índice

TEMA 61º

 

 PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO

 (N. 2777-2796. Resúmenes 2797-2802)

 

 

 

1.  Acercarse a Él con toda confianza

2.  ¡Padre!

3.  Padre Nuestro

4.  Que estás en el cielo

 

 

Acercarse a Él con toda confianza:

 

“Ante la zarza ardiendo, se le dijo a Moisés <<No te acerques aquí. Quita las sandalias de tus pies>> (Ex 3, 5). Este umbral de la santidad divina, sólo lo podía franquear Jesús, el que <<después de llevar a acabo la purificación de los pecados>> (Hb 1, 3), nos introduce en la presencia del Padre: <<Henos aquí, a mí y a los hijos que Dios me dio>> (Hb 2, 13)”.

 

El Espíritu nos introduce en la oración con “parrhesía”: simplicidad sin desviación, conciencia filial, seguridad alegre, audacia humilde, certeza de ser amado.

 

 

¡Padre!:

 

Antes de dirigirnos a Dios hemos de purificar el corazón de las vanidades y de las imágenes falsas de este mundo. Con el humilde reconocimiento de que “nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mt 11, 27), es decir, “a los pequeños”.

 

“Dios nuestro Padre trasciende las categorías del mundo creado. Transferir a Él, o contra Él, nuestras ideas en este campo sería fabricar ídolos para adorar o demoler”.

 

“La expresión Dios Padre no había sido revelada jamás a nadie. Cuando Moisés preguntó a Dios quién era Él, oyó otro nombre. A nosotros este nombre nos ha sido revelado en el Hijo, porque este nombre implica el nuevo nombre de Padre” (Tetuliano).

“La conciencia que tenemos de nuestra condición de esclavos nos haría meternos bajo tierra, nuestra condición terrena se desharía en polvo, si la autoridad de nuestro mismo Padre y el Espíritu de su Hijo no nos empujasen a proferir este grito. (...) Abbá, Padre” (San Pedro Crisólogo).

 

Cuando oramos al Padre estamos en comunión con Él y con su Hijo, Jesucristo.

 

“Podemos adorar al Padre porque nos ha hecho renacer a su vida al adoptarnos como hijos suyos en su Hijo único: por el Bautismo nos incorpora al Cuerpo de su Cristo, y, por la Unción de su Espíritu que se derrama desde la Cabeza a los miembros, hace de nosotros <<Cristos>>”.

 

“Tú, hombre, no te atreverías a levantar tu cara hacia el cielo, tú bajabas los ojos hacia la tierra, y de repente has recibido la gracia de Cristo: todos tus pecados te han sido perdonados. De siervo malo, te has convertido en buen hijo (...) Eleva, pues, los ojos hacia el Padre que te ha rescatado por medio de su Hijo y di: Padre nuestro (...) Pero no reclames ningún privilegio. No es Padre, de manera especial, más que de Cristo, mientras que a nosotros nos ha creado. Di entonces también por medio de la gracia: Padre nuestro, para merecer ser hijo suyo” (San Ambrosio).

 

“Este don gratuito de la adopción exige por nuestra parte una conversión continua y una vida nueva. Orar a nuestro Padre debe desarrollar en nosotros dos disposiciones fundamentales”:

 

a)       El deseo y la voluntad de asemejarse a Él. “Es necesario acordarnos, cuando llamemos a Dios Padre nuestro, de que debemos comportarnos como hijos de Dios” (San Cipriano)

b)       Un corazón humilde y confiado que nos hace volver a ser como niños; porque es a los pequeños a los que el Padre se revela. (Mt 11, 25)

 

 

Padre nuestro:

 

“Padre nuestro se refiere a Dios. Este adjetivo, por nuestra parte, no expresa una posesión, sino una relación totalmente nueva con Dios”.

 

Padre nuestro expresa confianza en Dios y en su Palabra y la unidad a la que aspiran todos los cristianos.

 

Al decir Padre nuestro no sólo pensamos en nosotros mismos, pensamos en todos los hombres.

 

 

Que estás en el cielo:

 

“Esta expresión bíblica no significa un lugar (el espacio) sino una manera de ser; no el alejamiento de Dios sino su majestad. Dios Padre no está <<en esta o aquella parte>> sino <<por encima de todo>> lo que, acerca de la santidad divina, puede el hombre concebir”.

 

“Con razón, estas palabras <<Padre nuestro que estás en el cielo>> hay que entenderlas en relación al corazón de los justos en el que Dios habita como en su templo” (San Agustín).

 

“El cielo bien podía ser también aquellos que llevan la imagen del mundo celestial, y en los que Dios habita y se pasea” (San Cirilo de Jerusalén).

 

“El símbolo del cielo nos remite al misterio de la Alianza que vivimos cuando oramos al Padre. Él está en el cielo, es su morada, la casa del Padre es, por tanto, nuestra patria”.

 

“Los cristianos están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan su vida en la tierra, pero son ciudadanos del cielo” (Epístola a Diogneto).

 

RESUMEN:

 

● “La confianza sencilla y fiel, y la seguridad humilde y alegre son las disposiciones propias del que reza el <<Padre Nuestro>>”.

 

●  “Podemos invocar a Dios como Padre porque nos lo ha revelado el Hijo de Dios hecho hombre, en quien, por el Bautismo, somos incorporados y adoptados como hijos de Dios”.

 

●  “La oración del Señor nos pone en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Al mismo tiempo, nos revela a nosotros mismos”.

 

●  Orando al Padre crece el deseo de asemejarnos a Él.

 

●  “Que estás en el cielo no designa un lugar, sino la majestad de Dios y su presencia en el corazón de los justos. El cielo, la Casa del Padre, constituye la verdadera patria hacia donde tendemos y a la que ya pertenecemos”.

 


 

índice