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TEMA 79º

 

 

EL QUINTO MANDAMIENTO

(N. 2258-2317. Resúmenes 2318-2330)

 

 

“No matarás” (Ex 20, 13).

 

“Habéis oído que se dijo a los antepasados: <<No matarás>>; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal” (Mt 5, 21-22).

 

 

“La vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” (Donum vital n. 5)

 

 

1. El respeto de la vida humana

2. El respeto de la dignidad de las personas

3. La defensa de la paz

 

El respeto de la vida humana:

a)    El testimonio de la Historia Sagrada: La Sagrada Escritura cuenta cómo, por envidia, Caín mató a Abel, su hermano. Dios reprocha a Caín su acción: “¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano” (Gn 4, 10-11).

La Sagrada Escritura da cuenta de la existencia de una violencia fraticida en el corazón del hombre a la vez que reconoce la vida humana como un don divino.

“Y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre (…) Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo él al hombre” (Gen 9, 5-6).

“La Escritura precisa lo que el quinto mandamiento prohíbe: <<No quites la vida del inocente y justo>> (Ex 23, 7). El homicidio voluntario de un inocente es gravemente contrario a la dignidad del ser humano, a la regla de oro y a la santidad del Creador. La ley que lo proscribe posee una validez universal: obliga a todos y a cada uno, siempre y en todas partes”.

“En el Sermón de la Montaña, el Señor recuerda el precepto: <<No matarás>> (Mt 5, 21), y añade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza. Más aún, Cristo exige a sus discípulos presentar la otra mejilla, amar a los enemigos. Él mismo no se defendió y dijo a Pedro que guardarse la espada en la vaina.

 

b)    La legítima defensa: La legítima defensa consiste en la acción dirigida a proteger la propia vida, y que puede entrañar daños o incluso la muerte del agresor. Es legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio.

“Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia de forma mesurada, la acción sería lícita” (Santo Tomás de Aquino).

“La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave para el que es responsable de la vida de otro. La defensa del bien común exige colocar al agresor en la situación de no poder causar perjuicio. Por este motivo, los que tienen autoridad legítima tienen también el derecho de rechazar, incluso con el uso de las armas, a los agresores de la sociedad civil confiada a su responsabilidad”.

                  

              El Estado debe fomentar y educar a los ciudadanos para el respeto a los derechos humanos y a las normas fundamentales de la convivencia civil.

              “La legítima autoridad pública tiene el derecho y el deber de aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito”. La pena debe tener un valor medicinal, debe contribuir, en la medida de lo posible, a la enmienda del culpable.

              “La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas.

              Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.

              Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos”.

 

c)    El homicidio voluntario: “El quinto mandamiento condena como gravemente pecaminoso el homicidio directo y voluntario. El que mata y los que cooperan voluntariamente con él cometen un pecado que clama venganza al cielo”.

- “El infanticidio, el fratricidio, el parricidio, el homicidio del cónyuge son crímenes especialmente graves a causa de los vínculos naturales que destruyen. Preocupaciones de eugenesia o de salud pública no pueden justificar ningún homicidio, aunque fuera ordenado por las propias autoridades”.

     “El quinto mandamiento prohíbe hacer algo con intención de provocar indirectamente la muerte de una persona. La ley moral prohíbe exponer a alguien sin razón grave a un riesgo mortal, así como negar la asistencia a una persona en peligro”.

     “La aceptación por parte de la sociedad de hombres que provocan muertes sin esforzarse por remediarlas es una escandalosa injusticia y una falta grave. Los traficantes cuyas prácticas usurarias y mercantiles provocan el hambre y la muerte de sus hermanos los hombres, cometen indirectamente un homicidio. Este les es imputable”.

-  “El homicidio involuntario no es moralmente imputable. Pero no se está libre de falta grave cuando, sin razones proporcionadas, se ha obrado de manera que se ha seguido la muerte, incluso sin intención de causarla”.

 

d)    El aborto: “La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida”.

-         “Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado” (Jr 1, 5).

 

El aborto directo, es decir, querido como fin o como un medio es gravemente contrario a la ley moral.

 

“No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido”. (Didajé, 2, 2; Bernabé, ep. 19, 5; Epístola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, apol. 9).

 

“Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables” (Gaudium et Spes 51, 3).

 

 

“Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiare (…). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen  cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad”.

El embrión merece la protección y el cuidado de cualquier ser humano, desde la concepción.

- El diagnóstico prenatal es moralmente lícito, si respeta la vida e integridad del embrión y del feto humano, y se orienta hacia su protección o hacia su curación. Pero gravemente inmoral si se realiza para decidir sobre un posible aborto. Una enfermedad hereditaria o una malformación no deben equivaler a una sentencia de muerte.

- Las intervenciones quirúrgicas sobre el embrión humano son lícitas siempre que busquen su curación o su protección.

- Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como “material biológico” disponible.

- Algunos intentos de intervenir en el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo u otras cualidades prefijadas.

Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad única e irrepetible.

 

e)    La eutanasia: “Aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible”.

- La eutanasia consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable.

- “Una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto de Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre”.

- “La interrupción de tratamientos terapéuticos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima”. En otro caso se podría caer en el “encarnizamiento terapéutico”. Hay que aceptar que la muerte no se puede impedir siempre.

- “Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados”.

 

f)      El suicidio: Cada cual es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. No somos dueños absolutos, sino administradores. Estamos obligados a conservar la vida.

- “El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente, los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo”.

- “Si se comete con intención de servir de ejemplo, especialmente a los jóvenes, el suicidio adquiere además la gravedad de escándalo. La cooperación voluntaria al suicidio es contraria a la ley moral”.

- “Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida”.

- “No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida”.

 

 

 

      

 

El respeto de la dignidad de las personas:

a) El respeto del alma del prójimo: el escándalo:

“El escándalo es la actitud o el comportamiento que induce a otro a hacer el mal”. El que escandaliza puede provocar la muerte espiritual del prójimo. “El escándalo constituye una falta grave si, por acción u omisión, arrastra deliberadamente a otro a una falta grave”.

-         El escándalo se agrava según la autoridad de quienes lo causan o la debilidad de quienes lo padecen. “Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí (…), más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar” (Mt 18, 6). “El escándalo es grave cuando es causado por quienes, por naturaleza o por función, están obligados a enseñar y educar a otros. Jesús, en efecto, lo reprocha a los escribas y fariseos: los compara a lobos disfrazados de corderos”.

-         El escándalo puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la moda o por la opinión.

“El que usa los poderes de que dispone en condiciones que arrastren a hacer el mal se hace culpable de escándalo y responsable del mal que directa o indirectamente ha favorecido. <<Es imposible que no vengan los escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen!>> (Lc 17, 1).

 

b) El respeto de la salud:

“La vida y la salud son bienes preciosos confiados por Dios. Debemos cuidar de ellos racionalmente teniendo en cuenta las necesidades de los demás y el bien común”.

El cuidado de la salud requiere la ayuda de la sociedad.

-         Hay que rechazar el llamado culto al cuerpo que hace de la vida corporal un valor absoluto, sacrificando todo por ella. Esta concepción puede pervertir las relaciones humanas al seleccionar entre fuertes y débiles.

-         La virtud de la templaza conduce a evitar toda clase de excesos, el abuso de la comida, del alcohol, del tabaco y de las medicinas. “Quienes en estado de embriaguez, o por afición inmoderada de velocidad, ponen en peligro la seguridad de los demás y la suya propia en las carreteras, en el mar o en el aire, se hacen gravemente culpables”.

-         “El uso de la droga inflige muy graves daños a la salud y a la vida humana. Fuera de los casos en que se recurre a ello por prescripciones estrictamente terapéuticas, es una falta grave. La producción clandestina y el tráfico de drogas son prácticas escandalosas; constituyen una cooperación directa, porque incitan a ellas, a prácticas gravemente contrarias a la ley moral”.

 

c) El respeto de la persona y la investigación científica:

“Los experimentos científicos, médicos o psicológicos, en personas o grupos humanos, pueden contribuir a la curación de los enfermos y al progreso de la salud pública”.

“La ciencia y la técnica están ordenadas al hombre que les ha dado origen y crecimiento; tienen por tanto en al persona y en sus valores morales el sentido de su finalidad y la conciencia de sus límites. La investigación científica no es moralmente neutral. No todo lo técnicamente posible es moralmente aceptable. El criterio para la investigación no puede ser sólo la utilidad o la eficacia. La investigación debe respetar los derechos fundamentales de la persona humana”.

“La experimentación en el ser humano no es moralmente legítima si hace correr riesgos desproporcionados o evitables a la vida o a la integridad física o psíquica del sujeto. La experimentación en seres humanos no es conforme a la dignidad de la persona si, por añadidura, se hace sin el consentimiento consciente del sujeto o de quienes tienen derecho sobre él”.

“El transplante de órganos es conforme a la ley moral si los daños y los riesgos físicos que padece el donante son proporcionados al bien que se busca para el destinatario. La donación de órganos después de la muerte es un acto noble y meritorio, que debe ser alentado como manifestación de solidaridad generosa. Es moralmente inadmisible si el donante o sus legítimos representantes no han dado su explícito consentimiento. Además, no se puede admitir moralmente la mutilación que deja inválido, o provocar directamente la muerte, aunque se haga para retrasar la muerte de otras personas”.

 

 

d) El respeto de la integridad personal:

- Los secuestros y el tomar rehenes hacen que impere el terror y, mediante la amenaza, ejercen intolerables presiones sobre las víctimas. Son moralmente ilegítimos.

- El terrorismo amenaza, hiere y mata sin discriminación. Es gravemente contrario a la justicia y a la caridad.

- La tortura, que usa de violencia física o moral, para arrancar confesiones, para castigar a los culpables, intimidar a los que se oponen, satisfacer el odio, es contraria al respeto de la persona y de la dignidad humana.

- Las amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes son contrarias a la ley moral. Se exceptúan los casos de prescripción médica de orden estrictamente terapéutico.

 

El uso por parte de la autoridad de prácticas crueles para asegurar la ley y el orden, no son necesarias para el orden público ni conformes a los derechos legítimos de la persona humana. La Iglesia ha enseñado siempre el deber de la clemencia y la misericordia.

 

e) El respeto a los muertos:

Los moribundos deben recibir los cuidados necesarios para vivir con dignidad los últimos momentos de su vida. Procurando que reciban a tiempo los sacramentos que preparan para el encuentro con el Dios vivo.

“Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección. Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal, que honra a los hijos de Dios, templos del Espíritu Santo”.

-         La autopsia de los cadáveres es moralmente admisible cuando hay razones de orden legal o de investigación científica.

-         La Iglesia permite la incineración cuando con ella no se cuestiona la fe en la resurrección del cuerpo.

 

 

 

 

 

La defensa de la paz

a) La paz:

Nuestro Señor pide la paz del corazón y recrimina la cólera homicida y el odio.

-         La ira es un deseo de venganza. “Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal” (Mt 5, 22).

-         El odio voluntario es contrario a la caridad. El odio es un pecado grave cuando se le desea al prójimo algún mal. “Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial” (Mt 5, 44-45).

-         La paz es obra de la justicia y efecto de la caridad. Exige la salvaguarda de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad.

 

Cristo es nuestra paz y declara bienaventurados a los que construyen la paz (Mt 5, 9).

 

b) Evitar la guerra:

“Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras”. Sin embargo, “mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa” (Gaudium et spes n. 79).

 

La gravedad del uso de la fuerza militar para la legítima defensa requiere unas condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:

-         Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.

-         Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.

-         Que se reúnan las condiciones serias de éxito.

-         Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.

 

Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada “guerra justa”.

 

“Los poderes públicos tienen en este caso el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional”. Se debe respetar a quienes por motivos de conciencia rehúsan el empleo de las armas y servirán a la comunidad humana con formas alternativas.

 

Si estalla la guerra siguen vigentes las leyes morales. “No todo es lícito entre los contendientes”.

 

“Es preciso respetar y tratar con humanidad a los no combatientes, a los soldados heridos y a los prisioneros”.

Existe la obligación de desobedecer aquellas órdenes que mandan realizar crímenes, el exterminio de un pueblo, de una nación o de una minoría étnica; es decir, cualquier tipo de genocidio.

 

“Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones, con sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo, que hay  que condenar con firmeza y sin vacilaciones” (Gaudium et spes n. 80). Un riesgo de la guerra moderna consiste en facilitar a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión de cometer semejantes crímenes.

 

-         La acumulación de armas es para muchos la manera de evitar riesgos y de asegurar la paz. Pero “la carrera de armamentos no asegura la paz. En lugar de eliminar las causas de la guerra, corre el riesgo de agravarlas”. El gasto en armas disminuye la ayuda al desarrollo. “El exceso de armamento multiplica las razones de conflicto y aumenta el riesgo de contagio”.

-         Las autoridades tienen el derecho y el deber de regular la producción y el comercio de armas.

 

 

-         Las amenazas para la paz son: Las injusticias, las desigualdades excesivas de orden económico o social, la envidia, la desconfianza y el orgullo, que existen entre los hombres y las naciones. En definitiva el pecado.


 

RESUMEN:

 

●  “Dios (…) tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre” (Jb 12, 10).

 

● “Toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte, es sagrada, pues la persona humana ha sido amada por sí misma a imagen y semejanza del Dios vivo y santo”.

 

●  “Causar la muerte a un ser humano es gravemente contrario a la dignidad de la persona y a la santidad del Creador”.

 

●  “La prohibición de causar la muerte no suprime el derecho de impedir que un injusto agresor cause daño. La legítima defensa es un deber grave para quien es responsable de la vida de otro o del bien común”.

 

●  “Desde su concepción, el niño tiene el derecho a la vida. El aborto directo, es decir, buscado como un fin o como un medio, es una práctica infame, gravemente contraria a la ley moral. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana”.

 

●  “Porque ha de ser tratado como una persona desde su concepción, el embrión debe ser defendido en su integridad, atendido y cuidado médicamente como cualquier otro ser humano”.

 

●  “La eutanasia voluntaria, cualesquiera que sean sus formas y sus motivos, constituye un homicidio. Es gravemente contraria a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador”.

 

●   “El suicidio es gravemente contrario a la justicia, a la esperanza y a la caridad. Está prohibido por el quinto mandamiento”.

 

●  “El escándalo constituye una falta grave cuando por acción u omisión arrastra deliberadamente a otro a pecar gravemente”.

 

  

●   “A causa de los males y de las injusticias que ocasiona toda guerra, debemos hacer todo lo que es razonablemente posible para evitarla. La Iglesia implora así: <<del hambre, de la peste y de la guerra, líbranos Señor>>”.

 

●  “La Iglesia y la razón humana afirman la validez permanente de la ley moral durante los conflictos armados. Las prácticas deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales son crímenes”.

 

●  “La carrera de armamentos es una plaga gravísima de la humanidad y perjudica a los pobres de modo intolerable”.

 

●  “Bienaventurados los que construyen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9).

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