índice

TEMA 65º

 

LA IGLESIA ES UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA

(N. 811-865. Resúmenes 866--870)

 

 

 

Es Cristo quien da a la Iglesia el ser una, santa, católica y apostólica.

 

 

1.  La Iglesia es una

2.  La Iglesia es santa

3.  La Iglesia es católica

4.  La Iglesia es apostólica

 

 

La Iglesia es una:

 

▬  El sagrado misterio de la unidad de la Iglesia:

 

-         La Iglesia es una debido a su origen: “El modelo y principio supremo de este misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en el Espíritu Santo, en la Trinidad de Personas”.

 

-         La Iglesia es una debido a su Fundador: Pues Jesucristo por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios “restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo”.

 

-         La Iglesia es una debido a su “alma”: “El Espíritu Santo que habita en los creyentes y llena y gobierna toda la Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el principio de la unidad de la Iglesia”.

 

 

Pertenece a la esencia misma de la Iglesia ser una.

 

“Desde el principio, esta Iglesia una se presenta, no obstante, con una gran diversidad que procede a la vez de la variedad de los dones de Dios y de la multiplicidad de las personas que los reciben. En la unidad del Pueblo de Dios se reúnen los diferentes pueblos y culturas”.

 

“Dentro de la comunión eclesial, existen legítimamente las Iglesias particulares con sus propias tradiciones. La gran riqueza de esta diversidad no se opone a la unidad de la Iglesia. No obstante, el pecado y el peso de sus consecuencias amenazan sin cesar el don de la unidad. También el Apóstol debe exhortar a <<guardar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz>>” (Ef. 4, 3)”.

 

El vínculo de la unidad es la caridad. Pero la unidad de la Iglesia peregrina está asegurada por vínculos visibles de comunión:

 

         ▪  La profesión de una misma fe recibida de los Apóstoles.

▪ La celebración común del culto divino, sobre todo de los sacramentos.

▪ La sucesión apostólica por el sacramento del orden, que conserva la concordia fraterna de la familia de Dios.

 

“La única Iglesia de Cristo (...) Nuestro Salvador, después de su resurrección, la entregó a Pedro para que la pastoreara. Le encargó a él y a los demás Apóstoles que la extendieran y la gobernaran (...). Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en (<<subsistit in>>) la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él” (lumen gentium, 8).

 

 

▬ Las heridas de la unidad: “En esta una y única Iglesia de Dios, aparecieron ya desde los primeros tiempos algunas escisiones que el Apóstol reprueba severamente como condenables; y en siglos posteriores surgieron disensiones más amplias y comunidades no pequeñas se separaron de la comunión plena con la Iglesia católica y, a veces, no sin culpa de los hombres de ambas partes” (Unitatis redintegratio, 3).

 “Tales rupturas que lesionan la unidad del Cuerpo de Cristo (se distingue la herejía, la apostasía y el cisma) no se producen sin el pecado de los hombres”.

 

“Donde hay pecados, allí hay desunión, cismas, herejías, discusiones. Pero donde hay virtud, allí hay unión, de donde resultaba que todos los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma” (Orígenes).

 

Quienes nacen hoy en las comunidades separadas no son responsables de la ruptura. “Justificados por la fe en el Bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia  católica como hermanos en el Señor”.

 

“Además muchos elementos de santificación y de verdad existen fuera de los límites visibles de la Iglesia católica: la palabra de Dios escrita, la vida de gracia, la fe, la esperanza y la caridad y otros dones interiores del Espíritu Santo y elementos visibles”. “Todos estos bienes provienen de Cristo y conducen a Él y de por sí impelen a la unidad católica”.

 

▬  Hacia la unidad: “Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos sean también uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 21). “El deseo de volver a encontrar la unidad de todos los cristianos es un don de Cristo y un llamamiento del Espíritu Santo”.

Conseguir la unidad de todos los cristianos ha de ser preocupación de todos en la Iglesia pero su consecución excede nuestras fuerzas humanas por eso la esperanza la ponemos en la oración de Cristo por la Iglesia.

 

Para responder adecuadamente a este llamamiento se exige:

 

Mas fidelidad a la Iglesia.

Conversión del corazón. El pecado causa división.

Oración por la unidad.

El fraterno conocimiento recíproco.

La formación ecuménica de los fieles y especialmente de los    sacerdotes.

El diálogo entre los teólogos y los encuentros entre los cristianos de diferentes Iglesias y comunidades.

La colaboración entre cristianos en los diferentes campos de    servicio a los hombres.

 

 

La Iglesia es santa:

 

La Iglesia es el pueblo santo de Dios y sus miembros son llamados santos. Cristo, “el solo Santo”, “se entregó por ella para santificarla, la unió a sí mismo como su propio cuerpo y la llenó del don del Espíritu Santo para gloria de Dios” (Lumen gentium n. 39).

 

Cristo santifica a la Iglesia, y a su vez la Iglesia es santificadora, en ella conseguimos la santidad por la gracia de Dios a través de los medios de salvación que le han sido entregados.

 

“La Iglesia, en efecto, ya en la tierra se caracteriza por una verdadera santidad, aunque todavía imperfecta. En sus miembros la santidad perfecta está todavía por alcanzar: <<Todos los cristianos, de cualquier estado o condición, están llamados cada uno por su propio camino, a la perfección de la santidad, cuyo modelo es el mismo Padre>> (Lumen gentium n. 11)”.

 

“La caridad es el alma de la santidad a la que todos están llamados: dirige todos los medios de santificación, los informa y los lleva a su fin”.

 

“Mientras que Cristo, santo, inocente, sin mancha, no conoció el pecado, sino que vino solamente a expiar los pecados del pueblo, la Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación y busca sin cesar la conversión y la renovación. Todos los miembros de la Iglesia, incluso sus ministros deben reconocerse pecadores. En todos, la cizaña del pecado todavía se encuentra mezclada con la buena semilla del Evangelio hasta el fin de los tiempos. La Iglesia, pues, congrega a pecadores alcanzados ya por la salvación de Cristo, pero aún en vías de santificación”. La Iglesia es santa porque continuamente proporciona la gracia santificante a los que se alejan por causa del pecado.

 

“Al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponiendo a los santos como modelos e intercesores”.

 

“La Iglesia en la Santísima Virgen llegó ya a la perfección, sin mancha ni arruga. En cambio, los fieles cristianos se esfuerzan todavía en vencer el pecado para crecer en la santidad. Por eso dirigen sus ojos a María: en ella, la Iglesia es ya enteramente santa”.

 

 

La Iglesia es católica:

 

► Qué quiere decir “católica”: “Católica” significa “universal”. La Iglesia es católica en un doble sentido:

 

1.-  Es católica porque Cristo está presente en ella. Allí donde está Cristo Jesús, está la Iglesia católica, y recibe de él la plenitud de los medios de salvación: “Confesión de fe recta y completa, vida sacramental íntegra y ministerio ordenado en la sucesión apostólica. La Iglesia, en este sentido fundamental, era católica el día de Pentecostés y lo será siempre hasta el día de la Parusía”.

 

2.- “Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano”.

“Todos los hombres están invitados al nuevo Pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos, para que así se cumpla el designio de Dios, que en el principio creó una única naturaleza humana y decidió reunir a sus hijos dispersos (...) Este carácter de universalidad, que distingue al pueblo de Dios, es un don del mismo Señor.

Gracias a este carácter, la Iglesia católica tiende siempre y eficazmente a reunir a la humanidad entera con todos sus valores bajo Cristo como cabeza, en la unidad de su Espíritu” (Lumen gentium n. 13)

 

 

► Cada una de las Iglesias particulares es “católica”:

“Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas comunidades de fieles, unidas a sus pastores”. En ellas se anuncia el Evangelio de Cristo y se celebra el misterio de la Cena del Señor, y está presente Cristo.

 

La Iglesia particular (diócesis o eparquía) es “una comunidad de fieles cristianos en comunión en la fe y en los sacramentos con su obispo ordenado en la sucesión apostólica (...) En ellas y a partir de ellas existe la Iglesia católica, una y única”.

 

Las Iglesias particulares son plenamente católicas gracias a la comunión con la Iglesia de Roma, que preside en la caridad. El Salvador prometió a Pedro que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia.

 

Sería erróneo concebir la Iglesia como la suma o una federación de Iglesias particulares.

 

“En efecto, desde la venida a nosotros del Verbo encarnado, todas las Iglesias cristianas de todas partes han tenido y tienen a la gran Iglesia que está aquí (en Roma) como única base y fundamento porque, según las mismas promesas del Salvador, las puertas del infierno no han prevalecido jamás contra ella” (San Máximo Confesor).

 

 

► Quién pertenece a la Iglesia católica:

Todos los hombres están invitados a la unidad católica del Pueblo de Dios y a la salvación.

 

Están plenamente incorporadas a la Iglesia aquellos que, teniendo el Espíritu de Cristo:

 

1.-  Aceptan íntegramente su constitución y todos los medios de salvación establecidos en ella.

 

2.-  Están unidos a Cristo y a sus ministros (Sumo Pontífice y obispos).

 

3.-   Profesan la fe íntegra.

4.-   Aceptan los sacramentos y los celebran.

 

5.-   Aceptan el gobierno eclesiástico y se esfuerzan por vivir la comunión.

 

“La Iglesia se siente unida por muchas razones con todos los que se honran con el nombre de cristianos a causa del bautismo, aunque no profesan la fe en su integridad o no conserven la unidad de la comunión bajo el sucesor de Pedro. Los que creen en Cristo y han recibido ritualmente el bautismo están en una cierta comunión, aunque no perfecta con la Iglesia católica. Con las Iglesias ortodoxas, esta comunión es tan profunda que le falta muy poco para que alcance la plenitud que haría posible una celebración común de la Eucaristía del Señor”.

 

 

► La Iglesia y los no cristianos:

“Los que todavía no han recibido el Evangelio también están ordenados al Pueblo de Dios de diversas maneras” (Lumen gentium n. 16).

 

1.-  La relación de la Iglesia con el pueblo judío: El Señor habló primero al pueblo judío con quien estableció la Alianza Antigua. La fe del pueblo judío es la respuesta a la Revelación divina. De este pueblo procede Cristo según la carne y a este pueblo dirigió su Evangelio en primer lugar.

“Por otra parte, cuando se considera el futuro, el Pueblo de Dios de la Antigua Alianza y el nuevo Pueblo de Dios tienden hacia fines análogos: la espera de la venida (o el retorno) del Mesías; pues para unos, es la espera de la vuelta del Mesías, muerto y resucitado, reconocido como Señor e Hijo de Dios; para los otros, es la venida del Mesías cuyos rasgos permanecen velados hasta el fin de los tiempos, espera que está acompañada del drama de la ignorancia o desconocimiento de Cristo Jesús”.

 

 

 

 

 

2.- Las relaciones de la Iglesia con los musulmanes: Los musulmanes creen en Dios Creador. “Profesan tener la fe de Abraham y adoran con nosotros al Dios único y misericordioso que juzgará a los hombres al fin del mundo”.

 

3.-  El vínculo de la Iglesia con las religiones no cristianas: Dios está en el origen y en el fin del género humano.

“La Iglesia aprecia todo lo bueno y verdadero que puede encontrarse en las diversas religiones como una preparación al Evangelio y como un don que ilumina a todos los hombres, para que al fin tengan la vida”.

Existen errores que desfiguran la imagen de Dios: “Con demasiada frecuencia los hombres, engañados por el Maligno, se pusieron a razonar como personas vacías y cambiaron el Dios verdadero por un ídolo falso, sirviendo a las criaturas en vez de al Creador. Otras veces, viviendo y muriendo sin Dios en este mundo, están expuestos a la desesperación más radical” (Lumen gentium n. 16).

              “El Padre quiso convocar a toda la humanidad en la Iglesia de su Hijo para reunir de nuevo a todos sus hijos que el pecado había dispersado y extraviado. La Iglesia es el lugar donde la humanidad debe volver a encontrar su unidad y su salvación”. Según una imagen de los Santos Padres la Iglesia está prefigurada por el arca de Noé que es la única que salva del diluvio.

 

 

► Fuera de la Iglesia no hay salvación: Esta afirmación tiene su origen en los Padres de la Iglesia. “Formulada de modo positivo significa que toda salvación viene de Cristo Cabeza por la Iglesia que es su Cuerpo”.

 

“El Santo Sínodo (...) basado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el único Mediador y camino de salvación que se nos hace presente en su cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar con palabras, bien explícitas, la necesidad de la fe y del Bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo como por una puerta.

Por eso, no podrían salvarse los que, sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella”. (Lumen gentium n. 14).

 

“Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna” (Lumen gentium n. 16).

 

Aunque Dios guía a los hombres por caminos que sólo Él conoce, la Iglesia tiene el deber y el derecho sagrado de evangelizar. Según el mandato del Señor.

 

 

► La Misión, exigencia de la catolicidad de la Iglesia:

 

1.-  El mandato misionero: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” Mt 28, 19-20).

 

2.-  El origen y la finalidad de la misión: El origen del mandato misionero está en el amor eterno de la Santísima Trinidad, el mismo que le lleva a la Creación y a la Redención. “El fin último de la misión no es otro que hacer participar a los hombres en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo en su Espíritu de amor”.

 

3.-  El motivo de la misión: “El amor de Cristo nos apremia” (2 Co 5, 14). “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tm 2, 4). Dios quiere la salvación de todos por el conocimiento de la verdad. La Iglesia debe ofrecer la verdad que le ha sido confiada a todos. “Porque cree en el designio universal de salvación, la Iglesia debe ser misionera”.

 

4.-  Los caminos de la misión: “El Espíritu Santo es en verdad el protagonista de toda la misión eclesial. Él es quien conduce la Iglesia por los caminos de la misión. Ella continúa y desarrolla en el curso de la historia la misión del propio Cristo, que fue enviado a evangelizar a los pobres”. Que se entregó a sí mismo y obedeció hasta la muerte y muerte de cruz. “Es así como la sangre de los mártires es semilla de cristianos”. “Pero en su peregrinación, la Iglesia experimenta también hasta qué punto distan entre sí el mensaje que ella proclama y la debilidad humana de aquellos a quienes se confía el Evangelio. Sólo avanzando por el camino de la conversión y la renovación y por el estrecho sendero de la cruz es como el Pueblo de Dios puede extender el reino de Cristo. En efecto, como Cristo realizó la obra de la redención en la pobreza y en la persecución, también la Iglesia está llamada a seguir el mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación”.

 

La misión comienza con el anuncio del Evangelio a los pueblos y a los grupos que aún no creen en Cristo; continúa con el establecimiento de comunidades cristianas y en la fundación de Iglesias locales que celebran la Eucaristía unidas a su obispo. Se realiza un proceso de inculturación para así encarnar el Evangelio en la cultura de los pueblos.

 

-         “La misión de la Iglesia reclama el esfuerzo hacia la unidad de los cristianos. En efecto, las divisiones entre los cristianos son un obstáculo para que la Iglesia lleve a cabo la plenitud de la catolicidad que le es propia en aquellos hijos que, incorporados a ella ciertamente por el bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión. Incluso se hace más difícil para la propia Iglesia expresar la plenitud de la catolicidad bajo todos los aspectos en la realidad misma de la vida”.

-         La tarea misionera implica un diálogo respetuoso con los que todavía no aceptan el Evangelio.

 

 

 

La Iglesia es apostólica:

 

La Iglesia es apostólica porque está fundada sobre los Apóstoles en un triple sentido:

 

1.- “Fue y permanece edificada sobre el fundamento de los Apóstoles, testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Cristo”.

2.- “Guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los Apóstoles”.

3.- “Sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los Apóstoles hasta la vuelta de Cristo gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral: el Colegio de los obispos, al que asisten los presbíteros juntamente con el sucesor de Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia”.

 

☻ La misión de los Apóstoles: Cristo eligió a los Doce para que continuaran su misión. “Apóstol” significa “enviado”.

“Como el Padre me envío, también yo os envío” (Jn 20, 21).

“Quien a vosotros recibe, a mí me recibe” (Mt 10, 40).

“Jesús los asocia a su misión recibida del Padre: Como el <<Hijo no puede hacer nada por su cuenta>> (Jn 5, 19.30), sino que todo lo recibe del padre que le ha enviado, así, aquellos a quienes Jesús envía no pueden hacer nada sin Él de quien reciben el encargo de la misión y el poder para cumplirla. Los Apóstoles de Cristo saben por tanto que están cualificados por Dios como <<ministros de una nueva alianza>> (2 Co 3, 6), <<ministros de Dios>> (2 Co 6, 4), <<embajadores de Cristo>> (2 Co 5, 20), <<servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios>> (1 Co 4, 1)”.

De los Apóstoles no se puede transmitir el que son testigos de la Resurrección del Señor y ser fundamentos de la Iglesia.

“Pero hay también un aspecto permanente de su misión. Cristo les ha prometido permanecer con ellos hasta el fin de los tiempos. Esta misión divina confiada por Cristo a los Apóstoles tiene que durar hasta el fin del mundo, pues el Evangelio que tienen que transmitir es siempre el principio de toda la vida de la Iglesia. Por eso los Apóstoles se preocuparon de instituir sucesores”.

☻  Los obispos, sucesores de los Apóstoles: “Para que continuase después de su muerte la misión a ellos confiada, (los Apóstoles) encargaron mediante una especie de testamento a sus colaboradores más inmediatos que terminaran y consolidaran la obra que ellos empezaron. Les encomendaron que cuidaran de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les había puesto para ser los pastores de la Iglesia de Dios. Nombraron, por tanto, de esta manera a algunos varones y luego dispusieron que, después de su muerte, otros hombres probados les sucedieran en el ministerio” (Lumen gentium n. 20).

       Así como el ministerio de Pedro es transmitido a sus sucesores, “los obispos han sucedido a los Apóstoles como pastores de la Iglesia. El que los escucha, escucha a Cristo y al que lo envió” (Lumen gentium n. 20).

 

☻  El apostolado: “Toda la Iglesia es apostólica mientras permanezca, a través de los sucesores de San Pedro y de los Apóstoles, en comunión de fe y de vida con su origen. Toda la Iglesia es apostólica en cuanto que ella es “enviada” al mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío. La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado. Se llama <<apostolado>> a toda la actividad del Cuerpo Místico que tiende a propagar el Reino de Cristo por toda la tierra”.

La fecundidad del apostolado depende de la unión vital del apóstol con Cristo. El apostolado tiene formas diversas.

“Pero la caridad, conseguida sobre todo en la Eucaristía, siempre es como el alma de todo apostolado”.

En la Iglesia existe ya y será consumado al fin de los tiempos “el Reino de los cielos”, “el Reino de Dios”. Entonces todos los hombres rescatados por Cristo “hechos en él santos e inmaculados en presencia de Dios en el Amor, serán reunidos como único Pueblo de Dios, la Esposa del Cordero, la Ciudad Santa que baja del cielo de junto a Dios y tiene la gloria de Dios; y <<la muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce Apóstoles del Cordero>> (Ap 21, 14)”.

 

 

 

RESUMEN:

 

●  “La Iglesia es una: Tiene un solo Señor, confiesa una sola fe, nace de un solo Bautismo, no forma más que un solo Cuerpo, vivificado por un solo Espíritu, orientado a una única esperanza a cuyo término se superarán todas las divisiones”.

 

●  “La Iglesia es santa: Dios santísimo es su autor; Cristo, su Esposo, se entregó por ella para santificarla; el Espíritu de santidad la vivifica”. Aunque comprenda pecadores ella es inmaculada. “En los santos brilla su santidad, en María es ya la enteramente santa”.

 

●  “La Iglesia es católica: Anuncia la totalidad de la fe; lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación; es enviada a todos los pueblos; se dirige a todos los hombres; abarca todos los tiempos; es, por su propia naturaleza, misionera”.

 

●  “La Iglesia es apostólica: Está edificada sobre sólidos cimientos: los doce Apóstoles del Cordero; es indestructible; se mantiene infaliblemente en la verdad: Cristo la gobierna por medio de Pedro y los demás Apóstoles, presentes en sus sucesores, el Papa y el Colegio de los obispos”.

 

●  “La única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es una, santa, católica y apostólica (...) subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él, aunque sin duda, fuera de su estructura visible, pueden encontrarse muchos elementos de santificación y de verdad” (Lumen gentium n. 8).

 


 

índice