índice

TEMA 70º

 

 

AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, CON TODA TU ALMA Y CON TODAS TUS FUERZAS.

EL PRIMER MANDAMIENTO

(N. 2083-2132. Resúmenes 2133-2141)

 

 

“Yo, el Señor, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto” (Ex 20, 2-5).

 

“Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, sólo a Él darás culto” (Mt 4, 10).

 

 

1. “Adorarás al Señor tu Dios, y le servirás”

2. “A Él solo darás culto”

3. “No habrá para ti otros dioses delante de mí”

4. “No te harás escultura alguna...”

 

 

“Adorarás al Señor tu Dios, y le servirás”:

 

Dios se da a conocer recordando su acción bienhechora sobre el pueblo: “te saqué del país de Egipto, de la casa de la servidumbre”. Y exige que el hombre le adore sólo a Él.

Es el Dios único y verdadero el que se revela al pueblo de Israel, a su vez el pueblo, a través de sus obras, debe hacer manifiesto a Dios ante los demás pueblos.

 

A) La fe: “San Pablo habla de la <<obediencia de la fe>> como de la primera obligación. Hace ver en el <<desconocimiento de Dios>> el principio y la explicación de todas las desviaciones morales. Nuestro deber para con Dios es creer en Él y dar testimonio de Él”.

“El primer mandamiento nos pide que alimentemos y guardemos con prudencia y vigilancia nuestra fe y que rechacemos todo lo que se opone a ella”.

Los pecados contra la fe son de diverso tipo:

-         La duda voluntaria: Respecto a Dios o a la Iglesia que nos propone la fe.

-         La duda involuntaria: Vacilación en la fe que es fruto de la ansiedad ante la oscuridad de la fe. “Si la duda se fomenta deliberadamente, puede conducir a la ceguera de espíritu”.

-         La incredulidad: Es el menosprecio de la verdad revelada o el rechazo voluntario de prestarle asentimiento.

-         La herejía: Negación o duda pertinaz acerca de una verdad de fe divina y católica, después de haber recibido el Bautismo.

-         Apostasía: Es el rechazo total de la fe cristiana de quien una vez la tuvo.

-         Cisma: El rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos.

 

B) La esperanza: “La esperanza es aguardar confiadamente la bendición divina y la bienaventurada visión de Dios; es también el temor de ofender el amor de Dios y de provocar su castigo”.

Pecados contra la esperanza son:

-         La desesperación: Se pierde la confianza de llegar a la salvación o al perdón de los pecados. Este pecado se opone a la Bondad de Dios (que es fiel a sus promesas) y a su misericordia.

-         La presunción: Es de dos tipos, o bien el hombre presume de sus capacidades (esperando poder salvarse sin la ayuda de lo alto), o bien presume de la omnipotencia o de la misericordia divina (esperando obtener su perdón sin conversión y la gloria sin mérito).

 

 

 

 

 

C)  La caridad: “El primer mandamiento nos ordena amar a Dios sobre todas las cosas y a las criaturas por Él y a causa de Él”.

Pecados contra el amor de Dios son:

-         La indiferencia: Rechaza la consideración de la caridad divina.

-         La ingratitud: Omite o se niega a reconocer la caridad divina y a devolverle amor por amor.

-         La tibieza: Vacilación o negligencia en responder al amor divino.

-         La acedía o pereza espiritual: Llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino.

-         El odio a Dios: Tiene su origen en el orgullo; “se opone al amor de Dios cuya bondad niega y lo maldice porque condena el pecado e inflige penas”.

 

 

“A Él solo darás culto”:

 

La fe impulsada por la caridad nos lleva a dar a Dios lo que en justicia le debemos como criaturas. La virtud de la religión nos dispone a esta actitud.

 

La adoración: Es el primer acto de la virtud de la religión.

“Adorar a Dios es reconocerle como Dios, como Creador y como Salvador, Señor y Dueño de todo lo que existe, como Amor infinito y misericordioso”. Dice Jesús: “Adorarás al Señor tu Dios y a él sólo darás culto” (Lc 4, 8).

 

Adorar a Dios es alabarlo, exaltarle y humillarse a sí mismo, como hace María en el Magnificat, confesando con gratitud que Él ha hecho grandes cosas y que su nombre es Santo.

 

“La adoración del Dios único libera al hombre del repliegue sobre sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo”.

 

La oración: Es la elevación del espíritu hacia Dios para alabarle, darle gracias, pedir perdón y pedirle beneficios.

 

“La oración es una condición indispensable para poder obedecer los mandamientos de Dios”. “Es preciso orar siempre sin desfallecer” (Lc 18, 1).

El sacrificio: “Es justo ofrecer a Dios sacrificios en señal de adoración de gratitud, de súplica y de comunión”.

El sacrificio exterior, para ser auténtico, debe ser expresión del sacrificio espiritual. “Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9, 13; 12, 7) dice Jesús porque en la misericordia está el verdadero sacrificio. “El único sacrificio perfecto es el que ofreció Cristo en la cruz en ofrenda total al amor del Padre y por nuestra salvación. Uniéndonos a su sacrificio, podemos hacer de nuestra vida un sacrificio para Dios”.

 

Promesas y votos: “En varias circunstancias, el cristiano es llamado a hacer promesas a Dios. El Bautismo y la Confirmación, el Matrimonio y la Ordenación las exigen siempre. Por devoción personal, el cristiano puede también prometer a Dios un acto, una oración, una limosna, una peregrinación , etc. La fidelidad a las promesas hechas a Dios es una manifestación de respeto a la Majestad divina y de amor hacia el Dios fiel”.

 

El voto, es decir, la promesa deliberada y libre hecha a Dios acerca de un bien posible y mejor, debe cumplirse por la virtud de la religión. El voto es un acto de devoción en el que el cristiano se consagra a Dios o le promete una obra buena. Los Hechos de los Apóstoles nos muestran a San Pablo cumpliendo los votos que había hecho (cf. Hch 18,18; 21, 23-24).

 

“La Iglesia reconoce un valor ejemplar a los votos de practicar los consejos evangélicos”.

 

“En algunos casos, la Iglesia, puede, por razones proporcionadas, dispensar de los votos y las promesas”.

 

El deber social de la religión y el derecho a la libertad religiosa: “Todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla” (Conc. Vaticano II Dignitatis humanae n. 1). Este deber no contradice el respeto que se debe tener por los hombres que viven en el error o en la ignorancia. La caridad mueve a los cristianos a iluminar los caminos de la tierra.

 

El deber de rendir a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado. Los cristianos están llamados a ser luz del mundo, informando con el espíritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que cada uno vive. Dando a conocer el Evangelio.

 

“En materia religiosa, ni se obligue a nadie a actuar contra su conciencia, ni se la impida que actúe conforme a ella, pública o privadamente, solo o asociado con otros, dentro de los debidos límites” (Dignitatis humanae n. 2).

 

 

La verdad no se puede imponer por la fuerza, se acepta libremente conforme a la dignidad humana.

 

“Si teniendo en cuenta las circunstancias peculiares de los pueblos, se concede a una comunidad religiosa un reconocimiento civil especial en el ordenamiento jurídico de la sociedad, es necesario que al mismo tiempo se reconozca y se respete el derecho a la libertad en materia religiosa a todos los ciudadanos y comunidades religiosas” (Dignitatis humanae n. 6).

 

“El derecho a la libertad religiosa no es ni la permisión moral de adherirse al error, ni un supuesto derecho al error, sino un derecho natural de la persona humana a la libertad civil, es decir, a la inmunidad de coacción exterior, en los justos límites, en materia religiosa por parte del poder político. Este derecho natural debe ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad de manera que constituya un derecho civil”.

 

El derecho a la libertad religiosa tiene sus justos límites en el bien común y el “orden público” prudentemente considerado.

 

 

“No habrá para ti otros dioses delante de mí”:

 

El primer mandamiento prohíbe honrar a dioses distintos del Único Señor que se ha revelado a su pueblo.

 

 

La superstición: Es una perversión por exceso. “La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone”. Cuando damos culto al Dios verdadero se puede caer en la superstición si se atribuye un poder mágico a ciertas prácticas por sí mismas. “Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición”.

 

La idolatría: “El primer mandamiento condena el politeísmo. Exige al hombre no creer en otros dioses que el Dios verdadero. Y no venerar otras divinidades que el único Dios”.

La Escritura fustiga al que da culto a los ídolos de oro y plata que tienen ojos y no ven, orejas y no oyen, boca y no hablan y que hacen necios a sus adoradores. “Dios, por el contrario, es el Dios vivo, que da vida e interviene en la historia”.

“La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios”. Pueden ser; dioses o demonios (satanismo), de poder, de placer, de la raza, de los antepasados, del Estado, del dinero, etc.

“No podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6, 24). Numerosos mártires han muerto por no adorar a la Bestia, negándose incluso a simular su culto.

“La idolatría rechaza el único Señorío de Dios; es, por tanto, incompatible con la comunión divina”.

La adoración al Dios único da unidad a la vida del hombre y evita que se disperse en mil “señores”. “El idólatra es el que aplica a cualquier cosa en lugar de Dios, la indestructible noción de Dios”.

 

Adivinación y magia: “Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a otros Santos”. En lo que se refiere al futuro el cristiano se entrega confiadamente en la providencia divina sin una curiosidad malsana acerca del porvenir. En esta actitud el cristiano debe ser responsable y prever aquellos acontecimientos que la inteligencia (“chispazo de la inteligencia divina) le alcance a vislumbrar.

 

■  La adivinación debe rechazarse: “El recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone desvelan el porvenir”.

“La consulta de los horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a mediums encierra una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios”.

 

Magia o hechicería: “Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo -aunque sea para procurar la salud-, son gravemente contrarios a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible”.

 

■  El espiritismo: Implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él.

 

■  “El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legitima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo”.

 

La irreligión: Los principales pecados de irreligión que reprueba el primer mandamiento son:

 

Tentar a Dios: Con palabras u obras se pone a prueba la bondad u omnipotencia divinas. Así quería Satán que Jesús se arrojase de lo alto del templo de modo espectacular para que los ángeles lo recogieran ante la admiración de todos. “No tentarás al Señor tu Dios” (Lc 4, 12). “El reto que contiene este tentar a Dios lesiona el respeto y la confianza que debemos a nuestro Creador y Señor. Incluye siempre una duda respecto a su amor, su providencia y su poder”.

 

 

 

♦  El sacrilegio: “Consiste en profanar o tratar indignamente los sacramentos y las otras acciones litúrgicas, así como las personas, las cosas y los lugares consagrados a Dios. El sacrilegio es un pecado grave sobre todo cuando es cometido contra la Eucaristía, pues en este sacramento el Cuerpo de Cristo se nos hace presente substancialmente”.

 

♦  La simonía: Es la compra o venta de cosas espirituales. Simón el Mago quiso comprar a los Apóstoles el poder de conferir el Espíritu Santo. Pedro le respondió: “Vaya tu dinero a la perdición y tú con él, pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero” (Hch 8, 20). “Gratis lo recibisteis, dadlo gratis” (Mt 10, 8), advierte Jesús a sus discípulos. Sólo Dios es dueño de los bienes espirituales y sólo Él los reparte gratuitamente.

“Fuera de las ofrendas determinadas por la autoridad competente, el ministro no debe pedir nada por la administración de los sacramentos, y ha de procurar siempre que los necesitados no queden privados de la ayudas de los sacramentos por razón de su pobreza. La autoridad competente puede fijar estas ofrendas atendiendo al principio de que el pueblo cristiano debe contribuir al sostenimiento de los ministros de la Iglesia. <<El obrero merece su sustento>> (Mt 10, 10)”.

 

El ateísmo: Consiste en el rechazo explícito de Dios.

El ateísmo se manifiesta de varias formas:

 

Materialismo práctico: Limita las aspiraciones humanas al espacio y al tiempo.

 

♠  El humanismo ateo: Sólo el hombre es artífice de su propia historia.

 

“Otra forma de ateísmo contemporáneo espera la liberación del hombre de una liberación económica y social para la que la religión, por su propia naturaleza, constituiría un obstáculo, porque, al orientar la esperanza del hombre hacia una vida futura ilusoria, lo apartaría de la construcción de la ciudad terrena”.

“En cuanto rechaza o niega la existencia de Dios, el ateísmo es un pecado contra la virtud de la religión”. En las causas del ateísmo los creyentes tienen una responsabilidad grande en cuanto pueden haber descuidado la educación en la fe o por una exposición falsificada de la doctrina, o por los malos ejemplos que hayan podido dar en su vida.

 

“Con frecuencia el ateísmo se funda en una concepción falsa de la autonomía humana, llevada hasta el rechazo de toda dependencia respecto a Dios. Sin embargo, el reconocimiento de Dios no se opone en ningún modo a la dignidad del hombre, ya que esta dignidad se funda y se perfecciona en el mismo Dios. La Iglesia sabe muy bien que su mensaje conecta con los deseos más profundos del corazón humano”.

 

El agnosticismo: Reviste varias formas:

 

ﺀ  No niega a Dios pero este Dios no se puede conocer, no se revela, nadie puede decir algo sobre Él.

 

ﺀ  En otros casos rehuye la cuestión sobre la existencia de Dios que no se podría ni negar ni afirmar.

 

“El agnosticismo puede contener a veces una cierta búsqueda de Dios, pero puede igualmente presentar un indiferentismo, una huida ante la cuestión última de la existencia, y una pereza de la conciencia moral. El agnosticismo equivale con mucha frecuencia a un ateísmo práctico”.

 

 

“No te harás escultura alguna...”:

 

“Puesto que no visteis figura alguna el día en que el Señor os habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayáis a prevaricar y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea...” (Dt 4, 15-16). El Dios trascendente está por encima de todo lo creado.

 

Sin embargo ya en el Antiguo Testamento Dios ordenó o permitió el uso de imágenes: la serpiente de bronce, el arca de la Alianza y los querubines. Todas ellas conducen simbólicamente a la salvación del Verbo encarnado.

“Fundándose en el misterio del Verbo encarnado, el séptimo Concilio ecuménico (celebrado en Nicea el año 787), justificó contra las iconoclastas el culto de las sagradas imágenes: las de Cristo, pero también las de la Madre de Dios, de los ángeles y de todos los santos. El Hijo de Dios, al encarnarse, inauguró una nueva economía de las imágenes”.

 

“El culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento que proscribe los ídolos. En efecto, el honor dado a una imagen se remonta al modelo original, el que venera una imagen, venera en ella la persona que en ella está representada”.

 

“El honor tributado a las imágenes sagradas es una veneración respetuosa, no una adoración, que sólo corresponde a Dios”.

 

_______________________________________________________

 

RESUMEN:

 

●  “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6, 5).

 

●  “El primer mandamiento llama al hombre para que crea en Dios, espere en Él y lo ame sobre todas las cosas”.

 

●  “<<Al Señor tu Dios adorarás>> (Mt 4, 10). Adorar a Dios, orar a Él, ofrecerle el culto que le corresponde, cumplir las promesas y los votos que se le han hecho, son todos ellos actos de la virtud de la religión que constituyen la obediencia al primer mandamiento”.

 

●  “El deber de dar a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado”.

 

·        “El hombre debe poder profesar libremente la religión en público y en privado”.

 

·        “La superstición es una desviación del culto que debemos al verdadero Dios, la cual conduce a la idolatría y a distintas formas de adivinación y magia”.

 

 

·        “La acción de tentar a Dios de palabra o de obra, el sacrilegio y la simonía son pecados de irreligión, prohibidos por el primer mandamiento”.

 

·        “El ateísmo, en cuanto niega o rechaza la existencia de Dios, es un pecado contra el primer mandamiento”.

 

·        “El culto de las imágenes sagradas está fundado en el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios. No es contrario al primer mandamiento”.

 

índice