índice

TEMA 66º

 

LOS FIELES DE CRISTO: JERARQUÍA, LAICOS, VIDA CONSAGRADA

(N. 871-933. Resúmenes 934--945)

 

 

“Son fieles cristianos quienes, incorporados a Cristo por el Bautismo, se integran en el Pueblo de Dios y, hechos partícipes a su modo por esta razón de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó cumplir a la Iglesia en el mundo”.

 

Por el Bautismo se da entre los fieles una verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y acción.

 

Hay diversidad de ministerios que sirven a la unidad de la misión. “A los Apóstoles y sus sucesores les confirió Cristo la función de enseñar, santificar y gobernar en su propio nombre y autoridad. Pero también los laicos, partícipes de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cumplen en la Iglesia y en el mundo la parte que les corresponde en la misión de todo el Pueblo de Dios”.

 

En estos dos grupos (jerarquía y laicos) hay fieles que por la profesión de los consejos evangélicos se consagran a Dios y contribuyen a la misión salvífica de la Iglesia según la manera particular que les es propia.

 

 

1.  La Constitución jerárquica de la Iglesia

2.  Los fieles cristianos laicos

3.  La vida consagrada

 

 

 

 

 

La Constitución jerárquica de la Iglesia:

 

■  Razón del ministerio eclesial: “Cristo el Señor, para dirigir al Pueblo de Dios y hacerle progresar siempre, instituyó en su Iglesia diversos ministerios que están ordenados al bien de todo el Cuerpo. En efecto, los ministros que posean la sagrada potestad están al servicio de sus hermanos para que todos los que son miembros del Pueblo de Dios (...) lleguen a la salvación” (Lumen gentium n. 18).

Nadie, ningún individuo ni ninguna comunidad se puede dar a sí mismo el mandato ni la misión de anunciar el Evangelio. Es Cristo el que manda predicar. “Eso supone ministros de la gracia, autorizados y habilitados por parte de Cristo. De Él reciben la misión y la facultad (el poder sagrado) de actuar in persona Christi Capitis”. El ministerio de la Iglesia se confiere por medio de un sacramento específico.

 

▪  El carácter de servicio está unido intrínsecamente a la naturaleza sacramental.

Los ministros son enteramente “siervos de Cristo”. “Como la palabra y la gracia de la cual son ministros no son de ellos, sino de Cristo que se las ha confiado para los otros, ellos se harán libremente siervos de todos”.

 

▪ Es propio de la naturaleza sacramental del ministerio eclesial tener un carácter colegial. Los Apóstoles formaban el grupo de los Doce. “Todo obispo ejerce su ministerio en el seno de colegio episcopal, en comunión con el obispo de Roma, sucesor de San Pedro y Cabeza del Colegio; los presbíteros ejercen su ministerio en el seno del Presbiterio de la diócesis, bajo la dirección de su obispo”.

 

▪  Es propio de la naturaleza sacramental el carácter personal: “Cuando los ministros de Cristo actúan en comunión, actúan siempre también de manera personal. Cada uno ha sido llamado personalmente (<<Tú, sígueme>> Jn 21, 22) y es responsable ante Cristo de la misión encomendada. “El ministerio sacramental en la Iglesia es, pues, un servicio colegial y personal a la vez, ejercido en nombre de Cristo”.

 

El colegio episcopal y su cabeza, el Papa: “Así como, por disposición del Señor, San Pedro y los demás Apóstoles forman un único Colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los Apóstoles”.

Sobre Pedro edificó Jesús la Iglesia y le confió las llaves de ella y la instituyó pastor de todo el rebaño. Recibió del Señor junto con los demás Apóstoles la función de atar y desatar.

“Este oficio pastoral de Pedro y de los demás Apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el Primado del Papa”.

 

▪  El Sumo Pontífice, obispo de Roma y sucesor de San Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles. El Papa tiene la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad.

 

▪   El colegio episcopal: Parte integrante de este colegio es el Romano Pontífice que es su Cabeza. Este colegio es también sujeto de la potestad suprema y plena sobre toda la Iglesia que no puede ejercer a no ser con el consentimiento del Romano Pontífice.

 

▪  El Concilio Ecuménico: En él se ejerce la potestad del colegio de los obispos sobre toda la Iglesia. No existe Concilio Ecuménico si el sucesor de Pedro no lo ha aprobado o al menos aceptado como tal.

 

▪   Cada uno de los obispos es el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares. Como tales ejercen su gobierno pastoral sobre la porción del Pueblo de Dios que le ha sido confiada, asistidos por los presbíteros y diáconos. Cada uno de ellos participa de la solicitud por todas las Iglesias.

 

▪   Conferencias episcopales; sínodos y concilios provinciales: Son reuniones de obispos vecinos o de cultura homogénea o de la misma provincia o Patriarcado. Que tienen como fin ayudarse en la tarea pastoral.

La misión de enseñar: “Los obispos con los presbíteros, sus colaboradores, tienen como primer deber el anunciar a todos el Evangelio de Dios”. Son los maestros auténticos por estar dotados de la autoridad de Cristo.

La Iglesia es infalible. Por medio del sentido sobrenatural de la fe, el Pueblo de Dios se une indefectiblemente a la fe, bajo la guía del Magisterio vivo de la Iglesia.

El Magisterio de la Iglesia garantiza que la fe profesada es la auténtica y vela para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad que libera. “Para cumplir este servicio, Cristo ha dotado a los pastores con el carisma de infalibilidad en materia de fe y costumbres”.

 

▪  El Romano Pontífice goza de esta infalibilidad cuando “como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral”.

 

▪  Es infalible, también, el Colegio episcopal unido a su Cabeza, sobre todo en el Concilio Ecuménico cuando propone que algo se debe aceptar “como revelado por Dios para ser creído”. Hay que aceptar sus definiciones con la obediencia de la fe.

     La enseñanza ordinaria del Papa y de los obispos unidos a Él debe ser aceptada con obediencia religiosa en materia de fe y costumbres.

 

 

■  La misión de santificar: “El obispo es el administrador de la gracia del sumo sacerdocio, en particular en la Eucaristía que él mismo ofrece, o cuya oblación asegura por medio de los presbíteros, sus colaboradores. Porque la Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia particular”.

El obispo y los presbíteros santifican la Iglesia con su ejemplo, con su oración y con su trabajo, por medio del ministerio de la palabra y de los sacramentos. “Así es como llegan a la vida eterna junto con el rebaño que les fue confiado”.

 

 

 

La misión de gobernar: Los obispos gobiernan las Iglesias particulares con su autoridad y su potestad sagrada que ejercen en nombre de Cristo. “Esta potestad es propia, ordinaria e inmediata. Su ejercicio, sin embargo, está regulado en último término por la suprema autoridad de la Iglesia”. La autoridad del obispo se ejerce en comunión con toda la Iglesia bajo la guía del Romano Pontífice.

     “El Buen Pastor será el modelo y la forma de la misión pastoral del obispo. Consciente de sus propias debilidades, el obispo puede disculpar a los ignorantes y extraviados. No debe negarse nunca a escuchar a sus súbditos, a los que cuida como verdaderos hijos (...) Los fieles, por su parte, deben estar unidos a su obispo como la Iglesia a Cristo y como Jesucristo al Padre”.

“Obedeced todos al obispo como Jesucristo a su Padre, y al Presbiterio como a los Apóstoles; en cuanto a los diáconos, respetadlos como a la ley de Dios. Que nadie haga al margen del obispo nada en lo que atañe a la Iglesia”. (San Ignacio de Antioquía).

 

 

Los fieles cristianos laicos:

 

“Por laicos se entiende aquí a todos los cristianos, excepto los miembros del orden sagrado y del estado religioso reconocido en la Iglesia. Son, pues, los cristianos que están incorporados a Cristo por el Bautismo, que forman el Pueblo de Dios y que participan a su manera de las funciones de Cristo, sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo” (Lumen gentium n. 31)

 

▓  La vocación de los laicos:

La vocación propia del laico es buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales, iluminándolas y ordenándolas según Dios. Deben procurar que la doctrina y la salvación de Cristo impregnen las realidades sociales, políticas y económicas.

“Como todos los fieles, laicos están encargados por Dios del apostolado en virtud del Bautismo y de la Confirmación y por eso tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la tierra y esta obligación es tanto más apremiante cuando sólo por medio de ellos los demás hombres pueden oír el Evangelio y conocer a Cristo. En las comunidades eclesiales, su acción es tan necesaria que, sin ella, el apostolado de los pastores no puede obtener en la mayoría de las veces su plena eficacia”.

 

▓  La participación de los laicos en la misión sacerdotal de Cristo:

Los laicos ofrecen sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo: el trabajo, el descanso, las molestias que se producen en la vida, la vida familiar todo puede ser santificado y ofrecido a Dios. Los laicos se santifican en esas tareas ordinarias de la vida.

“Los laicos, si tienen las cualidades requeridas, pueden ser admitidos de manera estable a los ministerios de lectores y de acólito”. “Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no hay ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirle en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la Palabra, presidir las oraciones litúrgicas, administrar el Bautismo y dar la Sagrada Comunión, según las prescripciones del derecho” (C.I.C. cn. 230 § 3).

 

▓  Participación en la misión profética de Cristo:

“Cristo (...) realiza su función profética no sólo a través de la jerarquía (...) Sino también por medio de los laicos. Él los hace sus testigos y les da el sentido de la fe y la gracia de la palabra” (Lumen gentium n. 35)

“Este apostolado no consiste sólo en el testimonio de vida; el verdadero apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra, tanto a los no creyentes (...) como a los fieles” (Apostolicam actuositatem n. 6).

“Los fieles laicos que sean capaces de ello y que se formen para ello también pueden prestar su colaboración en la formación catequética, en la enseñanza de las ciencias sagradas, en los medios de comunicación social”.

“Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio de manifestar a los pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestarla a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y la reverencia hacia los pastores, habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas” (C.I.C. cn 212 § 3).

▓  Su participación en la misión regia de Cristo:

Lo primero que hay que regir y gobernar son las propias pasiones, el propio cuerpo para vivir alejados del pecado con la libertad que Cristo nos ha ganado en la cruz.

Además deben procurar que las estructuras y condiciones del mundo favorezcan la práctica de las virtudes y sean conformes con las normas de la justicia.

También los seglares pueden colaborar con sus pastores para ejercer diversos ministerios: concilios particulares, sínodos diocesanos, consejos pastorales, tarea pastoral de una parroquia, consejo de los asuntos económicos, tribunales eclesiásticos, etc.

“Los fieles han de aprender a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros de la sociedad humana. Deben esforzarse en integrarlos en buena armonía, recordando que en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia cristiana. En efecto, ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, pueden sustraerse a la soberanía de Dios”.

 

 

La vida consagrada:

 

“El estado de vida que consiste en la profesión de los consejos evangélicos, aunque no pertenezca a la estructura jerárquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo, indiscutiblemente a su vida y a su santidad”.

 

♠   Consejos evangélicos, vida consagrada:

Todos los fieles cristianos deben vivir todas las virtudes.

Quienes asumen la vida consagrada se comprometen por un nuevo título a practicar la castidad en el celibato por el Reino, la pobreza y la obediencia.

“La profesión de estos consejos en un estado de vida estable reconocido por la Iglesia es lo que caracteriza la vida consagrada a Dios”.

Teniendo su raíz en el Bautismo esta vida busca entregarse del todo a Dios y, persiguiendo la perfección de la caridad, significar y anunciar en la Iglesia la gloria del mundo futuro.

 

 

♠   Un gran árbol, múltiples ramas:

De este mismo árbol han crecido diversas formas de vida, solitaria o comunitaria, y diversas familias religiosas que se desarrollan para el progreso de sus miembros y para el bien de todo el cuerpo de Cristo.

“La aprobación de nuevas formas de vida consagrada está reservada a la Sede Apostólica”.

 

♠   La vida eremítica:

“Sin profesar siempre públicamente los tres consejos evangélicos, los ermitaños, con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia, dedican su vida a la alabanza de Dios y salvación del mundo”.

La vida eremítica es un llamamiento particular a encontrar en el desierto, en el combate espiritual, la gloria del crucificado.

 

♠   Las vírgenes y las viudas consagradas:

Desde los tiempos apostólicos, vírgenes y viudas cristianas llamadas por el Señor para consagrarse a Él enteramente con una libertad mayor de corazón, de cuerpo y de espíritu, han tomado la decisión, aprobada por la Iglesia, de vivir respectivamente en estado de virginidad o de castidad perpetua <<a causa del Reino de los cielos>> (Mt 19, 12)”.

Las vírgenes son consagradas a Dios por el obispo diocesano según el rito litúrgico aprobado.

“Semejante a otras formas de vida consagrada, el orden de las vírgenes sitúa a la mujer que vive en el mundo (o la monja) en el ejercicio de la oración, de la penitencia, del servicio a los hermanos y del trabajo apostólico, según el estado y los carismas respectivos ofrecidos a cada una. Las vírgenes consagradas pueden asociarse para guardar su propósito con mayor fidelidad”.

 

♠  La vida religiosa:

“Nacida en Oriente en los primeros siglos del cristianismo y vivida en los institutos canónicamente erigidos por la Iglesia, la vida religiosa se distingue de las otras formas de vida consagrada por el aspecto cultual, la profesión pública de los consejos evangélicos, la vida fraterna llevada en común, y por el testimonio dado de la unión de Cristo y de la Iglesia”.

La vida religiosa nace del misterio de la Iglesia y es un don de su Señor.

Los religiosos son colaboradores del obispo diocesano en su misión pastoral. “La historia da testimonio de los grandes méritos de las familias religiosas en la propagación de la fe y en la formación de las nuevas Iglesias: desde las antiguas instituciones monásticas, las órdenes medievales y hasta las congregaciones modernas”.

“La implantación y expansión misionera requieren la presencia de la vida religiosa en todas sus formas”.

 

♠  Los institutos seculares:

“Un instituto secular es un instituto de vida consagrada en el cual los fieles, viviendo en el mundo, aspiran a la perfección de la caridad y se dedican a procurar la santificación del mundo, sobre todo desde dentro de él” (C.I.C. cn 710).

Los miembros de los institutos seculares obran en el mundo a manera de fermento para evangelizarlo desde dentro.

“Mediante vínculos sagrados, asumen los consejos evangélicos y observan entre sí la comunión y la fraternidad propias de su modo de vida secular”.

 

♠  Las sociedades de vida apostólica:

Sus miembros sin hacer votos religiosos buscan el fin apostólico propio de la sociedad, llevan una vida fraterna en común y aspiran a la santidad por la observancia de las constituciones. “Entre éstas, existen sociedades cuyos miembros (...) abrazan los consejos evangélicos mediante un vínculo determinado por las constituciones”.

 

♠  Consagración y misión: anunciar al Rey que viene:

Los que abrazan los consejos evangélicos tienen como primera misión vivir su consagración y contribuir de modo especial a la tarea misionera de la Iglesia.

“Los que siguen este camino más estrecho estimulan con su ejemplo a sus hermanos; les dan este testimonio admirable de que sin el espíritu de las bienaventuranzas no se puede transformar este mundo y ofrecerlo a Dios”.

“El Pueblo de Dios, en efecto, no tiene aquí una ciudad permanente, sino que busca la futura. Por eso el estado religioso (...) manifiesta también mucho mejor a todos los creyentes los bienes del cielo, ya presentes en este mundo. También da testimonio de la vida nueva y eterna adquirida por la redención de Cristo y anuncia ya la resurrección futura y la gloria del Reino de los cielos”.

 

_______________________________________________________

 

RESUMEN:

 

●  “Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros sagrados, que en el derecho se denominan clérigos; los demás se llaman laicos”. Hay fieles (laicos o clérigos) que se consagran a Dios por la profesión de los consejos evangélicos y sirven así a la misión de la Iglesia (religiosos, frailes, consagrados, vírgenes, eremitas...).

 

●  “Para anunciar su fe y para implantar su Reino, Cristo envía a sus Apóstoles y a sus sucesores. Él les da parte en su misión. De Él reciben el poder de obrar en su nombre”.

 

●   “El Señor hizo de San Pedro el fundamento visible de su Iglesia. Le dio las llaves de ella. El obispo de la Iglesia de Roma, sucesor de San Pedro, es la Cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra”.

 

● “El Papa goza, por institución divina, de una potestad suprema, plena, inmediata y universal para cuidar las almas”.

 

● “Los obispos, instituidos por el Espíritu Santo, suceden a los Apóstoles. Cada uno de los obispos, por su parte, es el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares”.

 

● “Los obispos, ayudados por los presbíteros, sus colaboradores, y por los diáconos, tienen la misión de enseñar auténticamente la fe, de celebrar el culto divino, sobre todo la Eucaristía, y de dirigir su Iglesia como verdaderos pastores. A su misión pertenece también el cuidado de todas las Iglesias, con y bajo el Papa”.

 

 

 

●  “Siendo propio del estado de los laicos vivir en medio del mundo y de los negocios temporales, Dios les llama a que, movidos por el espíritu cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento”.

 

● “Los laicos participan en el sacerdocio de Cristo: cada vez más unidos a Él, despliegan la gracia del Bautismo y la de la Confirmación a través de todas las dimensiones de la vida personal, familiar, social y eclesial, y realizan así el llamamiento a la santidad dirigido a todos los bautizados”.

 

● “Gracias a su misión profética, los laicos están llamados a ser testigos de Cristo en todas las cosas, también en el interior de la sociedad humana”.

 

●  “Debido a su misión regia, los laicos tienen el poder de arrancar al pecado su dominio sobre sí mismos y sobre el mundo por medio de su abnegación y santidad de vida”.

 

●  “La vida consagrada se caracteriza por la profesión pública de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia en un estado de vida estable reconocido por la Iglesia”.

 

●  La vida consagrada compromete al bautizado más íntimamente en el servicio divino y al bien de toda la Iglesia.


 

índice