índice

TEMA 57º

 

GRACIA Y JUSTIFICACIÓN

(N. 1987-2016. Resúmenes 2017-2029)

 

 

1. La justificación

2. La gracia

3. El mérito

4. La santidad cristiana

 

 

La justificación:

 

“La gracia del Espíritu Santo tiene el poder de santificarnos, es decir, de lavarnos de nuestros pecados y comunicarnos la justicias de Dios por la fe en Jesucristo y por el Bautismo”.

 

El Espíritu Santo nos hace participar de la naturaleza divina y aquellos en quienes habita quedan divinizados.

 

La primera obra del Espíritu Santo es la conversión. La justificación entraña el perdón de los pecados, la santificación y la renovación interior.

 

La justificación es al mismo tiempo liberación de la esclavitud del pecado y acogida de la fe, la esperanza y la caridad.

 

“La justificación nos fue merecida por la pasión de Cristo, que se ofreció en la cruz como hostia viva, santa y agradable a Dios y cuya sangre vino a ser instrumento de propiciación por los pecados de todos los hombres. La justificación es concedida por el Bautismo, sacramento de la fe. Nos asemeja a la justicia de Dios que nos hace interiormente justos por el poder de su misericordia. Tiene por fin la gloria de Dios y de Cristo, y el don de la vida eterna”.

 

 

En la justificación existe colaboración entre el poder de Dios y la libertad humana. El Espíritu Santo da su impulso y su gracia, pero el hombre debe aceptar por la fe la Palabra de Dios y ser dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo.

 

“La justificación del impío es una obra más grande que la creación del cielo y de la tierra, porque el cielo y la tierra pasarán, mientras la salvación y la justificación de los elegidos permanecerán”.

 

“El Espíritu Santo es el maestro interior. Haciendo nacer al hombre interior, la justificación implica la santificación de todo el ser”.

 

 

La gracia:

 

“Nuestra justificación es obra de la gracia de Dios. La gracia es el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da para responder a su llamada: llegar a ser hijos de Dios, hijos adoptivos, participes de la naturaleza divina, de la vida eterna”.

 

Por la gracia recibida en el Bautismo participamos en la vida de Dios a quien podemos llamar con propiedad, Padre.

 

La gracia es sobrenatural porque procede de Dios y a Él nos dirige, es un don gratuito y es un don habitual, “una disposición estable y sobrenatural que perfecciona el alma para hacerla capaz de vivir con Dios, de obrar por su amor”.

 

“Se debe distinguir entre la gracia habitual, disposición permanente para vivir y obrar según la vocación divina, y las gracias actuales, que designan las intervenciones divinas que están en el origen de la conversión o en el curso de la obra de la santificación”.

 

“La preparación del hombre para acoger la gracia es ya una obra de la gracia”.

 

 

 

 

La respuesta del hombre a Dios ha de ser libre. Sólo libremente el alma entra en comunión con Dios, sólo libremente puede conocerle y amarle. “Dios toca inmediatamente y mueve directamente el corazón del hombre. Puso en el hombre una aspiración a la verdad y al bien que sólo Él puede colmar”.

 

“La gracia es, ante todo y principalmente, el don del Espíritu Santo que nos justifica y santifica”. Pero también comprende las gracias sacramentales y las gracias especiales llamadas carismas ordenados al bien común de la Iglesia y al servicio de la caridad, que edifica la Iglesia.

 

“Entre las gracias especiales conviene mencionar las gracias de estado, que acompañan el ejercicio de las responsabilidades de la vida cristiana y de los ministerios en el seno de la Iglesia”.

 

“La gracia, siendo de orden sobrenatural, escapa a nuestra experiencia y sólo puede ser conocida por la fe. Por tanto, no podemos fundarnos en nuestros sentimientos o nuestras obras para deducir de ellos que estamos justificados y salvados. Sin embargo, según las palabras del Señor: <<Por sus frutos los conoceréis>> (Mt 7, 20), la consideración de los beneficios de Dios en nuestra vida y en la vida de los santos nos ofrece una garantía de que la gracia está actuando en nosotros y nos incita a una fe cada vez mayor y a una actitud de pobreza llena de confianza”.

 

Interrogada por los jueces eclesiásticos, Santa Juana de Arco, si sabía que estaba en gracia de Dios, responde: “Si no lo estoy, que Dios me quiera poner en ella; si estoy, que Dios me quiera conservar en ella”.

 

 

El mérito:

 

“Manifiestas tu gloria en la asamblea de los santos, y, al coronar sus méritos, coronas tu propia obra”. (Prefacio de los Santos I, Misal Romano).

 

“El término mérito designa en general la retribución debida por parte de una comunidad o una sociedad a la acción de uno de sus miembros, considerada como obra buena u obra mala, digna de recompensa o de sanción. El mérito corresponde a la virtud de la justicia conforme al principio de igualdad que la rige”.

 

“Frente a Dios no hay, en el sentido de un derecho estricto, mérito por parte del hombre. Entre Él y nosotros, la desigualdad no tiene medida, porque nosotros lo hemos recibido todo de Él, nuestro Creador”.

 

El mérito de las buenas obras se debe en primer lugar a la acción divina y en segundo lugar al fiel que secunda los impulsos de la gracia y colabora libremente.

 

La adopción filial puede conferirnos, según las palabras del Señor, un verdadero mérito. “Se trata de un derecho por gracia, el pleno derecho del amor, que nos hace coherederos de Cristo y dignos de obtener la herencia prometida de la vida eterna”.

 

“Puesto que la iniciativa en el orden de la gracia pertenece a Dios, nadie puede merecer la gracia primera, en el inicio de la conversión, del perdón y de la justificación. Bajo la moción del Espíritu Santo y de la caridad, podemos después merecer a favor nuestro y de los demás gracias útiles para nuestra santificación, para el crecimiento de la gracia y de la caridad, y para la obtención de la vida eterna. Los mismos bienes temporales, como la salud, la amistad, pueden ser merecidos según la sabiduría de Dios. Estas gracias y bienes son objeto de la oración cristiana, la cual provee a nuestra necesidad de la gracia para las acciones meritorias”.

 

La fuente de todo mérito es Cristo mismo que da carácter sobrenatural a nuestras obras por nuestra unión con Él.

 

 

La santidad cristiana:

 

“Todos los fieles cristianos, de cualquier estado o condición, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. Todos son llamados a la santidad: <<Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto>>” (Mt 5, 48).

 

“El progreso espiritual tiende a la unión cada vez más íntima con Cristo. Esta unión se llama <<mística>>, porque participa del misterio de Cristo mediante los sacramentos -los <<santos misterios>>- y, en él, del misterio de la Santísima Trinidad”. Hay gracias especiales que reciben algunos como don gratuito hecho a todos. Pero no son estas gracias las que marcan el nivel de santidad sino la gracia de la fidelidad constante y callada.

 

“El camino de la perfección pasa por la Cruz. No hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual. El progreso espiritual implica la ascesis y la mortificación que conducen gradualmente a vivir en la paz y el gozo de las bienaventuranzas”.

 

Los hijos de la Madre Iglesia esperan alcanzar, por la misericordia de Dios, la bienaventuranza  eterna junto a la Santísima Trinidad.

 

______________________________________________________

 

RESUMEN:

 

●  La gracia del Espíritu Santo nos confiere la justicia de Dios y nos hace participar de su vida por medio de la fe y el Bautismo.

 

● La justificación es a la vez una vuelta a Dios y alejamiento del pecado.

 

●  “La justificación entraña la remisión de los pecados, la santificación y la renovación del hombre interior”.

 

●  La justificación nos fue merecida por la Pasión de Cristo. Nos es concedida mediante el Bautismo. Nos hace justos y tiene como fin la gloria de Dios y de Cristo y el don de la vida eterna. Es la obra más excelente de la misericordia de Dios.

 

●  “La gracia es el auxilio que Dios nos da para responder a nuestra vocación de llegar a ser sus hijos adoptivos. Nos introduce en la intimidad de la vida trinitaria”.

 

● “La iniciativa divina en la obra de la gracia previene, prepara y suscita la respuesta libre del hombre. La gracia responde a las aspiraciones profundas de la libertad humana; y la llama a cooperar con ella, y la perfecciona”.

●  “La gracia santificante es el don gratuito que Dios nos hace de su vida, infundida por el Espíritu Santo en nuestra alma para curarla del pecado y santificarla”.

 

●  La gracia santificante nos hace agradables a Dios. Los carismas o gracias especiales están ordenados a la gracia santificante y al bien común de la Iglesia. Dios actúa mediante gracias actuales múltiples que se distinguen de la gracia habitual, que es permanente en nosotros.

 

●   Ante Dios no hay estricto mérito. “El mérito pertenece a la gracia de Dios en primer lugar y a la colaboración del hombre en segundo lugar. El mérito del hombre retorna a Dios”.

 

●  La principal fuente de mérito ante Dios es la caridad.

 

●  “Nadie puede merecer la gracia primera que constituye el inicio de la conversión. Bajo la moción del Espíritu Santo podemos merecer a favor nuestro y de los demás todas las gracias útiles para llegar a la vida eterna, como también los necesarios bienes temporales”.

 

● “Todos los fieles cristianos son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. La perfección cristiana sólo tiene un límite: el de no tener límite”.

índice