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TEMA 78º

 

 

AMARÁS A TU PRÓJIMO

COMO A TI MISMO

EL CUARTO MANDAMIENTO

(N. 2196-2246. Resúmenes 2247-2257)

 

 

“Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 13, 34).

 

“El que ama al prójimo ha cumplido la ley. En efecto, lo de no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud” (Rm 13, 8-10).

 

Jesús enseñó el cuarto mandamiento y lo cumplió:

 

“Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar” (Ex 20, 12).

 

“Vivía sujeto a ellos” (Lc 2, 51).

 

“Dios quiso que después de Él, honrásemos a nuestros padres, a los que debemos la vida y que nos han transmitido el conocimiento de Dios. Estamos obligados a honrar y respetar a todos los que Dios, para nuestro bien, ha investido de su autoridad”.

 

El cuarto mandamiento se dirige a hijos y padres y también a los que tienen cierta autoridad y a los que deben sujetarse a ella: abuelos, familiares, maestros, gobernantes, tutores…

 

 

 

“El cumplimiento del cuarto mandamiento lleva consigo su recompensa: <<Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar>> (Ex 20, 12). La observancia de este mandamiento procura, con los frutos espirituales, frutos temporales de paz y de prosperidad. Y al contrario, la no observancia de este mandamiento entraña grandes daños para las comunidades y las personas humanas”.

 

1.  La familia en el plan de Dios.

2.  La familia y la sociedad.

3.  Deberes de los miembros de la familia.

4.  La familia y el reino de Dios.

5.  Las autoridades en la sociedad civil.

 

La familia en el plan de Dios

a) Naturaleza de la familia: “La comunidad conyugal está establecida sobre el consentimiento de los esposos. El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los esposos y a la procreación y educación de los hijos”. En la familia se establecen relaciones personales y responsabilidades primordiales. “Un hombre y una mujer unidos en matrimonio forman con sus hijos una familia”. Los miembros de la familia son personas iguales en dignidad. “Para el bien común de sus miembros y de la sociedad, la familia implica una diversidad de responsabilidades, de derechos y de deberes”.

 

b) La familia cristiana: La familia cristiana es una comunidad de fe, esperanza y caridad. Es una comunión de personas a imagen de la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. “Su actividad procreadora y educativa es reflejo de la obra creadora de Dios”. “La familia cristiana es evangelizadora y misionera”.

     Las relaciones dentro de la familia se rigen por el mutuo respeto.

 

 

 

La familia y la sociedad

“La familia es la célula original de la vida social. Es la sociedad natural en que el hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida”.

 

En el seno de la familia se pueden aprender los valores morales, se comienza a honrar a Dios y a usar bien de la libertad. “La vida de familia es iniciación a la vida en sociedad”.

 

“La familia debe vivir de manera que sus miembros aprendan el cuidado y la responsabilidad respecto de los pequeños y mayores, de los enfermos y disminuidos, y de los pobres”.

 

“Numerosas son las familias que en ciertos momentos no se hallan en condiciones de prestar esta ayuda. Corresponde entonces a otras personas, a otras familias, y subsidiariamente a la sociedad, proveer a sus necesidades”.

 

La familia debe ser ayudada y defendida mediante medidas sociales apropiadas. “En conformidad con el principio de subsidiariedad, las comunidades más numerosas deben abstenerse de privar a las familias de sus propios derechos y de inmiscuirse en sus vidas”.

 

La autoridad pública ha de considerar como deber grave “el reconocimiento de la auténtica naturaleza del matrimonio y de la familia, protegerla y fomentarla, asegurar la moralidad pública y favorecer la prosperidad doméstica” (Gaudium et spes n. 52).

 

La comunidad política tiene el deber de asegurar:

 

1.    “La libertad de fundar un hogar, de tener hijos y de educarlos de acuerdo con sus propias convicciones morales y religiosas”.

2.    “La protección de la estabilidad del vínculo conyugal y de la institución familiar”.

3.    “La libertad de profesar su fe, transmitirla, educar a sus hijos en ella, con los medios y las instituciones necesarias”.

4.    “El derecho a la propiedad privada, a la libertad de iniciativa, a tener un trabajo, una vivienda, el derecho a emigrar”.

5.    “Conforme a las instituciones del país, el derecho a la atención médica, a la asistencia de las personas de edad, a los subsidios familiares”.

6.    “La protección de la seguridad y la higiene, especialmente por lo que se refiere a peligros como la droga, la pornografía, el alcoholismo, etc.”.

7.    “La libertad para formar asociaciones con otras familias y de estar así representadas antes las autoridades civiles”.

 

El prójimo no es un “individuo”, es “alguien” que merece una atención y un respeto singulares.

 

Las comunidades humanas al estar compuestas por personas no pueden limitarse a la fría justicia, deben practicar la benevolencia, la caridad.

 

 

Deberes de los miembros de la familia

a) Deberes de los hijos: “La paternidad divina es la fuente de la paternidad humana; es el fundamento del honor debido a los padres. El respeto de los hijos, menores o mayores, hacia su padre y hacia su madre, se nutre del afecto natural nacido del vínculo que los une. Es exigido por el precepto divino”.

 

-         “El respeto a los padres (piedad filial) está hecho de gratitud para quienes, mediante el don de la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a crecer en estatura, en sabiduría y en gracia”. “Con todo tu corazón honra a tu padre, y no olvides los dolores de tu madre. Recuerda que por ellos has nacido, ¿cómo les pagarás lo que contigo han hecho?” (Si 7, 27-28).

-         El respeto filial se expresa en la docilidad y en la obediencia verdaderas. “El hijo sabio ama la instrucción, el arrogante no escucha la represión” (Pr 13, 1).

“Mientras vive en el domicilio de sus padres, el hijo debe obedecer a todo lo que éstos dispongan para su bien o el de la familia. <<Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor>> (Col 3, 20).

Los niños deben obedecer también las prescripciones razonables de sus educadores y de todos aquellos a quienes sus padres los han confiado. Pero si el niño está persuadido en conciencia de que es moralmente malo obedecer esa orden, no debe seguirla”.

Con la emancipación cesa el deber de la obediencia pero no el respeto a los padres, tratar de cumplir sus deseos o pedirles consejo.

Los hijos cuando se hacen mayores, en la medida en que pueden, deben prestar a sus padres ayuda moral y material en los años de vejez y durante sus enfermedades, y en momentos de soledad o de abatimiento.

“Los cristianos están obligados a una especial gratitud para con aquellos de quienes recibieron el don de la fe, la gracia del Bautismo y la vida en la Iglesia.

Puede tratarse de los padres, de otros miembros de la familia, de los abuelos, de los pastores, de los catequistas, de otros maestros o amigos”.

 

b) Deberes de los padres: “La fecundidad del amor conyugal no se reduce a la sola procreación de los hijos, sino que debe extenderse también a su educación moral y a su formación espiritual. El papel de los padres en la educación <<tiene tanto peso que, cuando falta, difícilmente puede suplirse>>. El derecho y el deber de la educación son para los padres primordiales e inalienables”.

Los padres deben ver en sus hijos, hijos de Dios, y respetarlos como personas humanas, educándolos en el cumplimiento de la ley de Dios.

Los padres son los primeros educadores de los hijos. La familia es un lugar apropiado para la educación de las virtudes. Y éstas se aprenden, sobre todo, viéndolas en los padres.

También en la familia se aprende a vivir en sociedad, de modo solidario y responsable. “Los padres deben enseñar a los hijos a guardarse de los riesgos y las degradaciones que amenazan a las sociedades humanas”.

Desde su primera edad, los padres deberán iniciar a los hijos en los  misterios de la fe y asociarlos a la vida de la Iglesia.

La Catequesis familiar precede, acompaña y enriquece las otras formas de enseñanza de la fe. “Los padres tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios. La parroquia es la comunidad eucarística y el corazón de la vida litúrgica de las familias cristianas; es un lugar privilegiado para la catequesis de los niños y de los padres”.

También los hijos ayudan a sus padres a crecer en santidad. El afecto y la caridad de Cristo piden que sin cansancio se otorguen el mutuo perdón siempre que sea necesario. Durante la infancia los padres deben proveer a las necesidades físicas y espirituales de sus hijos. Durante su crecimiento les deben enseñar a usar rectamente de su razón y de su libertad.

 

-         “Los padres, como primeros responsables de la educación de sus hijos, tienen el derecho de elegir para ellos una escuela que corresponda a sus propias convicciones. Este derecho es fundamental. En cuanto sea posible, los padres tienen el deber de elegir las escuelas que mejor les ayuden en su tarea de educadores cristianos. Los poderes públicos tiene el deber de garantizar este derecho de los padres y de asegurar las condiciones reales de su ejercicio”.

-         “Cuando llegan a la edad correspondiente, los hijos tienen el deber y el derecho de elegir su profesión y su estado de vida”. Pedirán consejo a sus padres y éstos procurarán no presionarles en elecciones tan personales y fundamentales.

-         “Hay quienes no se casan para poder cuidar a sus padres, o sus hermanos y hermanas, para dedicarse más exclusivamente a una profesión o por otros motivos dignos. Estas personas pueden contribuir grandemente al bien de la familia humana”.

 

 

La familia y el reino de Dios

 

“Los vínculos familiares, aunque son muy importantes, no son absolutos”. La vocación primera del cristiano es seguir a Jesús y los padres deben respetar esta llamada y favorecerla en sus hijos. “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10, 37).

 

Hacerse discípulo de Jesús consiste en entrar a formar parte de la gran familia de Dios. “El que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt 12, 50).

 

“Los padres deben acoger y respetar con alegría y acción de gracias el llamamiento del Señor a uno de sus hijos para que le siga en la virginidad por el Reino, en la vida consagrada o en el ministerio sacerdotal”.

 

 

Las autoridades en la sociedad civil

 

“El cuarto mandamiento de Dios nos ordena también honrar a todos los que, para nuestro bien, han recibido de Dios una autoridad en la sociedad. Este mandamiento determina tanto los deberes de quienes ejercen la autoridad como los de quienes están sometidos a ella”.

 

a)    Deberes de las autoridades civiles:

 

-         Los que ejercen una autoridad deben ejercerla como un servicio. “El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro esclavo” (Mt 20, 26). El ejercicio de la autoridad tiene sus límites en la dignidad de las personas y en la ley natural.

-         “El ejercicio de la autoridad ha de manifestar una justa jerarquía de valores con el fin de facilitar el ejercicio de la libertad y de la responsabilidad de todos. Los superiores deben ejercer la justicia distributiva con sabiduría, teniendo en cuenta las necesidades y la contribución de cada uno y atendiendo a la concordia y la paz”.

-         El poder político debe respetar los derechos fundamentales de la persona. “Y administrar humanamente justicia en el respeto al derecho de cada uno, especialmente el de las familias y de los desheredados”.

“Los derechos políticos inherentes a la ciudadanía pueden y deben ser concedidos según las exigencias del bien común. No pueden ser suspendidos por la autoridad sin motivo legítimo y proporcionado. El ejercicio de los derechos políticos está destinado al bien común de la nación y de toda la comunidad humana”.

 

 

 

 

b)    Deberes de los ciudadanos:

 

“Los que están sometidos a la autoridad deben mirar a sus superiores como representantes de Dios”. “Sed sumisos, a causa del Señor, a toda institución humana” (1 P 2, 13). “Su colaboración leal entraña el derecho, a veces el deber, de ejercer una justa crítica de lo que les parece perjudicial para la dignidad de las personas o el bien de la comunidad”.

Los ciudadanos deben cumplir con su responsabilidad en la vida de la comunidad política: el pago de los impuestos, el ejercicio del derecho al voto, la defensa del país.

“Dad a cada cual lo que se le debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor” (Rm 13, 7).

“Las naciones más prósperas tienen el deber de acoger, en cuanto sea posible, al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no puede encontrar en su país de origen. Las autoridades deben velar para que se respete el derecho natural que coloca al huésped bajo la protección de quienes lo reciben”.

“El inmigrante está obligado a respetar con gratitud el patrimonio material y espiritual del país que lo acoge, a obedecer sus leyes y contribuir a sus cargas”.

“El ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando estos preceptos son contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio”. “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21).

“Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29).

Si la autoridad pública, excediéndose en sus competencias, oprime a los ciudadanos, éstos pueden defenderse frente al abuso de autoridad “guardando los límites que señala la ley natural y evangélica”.

 

La resistencia a la opresión de quienes gobiernan no podrá recurrir legítimamente a las armas sino cuando se reúnan las condiciones siguientes:

 

1.      En caso de violaciones ciertas, graves y prolongadas de los derechos fundamentales.

2.      Después de haber agotado todos los otros recursos.

3.      Sin provocar desórdenes peores.

4.      Que haya esperanza fundada de éxito.

5.      Si es imposible prever razonablemente soluciones mejores.

 

 

c)    La comunidad política y la Iglesia:

 

La Iglesia invita a la comunidad política y a la sociedad a reconocer en Dios, Creador y Redentor, el origen y el destino del hombre pues cualquier ideología o referencia que prescinda de Dios conduce a un poder totalitario.

La Iglesia no se inmiscuye en cuestiones políticas, pero respeta y promueve la libertad y la responsabilidad política de los ciudadanos.

Pertenece a la misión de la Iglesia “emitir un juicio moral incluso sobre cosas que afectan al orden político cuando lo exijan los derechos fundamentales de las personas o la salvación de las almas, aplicando todos y sólo aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y condiciones” (Gaudium et spes n. 76).

 


 

RESUMEN:

 

●  “Honra a tu padre y a tu madre” (Dt 5,16; Mc 7, 10).

 

●  Dios quiere que después de Él, honremos a nuestros padres y a los que Él reviste de autoridad para nuestro bien.

 

●  “La comunidad conyugal está establecida sobre la alianza y el consentimiento de los esposos. El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los cónyuges, a la procreación y a la educación de los hijos”.

 

●  “La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar”.

 

●  “Los hijos deben a sus padres respeto, gratitud, justa obediencia y ayuda. El respeto filial favorece la armonía de toda la vida familiar”.

 

●  “Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos en la fe, en la oración y en todas las virtudes. Tienen el deber de atender, en la medida de lo posible, las necesidades materiales y espirituales de sus hijos”.

 

●  Los padres deben respetar y favorecer la vocación, de sus hijos. Han de recordar y enseñar que la vocación primera del cristiano es la de seguir a Jesús”.

 

● “La autoridad pública está obligada a respetar los derechos fundamentales de la persona humana y las condiciones del ejercicio de su libertad”.

“El ciudadano está obligado en conciencia a no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando son contrarias a las exigencias del orden moral. <<Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres>> (Hch 5, 29).

 

●  “Toda sociedad refiere sus juicios y su conducta a una visión del hombre y de su destino. Si se prescinde de la luz del Evangelio sobre Dios y sobre el hombre, las sociedades se hacen fácilmente totalitarias”. 

 

 

 

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