, 34).

-         “El Padre me ama porque doy mi vida” (Jn 10, 17).

-         “El mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado” (Jn 14, 31).

 

La Pasión redentora es la razón de ser de la Encarnación:

-         “Padre, ¡líbrame de esta hora! Pero ¡Si he llegado a esta hora para esto!” (Jn 12, 27).

-         “El cáliz que me ha dado el Padre ¿no lo voy a beber?” (Jn 18, 11).

-         “Y todavía en la cruz, antes de que <<todo esté cumplido>> (Jn 19, 30), dice: <<Tengo sed>> (Jn 19, 28)”.

 

2. “El cordero que quita el pecado del mundo”: Juan Bautista señaló a Jesús como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (cf. Jn 1, 29.36). Manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente y el cordero pascual.

 

3. Jesús acepta libremente el amor redentor del Padre: “Aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: <<Nadie me quita (la vida); yo la doy voluntariamente>> (Jn 10, 18). De aquí la soberana libertad del Hijo de Dios cuando Él mismo se encamina hacia la muerte”.

 

4. Jesús anticipó en la cena la ofrenda libre de su vida: Jesús en la cena, la víspera de su Pasión, entregó el memorial de su ofrenda al Padre: “Este es mi Cuerpo que va a ser entregado por vosotros” (Lc 22, 19). “Esta es mi sangre de la Alianza que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mt 26, 28).

 

“La Eucaristía que instituyó en este momento será el memorial de su sacrificio. Jesús incluye a los Apóstoles en su propia ofrenda y les manda perpetuarla. Así Jesús instituye a sus apóstoles sacerdotes de la Nueva Alianza”.

 

5. La agonía de Getsemaní: En Getsemaní Jesús expresa el horror que representa la muerte para su naturaleza humana: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz…” (Mt 26, 39).

“Al aceptar en su voluntad humana que se haga la voluntad del Padre, acepta su muerte como redentora para <<llevar nuestras faltas en su cuerpo sobre el madero>> (1 P 2, 24)”.

 

6. La muerte de Cristo es el sacrificio único y definitivo: “La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres por medio del <<Cordero que quita el pecado del mundo>> y el sacrificio de la Nueva Alianza que devuelve al hombre a la comunión con Dios reconciliándole con Él por la sangre derramada por muchos para remisión de los pecados”.

 

“Este sacrificio de Cristo es único, da plenitud y sobrepasa a todos los sacrificios”.

 

7. Jesús reemplaza nuestra desobediencia con su obediencia: “Como (…) por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos” (Rm 5, 19).

 

Por su obediencia hasta la muerte, Jesús llevó sobre sí el pecado de muchos, “a quienes justificará  y cuyas culpas soportará. Jesús repara por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados”.

 

8. En la Cruz, Jesús consuma su sacrificio: “El amor hasta el extremo es el que confiere su valor de redención y de reparación, de expiación y de satisfacción al sacrificio de Cristo”.

 

“Ningún hombre aunque fuese el más santo estaba en condiciones de tomar sobre sí los pecados de todos los hombres y ofrecerse en sacrificio por todos. La existencia en Cristo de la persona divina del Hijo, que al mismo tiempo sobrepasa y abraza a todas las personas humanas, y que le constituye cabeza de toda la humanidad, hace posible su sacrificio redentor por todos”.

 

Jesús clavado en la Cruz nos mereció la justificación.

 

9. Nuestra participación en el sacrificio de Cristo: “La Cruz es el único sacrificio de Cristo único mediador entre Dios y los hombres”. Pero Cristo al llamar a sus discípulos a tomar su Cruz y seguirle quiere asociarlos a su sacrificio redentor, además Él “sufrió por nosotros dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas” (cf. 1 P 2, 21). Asociada al misterio de su sufrimiento redentor de forma íntima y excelsa es su Madre.


 

RESUMEN:

 

1. “Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras” (1 Co 15, 3).

 

2. “Nuestra salvación procede de la iniciativa del amor de Dios hacia nosotros porque <<Él nos amó y nos envió a su Hijo como propiación por nuestros pecados>> (1 Jn 4, 10)”.

 

3. “Jesús se ofreció libremente por nuestra salvación. Este don lo significa y lo realiza por anticipado durante la última cena: <<Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros>> (Lc 22, 19)”.

 

4. “La redención de Cristo consiste en que Él ha venido a dar su vida en rescate por muchos, es decir, a amar a los suyos hasta el extremo para que ellos fuesen rescatados de la conducta necía heredada de sus padres”.

 

5. “Por su obediencia amorosa a su Padre, <<hasta la muerte (…) de cruz>> (Flp 2, 8). Jesús cumplió la misión expiatoria de siervo doliente que <<justifica a muchos cargando con las culpas de ellos>> (cf. Is 53, 11; Rm 5, 19)”.

 

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