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TEMA 59º

 

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

(N. 2052-2074. Resúmenes 2075-2082)

 

           

Éxodo 20, 2-17

 

Yo soy el Señor tu Dios que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre.

 

No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna, ni de lo que hay abajo en la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso que castigo la iniquidad de los padres en los hijos, hasta la tercera generación de los que me odian, y tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos.

 

No tomarás en falso el nombre del Señor, tu Dios, porque el Señor no dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso.

 

Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el séptimo es día de descanso para el Señor, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado.

 

Honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.

 

No matarás.

 

No cometerás adulterio.

 

No robarás.

 

No darás falso testimonio contra tu prójimo.

 

No codiciarás la casa de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo.

 

Deuteronomio 5, 6-21

 

Yo soy el Señor tu Dios, que te ha sacado de Egipto, de la servidumbre.

 

 

No habrá para ti otros dioses delante de mí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No tomarás en falso el nombre del Señor, tu Dios...

 

 

 

Guardarás el día del sábado para santificarlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Honra a tu padre y a tu madre.

 

 

 

 

No matarás.

 

No cometerás adulterio.

 

No robarás.

 

No darás falso testimonio contra tu prójimo.

 

No desearás la mujer de tu prójimo.

 

No codiciarás... nada que sea de tu prójimo.

Fórmula catequética

 

Yo soy el Señor tu Dios:

 

 

 

 

No habrá para ti otros dioses delante de mí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No tomarás el nombre de Dios en vano.

 

 

 

 

Santificarás las fiestas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Honra a tu padre y a tu madre.

 

 

 

 

No matarás.

 

No cometerás actos impuros.

No robarás.

 

No dirás falsos testimonios ni mentirás.

 

No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

No codiciarás los bienes ajenos.

                                              

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                       

 

1.  Maestro, ¿qué he de hacer...?

2.  El Decálogo en la Sagrada Escritura

3.  El Decálogo en la Tradición de la Iglesia

4.  La unidad del Decálogo

5.  El Decálogo y la ley natural

6.  La obligación del Decálogo

7.  “Sin mí no podéis hacer nada”

 

 

Maestro, ¿qué he de hacer...?:

 

Un joven se acerca a Jesús y le pregunta: -“Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?”. Jesús en primer lugar le recuerda la necesidad de reconocer a Dios como único Señor para después indicarle: “Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos”. Y le cita los que se refieren al amor del prójimo: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre”. Resumiendo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 19, 16-19).

 

En una segunda parte que no anula la primera continúa diciendo: “Si quieres ser perfecto, vete vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven y sígueme” (Mt 19, 21). Seguir al Maestro implica cumplir los mandamientos.

 

Jesucristo no ha venido a abolir la ley antigua sino a darle plenitud, explicando el verdadero alcance de los mandamientos: “Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás (...). Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal” (Mt 5, 21-22).

 

A la pregunta: ¿Cuál es el mandamiento mayor de la ley? (Mt 22, 36), responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la ley y los Profetas” (Mt 22, 37-40).

 

 

El Decálogo en la Sagrada Escritura:

 

“La palabra Decálogo significa literalmente <<diez palabras>>. Estas <<diez palabras>> Dios las reveló a su pueblo en la montaña santa. Las escribió <<con su Dedo>>, a diferencia de los otros preceptos escritos por Moisés. Constituyen palabras de Dios en un sentido eminente”. Jesucristo revelará su sentido pleno.

 

Para entender el Decálogo hay que leerlo en el contexto del Éxodo, el gran acontecimiento liberador de la Antigua Alianza.

El Decálogo es un camino de vida, tanto los preceptos negativos como los positivos ( prohibiciones-mandatos) indican las condiciones de una vida liberada de la esclavitud del pecado.

 

“Si (...) amas a tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, sus preceptos y sus normas, vivirás y te multiplicarás” (Dt 30, 16).

 

Estas diez palabras quedaron escritas en dos tablas de piedra llamadas el “Testimonio” y estaban depositadas en el “arca”.

 

“Las <<diez palabras>> son pronunciadas por Dios dentro de una teofanía (<<el Señor os habló cara a cara en la montaña, en medio del fuego>> Dt 5, 4). Pertenecen a la revelación que Dios hace de sí mismo y de su gloria”.

 

Estos mandamientos forman parte de la Alianza entre Dios y su pueblo que se comprometió a hacer todo lo que el Señor había dicho y a obedecerlo.

 

La primera de las diez palabras recuerda el amor primero de Dios hacia su pueblo. “Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre” (Ex 20 ,2; Dt 5, 6).

 

 

 

“Los mandamientos propiamente dichos vienen en segundo lugar. Expresan las implicaciones de la pertenencia a Dios instituida por la Alianza. La existencia moral es respuesta a la iniciativa amorosa de Dios”.

 

“Al mismo tiempo que a todo el pueblo, Dios da a conocer su voluntad a cada uno en particular”. Todas las obligaciones se enuncian en primera persona (“Yo soy el Señor...”) y están dirigidas a otro sujeto (“tú”).

 

 

El Decálogo en la Tradición de la Iglesia:

 

-         Desde San Agustín los “diez mandamientos” ocupan un lugar preponderante en la catequesis de los futuros bautizados y de los fieles.

-         “En el Siglo XV se tomó la costumbre de expresar los preceptos del Decálogo en fórmulas rimadas, fáciles de memorizar y positivas”.

-         “Los catecismos de la Iglesia han expuesto con frecuencia la moral cristiana siguiendo el orden de los <<diez mandamientos>>”.

 

“Los diez mandamientos enuncian las exigencias del amor de Dios y del prójimo. Los tres primeros se refieren más al amor de Dios y los otros siete más al amor del prójimo”.

 

“El Concilio de Trento enseña que los diez mandamientos obligan a los cristianos y que el hombre justificado está también obligado a observarlos”.

 

El Concilio Vaticano II afirma: “Los obispos, como sucesores de los Apóstoles, reciben del Señor (...) la misión de enseñar a todos los pueblos y de predicar el Evangelio a todo el mundo para que todos los hombres, por la fe, el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos, consigan la salvación” (Lumen gentium n. 24).

 

 

 

 

La unidad del Decálogo:

 

Las dos tablas forman una unidad orgánica, cada uno de los diez mandamientos ilumina, condiciona y remite a los otros preceptos. “Transgredir un mandamiento es quebrantar todos los otros. No se puede honrar a otro sin bendecir a Dios su Creador. No se podría adorar a Dios sin amar a todos los hombres, que son sus creaturas. El Decálogo unifica la vida teologal y la vida social del hombre.”

 

 

El Decálogo y la ley natural:

 

“Los diez mandamientos pertenecen a la revelación de Dios. Nos enseñan al mismo tiempo la verdadera humanidad del hombre. Ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto, indirectamente, los derechos fundamentales inherentes a la naturaleza de la persona humana. El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la <<ley natural>>”.

 

“Aunque accesibles a la sola razón, los preceptos del Decálogo han sido revelados. Para alcanzar un conocimiento completo y cierto de las exigencias de la ley natural, la humanidad pecadora necesitaba esta revelación”.

 

Los diez mandamientos los conocemos en la enseñanza de la Iglesia de la revelación divina y en la voz de la conciencia moral.

 

 

La obligación del Decálogo:

 

Los mandamientos expresan deberes graves en las relaciones del hombre con Dios y con su prójimo. Estos preceptos “son básicamente inmutables y su obligación vale siempre y en todas partes. Nadie podría dispensar de ellos. Los diez mandamientos están grabados por Dios en el corazón del ser humano”.

 

“La obediencia a los mandamientos implica también obligaciones cuya materia es, en sí misma, leve. Así, la injuria de palabra está prohibida por el quinto mandamiento, pero sólo podría ser una falta grave en razón de las circunstancias o de la intención del que la profiere”.

“Sin mí no podéis hacer nada”:

 

Jesús dice: “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí como yo en él, ése da mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5). El fruto de que habla el Señor “es la santidad de una vida hecha fecunda por la unión con Cristo”.

 

“Cuando creemos en Jesucristo, participamos en sus misterios y guardamos sus mandamientos”.

 

“Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15, 12).

 

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RESUMEN:

 

●  “¿Qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?” – “Si (...) quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mt 19, 16-17).

 

●  “Por su modo de actuar y por su predicación, Jesús ha atestiguado el valor perenne del Decálogo”.

 

● “El don del Decálogo fue concedido en el marco de la alianza establecida por Dios con su pueblo. Los mandamientos de Dios reciben su significado verdadero en y por esa Alianza”.

 

● La Iglesia reconoce en el Decálogo una importancia y una significación primordial.

 

●  “El Decálogo forma una unidad orgánica en la que cada <<palabra>> o <<mandamiento>> remite a todo el conjunto. Transgredir un mandamiento es quebrantar toda la ley”.

 

●  “El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la ley natural. Lo conocemos por la revelación divina y por la razón humana”.

 

●  “Los diez mandamientos, en su contenido fundamental enuncian obligaciones graves. Sin embargo, la obediencia a estos preceptos implica también obligaciones cuya materia es, en sí misma, leve”.

 

●  “Dios hace posible por su gracia lo que manda”.

 

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