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TEMA 54º

 

LOS SACRAMENTOS AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD.

EL SACRAMENTO DEL ORDEN

(N. 1533-1589. Resúmenes 1590-1600)

 

 

Bautismo, Confirmación y Eucaristía como sacramentos de la iniciación cristiana confieren las gracias necesarias para vivir la “vocación a la santidad y a la misión de evangelizar el mundo”.

 

El Orden y el Matrimonio son sacramentos ordenados a la salvación de los demás. “Contribuyen ciertamente a la propia salvación, pero esto lo hacen mediante el servicio que prestan a los demás. Confieren una misión particular en la Iglesia y sirven a la edificación del Pueblo de Dios”.

 

“En estos sacramentos, los que fueron ya consagrados por el Bautismo y la Confirmación para el sacerdocio común de todos los fieles, pueden recibir consagraciones particulares”:

 

-         “Los que reciben el sacramento del Orden son consagrados para <<en el nombre de Cristo ser los pastores de la Iglesia con la palabra y con la gracia de Dios>>”.

-         “Los cónyuges cristianos, son fortalecidos y como consagrados para los deberes y dignidad de su estado por este sacramento especial” (el Matrimonio).

 

“El Orden es el sacramento gracias al cual la misión confiada por Cristo a sus Apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos: es, el sacramento del ministerio apostólico. Comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado.

 

 

 

 

 

1.  El nombre de este sacramento.

2. El sacramento del Orden en la Economía de la salvación.

3.  Los tres grados del sacramento del Orden.

4.  La celebración de este sacramento.

5.  El ministro de este sacramento.

6.  Quién puede recibir este sacramento.

7.  Efectos del sacramento del Orden.

 

 

El nombre de este sacramento:

 

Ordo es un cuerpo constituido dentro de la Iglesia: taxeis en griego, ordines en latín.

 

La liturgia habla del ordo espiscoporum, del ordo presbyterorum y del ordo diaconorum. Otros grupos reciben el nombre de ordo: los catecúmenos, las vírgenes, los esposos, las viudas...

 

La integración a uno de estos cuerpos se hacía en la Iglesia mediante el rito llamado ordinatio que podía ser una bendición.

 

“Hoy la palabra ordinatio está reservada al acto sacramental que incorpora al orden de los obispos, de los presbíteros y de los diáconos y que va más allá de una simple elección, designación, delegación o institución por la comunidad, pues confiere un don del Espíritu Santo que permite ejercer un poder sagrado (sacra potestas) que sólo puede venir de Cristo, a través de su Iglesia”.

 

“La ordenación es llamada consecratio porque es un <<poner aparte>> y un <<investir>> por Cristo mismo para su Iglesia. La <<imposición de manos>> del obispo, con la oración consecratoria, constituye el signo visible de esta consagración”.

 

 

 

El sacramento del Orden en la Economía de la salvación:

 

a) El sacerdocio de la Antigua Alianza:

“El pueblo elegido fue constituido por Dios como <<un reino de sacerdotes y una nación consagrada>> (Ex 19, 6). Pero dentro del pueblo de Israel, Dios escogió una de las doce tribus, la de Leví para el servicio litúrgico”.

El sacerdocio de la Antigua Alianza fue instituido para anunciar la Palabra de Dios y para ofrecer sacrificios de comunión y por los pecados. Sin embargo este sacerdocio era incapaz de realizar la salvación, la santificación definitiva “que sólo podría ser lograda por el sacrificio de Cristo”.

“La liturgia de la Iglesia ve en el sacerdocio de Aarón y en el servicio de los levitas, así como en la institución de los <<setenta ancianos>>, prefiguraciones del ministerio ordenado de la Nueva Alianza”.

 

b) El único sacerdocio de Cristo:

El sacerdocio de la Antigua Alianza encuentra su cumplimiento en Cristo. “Melquisedec, <<sacerdote del altísimo>> (Gn 14, 18), es considerado por la tradición cristiana como prefiguración del sacerdocio de Cristo, único <<Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec>> (Hb 5, 10; 6, 20)”.

“El sacrificio redentor de Cristo es único, realizado una vez por todas. Y por eso se hace presente en el sacrificio eucarístico de la Iglesia. Lo mismo acontece con el único sacerdocio de Cristo:  se hace presente por el sacerdocio ministerial sin que con ello se quebrante la unicidad del sacerdocio de Cristo: y por eso sólo Cristo es el verdadero sacerdote; los demás son ministros suyos”.

 

c) Dos modos de participar en el único sacerdocio de Cristo:

La Iglesia es una comunidad sacerdotal. Todos los fieles por el Bautismo ejercen su sacerdocio participando según su vocación propia, en la misión de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey. “Por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación los fieles son consagrados para ser un sacerdocio Santo”:

“El sacerdocio ministerial o jerárquico de los obispos y de los presbíteros, y el sacerdocio común de todos los fieles, aunque su diferencia es esencial y no sólo de grado, están ordenados el uno al otro; (...) ambos, en efecto, participan, cada uno a su manera, del único sacerdocio de Cristo”.

“El sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio común en orden al desarrollo de la gracia bautismal de todos los cristianos”.

 

d) In Persona Christi Capitis...:

“El sacerdote, en virtud del sacramento del orden, actúa in persona Christi Capitis”.

“Por la consagración sacerdotal recibida, goza de la facultad de actuar por el poder de Cristo mismo a quien representa” (Pío XII).

“Cristo es la fuente de todo sacerdocio, pues el sacerdote de la antigua ley era figura de Él, y el sacerdote de la nueva ley actúa en representación suya” (Sto. Tomás de Aquino).

Por el ministro ordenado se hace visible en medio de la comunidad la presencia de Cristo como Cabeza de la Iglesia.

“Esta presencia de Cristo en el ministro no debe ser entendida como si éste estuviese exento de todas las flaquezas humanas, del afán de poder, de errores, es decir, del pecado.

No todos los actos del ministro son garantizados de la misma manera por la fuerza del Espíritu Santo. Mientras que en los sacramentos esta garantía es dada de modo que ni siquiera el pecado del ministro puede impedir el fruto de la gracia, existen muchos otros actos en que la condición humana del ministro deja huellas que no son siempre el signo de la fidelidad al Evangelio y que pueden dañar, por consiguiente, a la fecundidad apostólica de la Iglesia”.

El sacramento del Orden confiere un “poder sagrado” que debe ser entendido como servicio a los hombres y a la comunidad de la Iglesia. La autoridad del ministro ordenado se debe medir según el modelo de Cristo, “que por amor se hizo el último y el servidor de todos”.

 

e) “In nomine totius Eclesiae”:

El ministro ordenado “actúa también en nombre de toda la Iglesia cuando presenta a Dios la oración de la Iglesia y sobre todo cuando ofrece el sacrificio Eucarístico”.

La expresión “en nombre de toda la Iglesia” no quiere decir que los sacerdotes sean los delegados de la comunidad.

El sacerdocio ministerial puede representar a la Iglesia porque representa a Cristo. Es la Iglesia entera, cuerpo de Cristo, la que ora y se ofrece en la unidad del Espíritu Santo, a Dios Padre.

 

 

Los tres grados del sacramento del Orden:

 

Dos grados, el presbiterado y el episcopado, son participación ministerial en el sacerdocio de Cristo. El diaconado (tercer grado) está destinado a ayudarles y servirles.

Propiamente sacerdotes son los obispos y presbíteros.

 

“Los tres grados son conferidos por un acto sacramental llamado ordenación, es decir, por el sacramento del Orden”.

 

-         “Que todos reverencien a los diáconos como a Jesucristo, como también al obispo, que es imagen del Padre, y a los presbíteros como al senado de Dios y como a la asamblea de los Apóstoles: sin ellos no se puede hablar de la Iglesia” (S. Ignacio de Antioquia)

 

 

a)    La ordenación episcopal, plenitud del sacramento del Orden:

 

El ministerio de los obispos se remonta a través de la sucesión apostólica hasta los Apóstoles.

Los Apóstoles recibieron de Cristo el Espíritu Santo. “Ellos mismos comunicaron a sus colaboradores, mediante la imposición de las manos, el don espiritual que se ha transmitido hasta nosotros en la consagración de los obispos”.

 

“El Concilio Vaticano II enseña que <<por la consagración episcopal se confiere la plenitud del sacramento del Orden. De hecho se le llama, tanto en la liturgia de la Iglesia como en los Santos Padres, sumo sacerdocio o cumbre del ministerio sagrado>>”.

 

“La consagración episcopal confiere, junto con la función de santificar, también las funciones de enseñar y gobernar (...). En efecto, por la imposición de las manos y por las palabras de la consagración se confiere la gracia del Espíritu Santo y se queda marcado con el carácter sagrado. En consecuencia, los obispos, de manera eminente y visible, hacen las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor y Sacerdote, y actúan en su nombre (in eius persona agunt)”. (Lumen gentium, 21). “El Espíritu Santo que han recibido ha hecho de los obispos los verdaderos y auténticos maestros de la fe, pontífices y pastores” (Christus Dominus, 2).

 

“Uno queda constituido miembro del colegio episcopal en virtud de la consagración episcopal y por la comunión jerárquica con la cabeza y con los miembros del Colegio”.

 

Varios obispos deben participar en la consagración episcopal y para que sea legítima se requiere una intervención especial del Obispo de Roma.

 

“Cada obispo tiene, como vicario de Cristo, el oficio pastoral de la Iglesia particular que le ha sido confiada, pero al mismo tiempo tiene colegialmente con todos sus hermanos en el episcopado la solicitud de todas las Iglesias”.

 

“Todo lo que se ha dicho explica por qué la Eucaristía celebrada por el obispo tiene una significación especial como expresión de la Iglesia reunida en torno al altar bajo la presidencia de quien representa visiblemente a Cristo, Buen Pastor y Cabeza de la Iglesia”.

 

 

b)    La ordenación de los presbíteros, cooperadores de los obispos:

 

Los obispos, sucesores de los Apóstoles, han confiado la función de su ministerio a sus colaboradores.

Los presbíteros son los colaboradores del orden episcopal para realizar adecuadamente la misión apostólica confiada por Cristo.

 

El cristiano es constituido por el sacramento del Orden en presbítero, así queda configurado con Cristo sacerdote y puede actuar como representante de Cristo Cabeza.

 

 

 

Los presbíteros unidos a su obispo son “verdaderos sacerdotes de la Nueva Alianza, a imagen de Cristo, sumo y eterno sacerdote, para anunciar el Evangelio a los fieles, para apacentarlos y para celebrar el culto divino” (Lumen gentium, 28).

“Su verdadera función sagrada la ejercen sobre todo en el culto eucarístico o sinaxis” (Lumen gentium, 28). “De este sacrificio único, saca su fuerza todo su ministerio sacerdotal”.

Los presbíteros con su obispo forman un único presbiterio. Hacen presente al obispo en las comunidades locales que les han sido encomendadas.

 

Por la promesa de obediencia al obispo su ministerio depende de él y está en comunión con él.

 

Los presbíteros están unidos en íntima fraternidad. En las ordenaciones los presbíteros imponen las manos después del obispo.

 

 

c)    La ordenación de los diáconos, “en orden al ministerio”:

 

“En el grado inferior de la jerarquía están los diáconos, a los que se les imponen las manos para realizar un servicio y no para ejercer el sacerdocio. En la ordenación al diaconado, sólo el obispo impone las manos, significando así que el diácono está especialmente vinculado al obispo en las tareas de su diaconía”.

 

Marcados con el carácter sacramental (sello) los diáconos se configuran a Cristo que se hizo “el Servidor de todos”.

 

Corresponde a los diáconos:

-         Asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios, sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma.

-         Asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo.

-         Proclamar el Evangelio y predicar.

-         Presidir las exequias.

-         Entregarse a los diversos servicios de la caridad.

 

 

 

“Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia latina ha restablecido el diaconado como grado propio y permanente dentro de la Jerarquía, mientras que las Iglesias de Oriente lo habían mantenido siempre. Este diaconado permanente, que puede ser conferido a hombres casados, constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia”.

 

 

La celebración de este sacramento:

 

“El rito esencial del sacramento del Orden está constituido, para los tres grados, por la imposición de manos del Obispo sobre la cabeza del ordenado, así como por una oración consecratoria específica que pide a Dios la efusión del Espíritu Santo y de sus dones apropiados al ministerio para el cual el candidato es ordenado”:

 

En la liturgia latina los ritos complementarios son:

 

-         Ritos iniciales: Presentación y elección del ordenando, la alocución del obispo; el interrogatorio del ordenando, las letanías de los santos.

-         Para los obispos y presbíteros: Unción con el Santo Crisma.

-         Para los obispos: Entrega del libro de los Evangelios, del anillo, de la mitra y del báculo.

-         Para los presbíteros: La entrega de la patena y el cáliz.

-         Para los diáconos: Entrega del libro de los Evangelios.

 

 

El ministro de este sacramento:

 

Cristo mismo eligió a los Apóstoles y es Cristo el que sigue dando a unos el ser Apóstoles, a otros pastores. Sigue actuando por medio de los obispos.

 

Corresponde a los obispos en cuanto sucesores de los Apóstoles transmitir el “don espiritual”.

 

“Los obispos válidamente ordenados, es decir, que están en la línea de la sucesión apostólica, confieren válidamente los tres grados del sacramento de Orden”.

Quién puede recibir este sacramento:

 

“Sólo el varón (vir) bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación”.

 

El Señor eligió a los doce Apóstoles (viri) y estos eligieron colaboradores para el presbiterado. “La Iglesia se reconoce vinculada por esta decisión del Señor. Esta es la razón por la que las mujeres no reciben la ordenación”.

 

Nadie tiene derecho a este sacramento, ni hombre ni mujer. Al sacramento se es llamado por Dios.

 

“Quien cree reconocer las señales de la llamada de Dios al ministerio ordenado, debe someter humildemente su deseo a la autoridad de la Iglesia a la que corresponde la responsabilidad y el derecho de llamar a recibir este sacramento. Como toda gracia, el sacramento sólo puede ser recibido como un don inmerecido”.

 

“Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuando los diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato <<por el Reino de los cielos>> (Mt 19, 12)”.

 

“El celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado el ministro de la Iglesia; aceptado con un corazón alegre, anuncia de modo radiante el Reino de Dios”. Con un corazón libre se entregan totalmente al servicio de sus hermanos los hombres.

 

En las Iglesias de Oriente mientras los obispos son elegidos entre los célibes, hombres casados pueden ser ordenados diáconos y presbíteros.

 

“Por otra parte, el celibato de los presbíteros goza de gran honor en las Iglesias orientales, y son numerosos los presbíteros que lo escogen libremente por el Reino de Dios”.

 

En Oriente como en Occidente, quien recibe el sacramento del Orden no puede contraer matrimonio.

 

Efectos del sacramento del Orden:

 

a)    El carácter indeleble:

 

-         “Este sacramento configura con Cristo mediante una gracia especial del Espíritu Santo a fin de servir de instrumento de Cristo a favor de su Iglesia”.

-         “Por la ordenación se recibe la capacidad de actuar como representante de Cristo, Cabeza de la Iglesia, en su triple función de sacerdote, profeta y rey”.

-         “El sacramento del Orden confiere un carácter espiritual indeleble y no puede ser reiterado ni ser conferido para un tiempo determinado”.

 

“Puesto que en último término es Cristo quien actúa y realiza la salvación a través del ministro ordenado, la indignidad de éste no impide a Cristo actuar”.

 

b)    La gracia del Espíritu Santo:

 

“La gracia del Espíritu Santo propia de este sacramento es la de ser configurado con Cristo Sacerdote, Maestro y Pastor, de quien el ordenado es constituido ministro”.

 

1-. Para el obispo se pide sobre todo fortaleza para gobernar y anunciar el Evangelio.

 

“Concede, Padre que conoces los corazones, a tu siervo que has elegido para el episcopado, que apaciente tu santo rebaño y que ejerza ante ti el supremo sacerdocio sin reproche sirviéndote noche y día; que haga sin cesar propicio tu rostro y que ofrezca los dones de tu santa Iglesia, que en virtud del espíritu del supremo sacerdocio tenga poder para perdonar los pecados según tu mandamiento, que distribuya las tareas siguiendo tu orden y que desate de toda atadura en virtud del poder que tú diste a los Apóstoles; que te agrade por su dulzura y su corazón puro, ofreciéndote un perfume agradable por tu Hijo Jesucristo”:

 

2.-  Para el presbítero. En el rito bizantino, el obispo imponiendo la  mano, dice:

 

“Señor, llena del don del Espíritu Santo al que te has dignado elevar al grado del sacerdocio para que sea digno de presentarse sin reproche ante tu altar, de anunciar el Evangelio de tu Reino, de realizar el ministerio de tu palabra de verdad, de ofrecerte dones y sacrificios espirituales, de renovar tu pueblo mediante el baño de la regeneración; de manera que vaya al encuentro de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, tu Hijo único, el día de su segunda venida, y reciba de tu inmensa bondad la recompensa de una fiel administración de su orden”.

 

3.- Los diáconos fortalecidos con la gracia del sacramento, en comunión con el obispo y sus presbíteros, “están al servicio del Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad”.

 

Ante la grandeza de la gracia y del oficio sacerdotales, el sacerdote está llamado a una continua purificación.

 

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RESUMEN:

 

●  “Te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos” (2 Tm 1, 6). “Sí alguno aspira al cargo de obispo, desea una noble función” (1 Tm 3, 1).

“El motivo de haberte dejado en Creta, fue para que acabaras de organizar lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené” (Tt 1, 5).

 

●  “La Iglesia entera es un pueblo sacerdotal. Por el Bautismo, todos los fieles participan del sacerdocio de Cristo. Esta participación se llama <<sacerdocio común de los fieles>>. A partir de este sacerdocio y al servicio del mismo existe otra participación en la misión de Cristo: la del ministerio conferido por el sacramento del Orden, cuya tarea es servir en nombre y en representación de Cristo-Cabeza en medio de la comunidad”.

●  “El sacerdocio ministerial difiere esencialmente del sacerdocio de los fieles porque confiere un poder sagrado para el servicio de los fieles. Los ministros ordenados ejercen su servicio en el pueblo de Dios mediante la enseñanza (munus docendi), el culto divino (munus liturgicum) y por el gobierno pastoral (munus regendi)”.

 

●  Desde los orígenes el ministerio ordenado fue conferido y ejercido en tres grados: obispos, presbíteros y diáconos. Sin este Orden no se puede hablar de Iglesia.

 

● “El obispo recibe la plenitud del sacramento del Orden que lo incorpora al colegio episcopal y hace de él la cabeza visible de la Iglesia particular que le es confiada. Los obispos, en cuanto sucesores de los Apóstoles y miembros del colegio, participan en la responsabilidad apostólica y en la misión de toda la Iglesia bajo la autoridad del Papa, sucesor de San Pedro”.

 

● “Los presbíteros están unidos a los obispos en la dignidad sacerdotal y al mismo tiempo dependen de ellos en el ejercicio de sus funciones pastorales; son llamados a ser cooperadores diligentes de los obispos; forman en torno a su obispo el presbiterio que asume con él la responsabilidad de la Iglesia particular. Reciben del obispo el cuidado de una comunidad parroquial o de una función eclesial determinada”.

 

●  “Los diáconos son ministros ordenados para las tareas de servicio de la Iglesia; no reciben el sacerdocio ministerial, pero la ordenación les confiere funciones importantes en el ministerio de la palabra, del culto divino, del gobierno pastoral y del servicio de la caridad, tareas que deben cumplir bajo la autoridad pastoral de su obispo”.

 

● “El sacramento del orden es conferido por la imposición de las manos seguida de una oración consecratoria solemne que pide a Dios para el ordenando las gracias del Espíritu Santo requeridas para su ministerio. La ordenación imprime un carácter sacramental indeleble”.

 

 

 

●  “La Iglesia confiere el sacramento del Orden únicamente a varones (viri) bautizados, cuyas aptitudes para el ejercicio del ministerio han sido debidamente reconocidas. A la autoridad de la Iglesia corresponde la responsabilidad y el derecho de llamar a uno a recibir la ordenación”.

 

● “En la Iglesia latina, el sacramento del Orden para el presbiterado sólo es conferido ordinariamente a candidatos que están dispuestos a abrazar libremente el celibato y que manifiestan públicamente su voluntad de guardarlo por amor del Reino de Dios y el servicio de los hombres”.

 

●  “Corresponde a los obispos conferir el sacramento del Orden en los tres grados”.

 

 

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