índice

TEMA 77º

 

 

CREO EN LA RESURRECCIÓN

DE LA CARNE

(N. 988-1014. Resúmenes 1015-1019)

 

 

“Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día. Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad”.

Resurrección de la carne “significa que, después de la muerte, no habrá solamente la vida del alma inmortal, sino que también nuestros cuerpos mortales volverán a tener vida”.

Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana.

 

“¿Cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también nuestra fe (…) ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron” (1 Co 15, 12-14.20).

 

1.  La Resurrección de Cristo y la nuestra.

2.   Morir en Cristo Jesús.

 

 

 

 

 

 

La Resurrección de Cristo y la nuestra:

 

a) Revelación progresiva de la Resurrección: “La resurrección de los muertos fue revelada progresivamente por Dios a su Pueblo”. La esperanza en la resurrección corporal es una consecuencia de la fe en Dios creador del hombre todo entero, alma y cuerpo.

-         En el libro de los Macabeos aparece ya esta esperanza: “El Rey del mundo, a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna” (2 M 7, 9).

-         Los fariseos creían en la resurrección de los cuerpos, frente a los saduceos que la negaban a éstos les dice Jesús que están en el error (Mc 12, 24). Dios “no es un Dios de muertos sino de vivos” (Mc 12, 27).

 

Jesucristo afirma: “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11, 25) y resucitará a quienes hayan creído en Él y hayan comido su Cuerpo y bebido su Sangre (cf. Jn 6, 54). Como muestra de su poder devuelve la vida a algunos muertos como a Lázaro o al hijo de la viuda de Naín. Anuncia su propia Resurrección al tercer día como Jonás estuvo en el vientre del cetáceo. Su Cuerpo es el nuevo templo que destruido volverá a levantar.

Los Apóstoles son testigos de la Resurrección de Cristo. “Nosotros resucitaremos como Él, con Él, por Él”.

“Desde el principio, la fe cristiana en la resurrección ha encontrado incomprensiones y oposiciones. <<En ningún punto la fe cristiana encuentra más contradicción que en la resurrección de la carne>> (S. Agustín)”.

 

b) Cómo resucitan los muertos:

-  “¿Qué es resucitar? En la muerte, separación del alma y el cuerpo, el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la resurrección de Jesús”.

-  “¿Quién resucitará? Todos los hombres que han muerto: <<los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación>> (Jn 5, 29)”.

-  ¿Cómo? Cristo resucitó con su propio cuerpo: <<Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo>> (Lc 24, 39); pero Él no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en Él <<todos resucitarán con su propio cuerpo que tienen ahora>> (Conc. IV de Letrán), pero este cuerpo será transfigurado en cuerpo de gloria, en cuerpo espiritual.

La participación en la Eucaristía es un anticipo de la transfiguración de nuestro cuerpo por Cristo.

-   ¿Cuándo? Sin duda en el último día; <<al fin del mundo>>. En efecto la resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo”.

“El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar” (1 Ts 4, 16).

 

c) Resucitados con Cristo: La vida cristiana es ya una participación en la muerte y Resurrección de Cristo. En cierto modo participamos ya de la Resurrección.

 

“Sepultados con él en el Bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que le resucitó de entre los muertos (…) Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col 2, 12; 3, 1).

 

Esperando el día de la Resurrección en gloria “el cuerpo y el alma creyente participan ya de la dignidad de ser <<en Cristo>>; donde se basa la exigencia del respeto hacia el propio cuerpo, y también hacia el ajeno, particularmente cuando sufre”.

 

“El cuerpo es (…) para el Señor y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? (…) No os pertenecéis (…) Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo” (1 Co 6, 13-15. 19-20).

 

 

 

 

 

Morir en Cristo:

 

“Para resucitar con Cristo es necesario morir con Cristo, es necesario <<dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor>> (2 Co, 2, 8). En esta <<partida>> que es la muerte, el alma se separa del cuerpo. Se reunirá con su cuerpo el día de la resurrección de los muertos”.

 

a) La muerte: “La muerte corporal es algo natural, pero por la fe sabemos que realmente es <<salario del pecado>> (Rom 6, 23). Y para los que mueren en la gracia de Cristo, es una participación en la muerte del Señor para poder participar también en su Resurrección”.

 

-         La muerte es el final de la vida terrena: La muerte aparece como el final de todos los seres vivos sobre la tierra. El recuerdo de nuestra mortalidad nos hace pensar que nuestro tiempo es limitado.

-         La muerte es consecuencia del pecado: “El Magisterio de la Iglesia enseña que la muerte entró en el mundo a causa del pecado del hombre. Aunque el hombre poseyera una naturaleza mortal, Dios lo destinaba a no morir”.

-         Sentido de la muerte cristiana: Con Cristo, la muerte ha perdido su “aguijón”. “Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia” (Flp 1, 21). “Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con él, también viviremos con él” (2 Tm 2, 11).

 

Por su parte San Ignacio de Antioquia dejó escrito: “Para mí es mejor morir en Cristo Jesús que reinar de un extremo a otro de la tierra. Lo busco a Él, que ha muerto por nosotros; lo quiero a Él, que ha resucitado por nosotros. Mi parto se aproxima (…). Dejadme recibir la luz pura; cuando yo llegue allí, seré un hombre”. Se refiere a su martirio frente a los leones.

 

 

 

 

 

El cristiano no desea morir en cuanto que acaba el tiempo de merecer, el tiempo de luchar. Pero en cuanto quiere estar con Cristo de modo pleno puede experimentar  cierto deseo. “Deseo partir y estar con Cristo” (Flp 1, 23). “Y puede transformar su propia muerte en un acto de obediencia y de amor hacia el Padre, a ejemplo de Cristo”. Así decía Santa Teresa de Jesús “muero porque no muero”.

 

La liturgia de la Iglesia nos enseña que “La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo”.

 

“Cuando ha tenido fin el único curso de nuestra vida terrena, ya no volveremos a otras vidas terrenas. <<Está establecido que los hombres mueran una sola vez>> (Hb 9, 27). No hay reencarnación después de la muerte.

La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de la muerte. Así rezamos a la Virgen: Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. También debemos acudir a San José, patrono de la buena muerte.

San Francisco de Asís compuso un canto a Dios por su Creación: “Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor! Ningún viviente escapa de su persecución; ¡ay si en pecado grave sorprende al pecador! ¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!”

 

 

RESUMEN:

 

●  “Creemos en Dios que es el Creador de la carne; creemos en el Verbo hecho carne para rescatar la carne; creemos en la resurrección de la carne, perfección de la creación y de la redención de la carne”.

 

●  Por la muerte, el alma se separa del cuerpo, pero en la resurrección Dios devolverá la vida incorruptible a nuestro cuerpo transformado, reuniéndolo con nuestra alma. Así como Cristo ha resucitado y vive para siempre, todos nosotros resucitaremos en el último día.

 

●  “Se siembra en el sepulcro un cuerpo corruptible resucita un cuerpo incorruptible, un <<cuerpo espiritual>> (1 Co 15, 44).

 

●  “Como consecuencia del pecado original, el hombre debe sufrir la muerte corporal, de la cual se habría liberado, si no hubiera pecado”.

 

●  “Jesús, el Hijo de Dios, sufrió libremente la muerte por nosotros en una sumisión total y libre a la voluntad de Dios, su Padre. Por su muerte venció a la muerte, abriendo así a todos los hombres la posibilidad de la salvación”.

 

 

índice