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TEMA 63º

 

AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE

ENTRE LOS MUERTOS.

(N. 638-655. Resúmenes 656-658)

 

 

“La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la cruz”.

 

 

1.  Acontecimiento histórico y trascendente.

2.  La Resurrección, obra de la Santísima Trinidad.

3. Sentido y alcance salvífico de la Resurrección.

 

 

Acontecimiento histórico y trascendente:

 

La resurrección de Cristo es un hecho real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas. San Pablo hacia el año 56 puede escribir: “Porque os trasmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce” (1 Co 15, 3-4).

 

a)     El sepulcro vacío: El hecho del sepulcro vacío no es en sí una prueba de la resurrección. Pero para los discípulos era claro que si el cuerpo del Señor no estaba es que había resucitado. ¿Quién podía querer el cadáver sangriento de un condenado? ¿Cómo robarlo sin ser visto?

Primero las mujeres, después Pedro ven el sepulcro vacío.

“El discípulo que Jesús amaba afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir <<las vendas en el suelo>> (Jn 20, 6), <<vio y creyó>>. Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro”.

 

b)    Las apariciones del Resucitado:

Las mujeres que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús fueron las primeras en encontrarse con el Resucitado y fueron a decírselo a los Apóstoles. “Jesús se apareció en seguida a ellos, primero a Pedro, después a los Doce. La comunidad exclama: “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!” (Lc 24, 34).

          “Como testigos del Resucitado, los Apóstoles son las piedras de fundación de la Iglesia. La fe de la primera comunidad de creyentes se funda en el testimonio de hombres concretos, conocidos de los cristianos, y de los que la mayor parte aún vivían entre ellos”. Estos son Pedro y los Doce. Pablo habla de una aparición de Jesús a más de quinientas personas en una sola vez, además de a Santiago y de todo los Apóstoles. (Cf 1 Co 15, 4-8)

          Sabemos que la muerte trágica de Jesús fue un duro golpe a la fe de los Apóstoles y que la noticia de la resurrección no la creyeron tan fácilmente. Lejos de una exaltación mística los discípulos estaban abatidos: no creen a las mujeres. Y piensan que desvarían. Estaban desolados y asustados. “Cuando Jesús se manifiesta a los once la tarde Pascua, <<les echó en cara su incredulidad y su dureza de cabeza por no haber creído  a quienes le habían visto resucitado>>” (Mc 16, 14).

“Tan imposible les parece la cosa que, incluso puestos ante la realidad de Jesús resucitado, los discípulos dudan todavía: creen ver un espíritu. <<No acaban de creerlo a causa de la alegría y estaban asombrados>> (Lc 24, 41).

          Tomás conocerá la misma prueba de la duda y, en la última aparición en Galilea referida por Mateo, <<algunos sin embargo dudaron>> (Mt 28, 17). Por esto la hipótesis según la cual la Resurrección habría sido un <<producto>> de la fe (o de la credulidad) de los apóstoles no tiene consistencia. Muy al contrario su fe en la Resurrección nació -bajo la acción de la gracia divina- de la experiencia directa de Jesús resucitado”.

 

c)     El estado de la humanidad resucitada de Cristo:

“Jesús resucitado establece con sus discípulos relaciones directas mediante el tacto y el compartir la comida. Les invita así a reconocer que él no es un espíritu, pero sobre todo a que comprueben que el cuerpo resucitado con el que se presenta ante ellos es el mismo que ha sido martirizado y crucificado, ya que sigue llevando las huellas de su pasión”.

Este cuerpo, sin embargo, tiene propiedades nuevas: no está sujeto al tiempo o al espacio, se hace presente a voluntad donde quiere y cuando quiere. “Por esta razón también Jesús resucitado es soberanamente libre de aparecer como quiere: bajo la apariencia de un jardinero o <<bajo otra figura>> (Mc 16, 12) distinta de la que les era familiar a los discípulos, y eso para suscitar su fe”.

Jesús no resucita a la vida terrena como Lázaro, la hija de Jairo o el joven de Naín que en cierto momento volverán a morir. “En la Resurrección, el cuerpo de Jesús se llena del poder del Espíritu Santo; participa de la vida divina en el estado de su gloria, tanto que San Pablo puede decir de Cristo que es el hombre celestial”.

 

d)    La Resurrección como acontecimiento trascendente:

“Nadie fue testigo ocular del acontecimiento mismo de la Resurrección y ningún evangelista lo describe. Nadie puede decir cómo sucedió físicamente. Menos aún, su esencia más íntima, el paso a otra vida, fue perceptible a los sentidos”. La Resurrección en cuanto trasciende a la historia es un Misterio de fe.

 

 

La Resurrección, obra de la Santísima Trinidad:

 

“La Resurrección de Cristo es objeto de fe en cuanto es una intervención trascendente de Dios mismo en la creación y en la historia. En ella las tres Personas divinas actúan juntas a la vez y manifiestan su propia originalidad”.

 

-         El poder del Padre “ha resucitado” (Hch 2, 4) a Cristo su Hijo.

-         El Espíritu ha vivificado la humanidad muerta de Jesús y la ha llamado al estado glorioso del Señor.

-         El Hijo realiza su propia resurrección en virtud de su poder divino y de su unión con el Padre y el Espíritu Santo. “Doy mi vida, para recobrarla de nuevo... Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo” (Jn 10, 17-18).

 

“Los Padres contemplan la Resurrección a partir de la Persona divina de Cristo que permaneció unida a su alma y a su cuerpo separados entre sí por la muerte”.

 

“Por la unidad de la naturaleza divina que permanece presente en cada una de las dos partes del hombre, éstas se unen de nuevo. Así la muerte se produce por la separación del compuesto humano, y la Resurrección por la unión de las dos partes separadas” (San Gregorio de Nisa).

 

 

Sentido y alcance salvífico de la Resurrección:

 

“Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también nuestra fe” (1 Co 15, 14).

 

“La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó. Todas las verdades, incluso la más inaccesibles al espíritu humano, encuentran su justificación si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina según lo había prometido”.

 

En la Resurrección Cristo se cumplen las promesas del Antiguo Testamento y las palabras que Cristo pronunció durante su vida terrena.

 

“La verdad de la divinidad de Jesucristo es confirmada por su Resurrección” “Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy” (Jn 8, 28).

 

“La Resurrección del crucificado demostró que verdaderamente, él era <<Yo Soy>>, el Hijo de Dios y Dios mismo”.

 

 

 

“Hay un doble aspecto en el misterio pascual: por su muerte nos libera del pecado, por su Resurrección nos abre el acceso a una nueva vida”. Nos ha liberado del pecado y por la gracia de la justificación nos ha devuelto la vida: la nueva vida de los hijos de Dios.

 

La Resurrección de Cristo es principio y fuente de nuestra resurrección futura. “Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que durmieron (...) del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo” (1 Co 15, 20-22).

 

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RESUMEN:

 

●  “La fe en la Resurrección tiene por objeto un acontecimiento a la vez históricamente atestiguado por los discípulos que se encontraron realmente con el Resucitado, y misteriosamente trascendente en cuanto entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios”.

 

●  “El sepulcro vacío y las vendas en el suelo significan por sí mismas que el cuerpo de Cristo ha escapado por el poder de Dios de las ataduras de la muerte y de la corrupción. Preparan a los discípulos para su encuentro con el Resucitado”.

 

● “Cristo, el primogénito de entre los muertos, es el principio de nuestra propia Resurrección, ya desde ahora por la justificación de nuestra alma, más tarde por la vivificación de nuestro cuerpo”.


 

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