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TEMA 69º

 

LAS EXEQUIAS CRISTIANAS

(N. 1680-1690)

 

 

“Todos los sacramentos, principalmente los de la iniciación cristiana, tienen como fin último la Pascua definitiva del cristiano, es decir, la que a través de la muerte hace entrar al creyente en la vida del Reino. Entonces se cumple en él lo que la fe y la esperanza han confesado: <<Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro>>”.

 

 

1.  La última Pascua del cristiano

2.  La celebración de las exequias

 

 

La última Pascua del cristiano:

 

La muerte cristiana tiene todo su sentido en el Misterio pascual de la muerte y resurrección de Cristo. “El cristiano que muere en Cristo Jesús sale de este cuerpo para vivir con el Señor”.

 

“El día de la muerte inaugura para el cristiano, al término de su vida sacramental, la plenitud de su nuevo nacimiento comenzado en el Bautismo, la semejanza definitiva a imagen del Hijo, conferida por la unción del Espíritu Santo y la participación en el banquete del Reino anticipado en la Eucaristía, aunque pueda todavía necesitar últimas purificaciones para revestirse de la túnica nupcial”.

 

“La Iglesia que, como Madre, ha llevado sacramentalmente en su seno al cristiano durante su peregrinación terrena, lo acompaña al término de su caminar para entregarlo en las manos del Padre. La Iglesia ofrece al Padre, en Cristo, al hijo de su gracia, y deposita en la tierra, con esperanza, el germen del cuerpo que resucitará en la gloria. Esta ofrenda es plenamente celebrada en el sacrificio eucarístico; las bendiciones que preceden y siguen son sacramentales”.

 

La celebración de las exequias:

 

Las exequias cristianas son una celebración litúrgica. Los diferentes ritos expresan el carácter pascual de la muerte cristiana y tienen en cuenta las tradiciones y situaciones de cada región aun en lo referente al color litúrgico.

 

El ordo exequiarum o Ritual de los funerales de la liturgia romana propone tres tipos de exequias: la casa, la iglesia, el cementerio.

 

1.    La acogida de la comunidad: Los familiares reciben una palabra de consolación en el Espíritu y de esperanza. La muerte de un miembro de la comunidad nos debe ayudar a superar las perspectivas de este mundo y atraer a las verdaderas perspectivas de Cristo resucitado.

2.    La liturgia de la Palabra: La homilía debe evitar el género literario de elogio fúnebre y debe iluminar el misterio de la muerte cristiana a la luz de Cristo resucitado.

3.    El sacrificio eucarístico: Cuando la celebración tiene lugar en la Iglesia, la Eucaristía es el corazón de la realidad pascual de la muerte cristiana. La Iglesia pide que su hijo sea purificado de sus pecados y de sus consecuencias y que sea admitido a la plenitud pascual de la mesa del Reino, por los méritos de Jesucristo que se ofrece en el altar.

Comulgando con el Cuerpo de Cristo la comunidad ora por el difunto y con él.

4.    El adiós (“a Dios”) al difunto es su recomendación a Dios por la Iglesia. Es el último adiós por el que la comunidad cristiana despide a uno de sus miembros antes que su cuerpo sea llevado a su sepulcro. La tradición bizantina lo expresa con el beso de adiós al difunto.

Con este saludo final “se canta por su partida de esta vida y por su separación, pero también porque existe una comunión y una reunión. En efecto, una vez muertos no estamos en absoluto separados unos de otros, pues todos recorremos el mismo camino y nos volveremos a encontrar en un mismo lugar. No nos separemos jamás, porque vivimos para Cristo y ahora estamos unidos a Cristo, yendo hacia Él (...) estaremos todos juntos en Cristo”. (San Simeón de Tesalónica).


 

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