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TEMA 75º

 

 

MARÍA, MADRE DE CRISTO,

MADRE DE LA IGLESIA

(N. 963-972. Resúmenes 973-975)

 

 

1.  La maternidad de María respecto de la Iglesia

2.   El culto a la bienaventurada Virgen María

3.   María icono escatológico de la Iglesia

 

 

La maternidad de María respecto de la Iglesia:

 

a) Totalmente unida a su Hijo…: “El papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo, deriva directamente de ella. <<Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte>> (Lumen gentium n. 57). Se manifiesta particularmente en la hora de su Pasión”.

 

En la Cruz Jesús le dio como madre al discípulo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26-27).

 

Después de la Ascensión María estuvo presente en los comienzos de la Iglesia con sus oraciones, pidiendo el don del Espíritu “que en la Anunciación le había cubierto con su sombra”.

 

b) … También en su Asunción…: La Inmaculada Virgen María, “terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte”.

 

La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos”.

 

c) … Ella es nuestra Madre en el orden de la gracia: Por su adhesión a la voluntad del Padre, por su total aceptación y apoyo a la obra redentora de su Hijo y por su docilidad a las mociones del Espíritu Santo, la Virgen María es modelo de fe y de caridad, es “miembro supereminente y singular de la Iglesia”, es figura o tipo de la Iglesia.

 

Ella es nuestra Madre en el orden de la gracia porque “colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador por su obediencia, su fe, esperanza y ardiente amor, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres”.

 

Desde la Anunciación hasta su entrada en el cielo la Virgen María es Madre nuestra y procura para nosotros los dones de la salvación intercediendo ante la Santísima Trinidad. La Virgen María es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora…

 

“La misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia. En efecto, todo el influjo de la Santísima Virgen en la salvación de los hombres (…) brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de ella saca toda su eficacia” (Lumen gentium n. 60).

 

 

El culto a la bienaventurada Virgen María:

 

“Me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1, 48). La Virgen María es honrada con razón por la Iglesia con un culto especial. Ella es la Madre de Dios. Este culto singular es diferente del culto de adoración que se da al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo pero lo favorece poderosamente.

 

La Iglesia expresa el culto a María en las fiestas litúrgicas dedicadas a la Madre de Dios y en la oración mariana, como el Santo Rosario, “síntesis de todo el Evangelio”.

 

 

María icono escatológico de la Iglesia:

 

En María contemplamos lo que es la Iglesia en su misterio, en su peregrinación de la fe y lo que será al final de su marcha.

 

 

 

 

 

RESUMEN:

 

●  “Al pronunciar el Fiat de la Anunciación y al dar su consentimiento al misterio de la Encarnación, María colabora ya en toda la obra que debe llevar a cabo su Hijo. Ella es madre allí donde Él es Salvador y Cabeza del Cuerpo místico”.

 

● “La Santísima Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, en donde ella participa ya en la gloria de la resurrección de su Hijo, anticipando la resurrección de todos los miembros de su cuerpo”.

 

●  “Creemos que la Santísima Virgen Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo ejercitando su oficio materno con respecto a los miembros de Cristo”.

 

 

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