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TEMA 76º

 

 

CREO EN EL PERDÓN

 DE LOS PECADOS

(N. 976-983. Resúmenes 984-987)

 

 

“Al dar el Espíritu Santo a sus Apóstoles, Cristo resucitado les confirió su propio poder divino de perdonar los pecados: <<Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos>> (Jn 20, 22-23).

 

1.  Un solo Bautismo para el perdón de los pecados

2.   La potestad de las llaves

 

Un solo Bautismo para el perdón de los pecados:

 

“Nuestro Señor vinculó el perdón de los pecados a la fe y al Bautismo: <<Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará>> (Mc 16, 15-16). El Bautismo es el primero y principal sacramento del perdón de los pecados porque nos une a Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación, a fin de que <<vivamos también una vida nueva>> (Rm 6, 4)”.

 

El Bautismo borra todos los pecados, incluso el pecado original, pero no libra a la persona de sus debilidades. El bautizado debe luchar toda su vida contra aquellas inclinaciones que le llevan al mal. En esta lucha serán normales las caídas pues nadie puede evitar toda herida de pecado. Por medio del sacramento de la Penitencia, el bautizado puede reconciliarse con Dios y con la Iglesia.

 

 

 

 

La potestad de las llaves:

 

“Cristo, después de su Resurrección, envió a sus Apóstoles a predicar <<en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones>> (Lc 24, 47)”. Pero no sólo les comunicó la misión de predicar la conversión y la llamada a la fe sino que les dio el poder de las llaves con el cual podían reconciliar a los hombres con Dios y con la Iglesia.

 

La Iglesia “ha recibido las llaves del Reino de los cielos, a fin de que se realice en ella la remisión de los pecados por la sangre de Cristo y la acción del Espíritu Sano. En esta Iglesia es donde revive el alma, que estaba muerta por los pecados, a fin de vivir con Cristo, cuya gracia nos ha salvado” (San Agustín).

 

“No hay ninguna falta por grave que sea que la Iglesia no pueda perdonar. No hay nadie, tan perverso y tan culpable, que no deba esperar con confianza su perdón siempre que su arrepentimiento sea sincero. Cristo que ha muerto por los hombres, quiere que, en su Iglesia, estén siempre abiertas las puertas del perdón a cualquiera que vuelva del pecado”.

 

La Catequesis debe avivar y nutrir esta fe en el perdón de los pecados como don de Cristo resucitado a su Iglesia. El perdón de los pecados se realiza en la Iglesia a través del ministerio de los sacerdotes.

 

 

  

 

RESUMEN:

 

●  “El Credo relaciona el perdón de los pecados con la profesión de fe en el Espíritu Santo. En efecto, Cristo resucitado confió a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados cuando les dio el Espíritu Santo”.

 

● “El Bautismo es el primero y principal sacramento para el perdón de los pecados: nos une a Cristo muerto y resucitado y nos da el Espíritu Santo”.

 

●  “Por voluntad de Cristo, la Iglesia posee el poder de perdonar los pecados de los bautizados y ella lo ejerce de forma habitual en el sacramento de la Penitencia por medio de los obispos y de los presbíteros”.

 

●  “En la remisión de los pecados, los sacerdotes y los sacramentos son meros instrumentos de los que quiere servirse nuestro Señor Jesucristo, único autor y dispensador de nuestra salvación, para borrar nuestras iniquidades y darnos la gracia de la justificación”.

 

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