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TEMA 80º

 

 

EL SEXTO MANDAMIENTO

(N. 2331-239. Resúmenes 2392-2400)

 

 

“No cometerás adulterio” (Ex 20, 14).

 

“Habéis oído que se dijo: <<No cometerás adulterio>>. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 27-28).

 

 

1.   “Hombre y mujer los creó…”

2.   La vocación a la castidad.

3.   El amor de los esposos.

4.   Las ofensas a la dignidad del matrimonio.

 

“Hombre y mujer los creó…”:

 

“Dios creó el hombre a imagen suya; (…) hombre y mujer los creó” (Gn 1, 27). “Creced y multiplicaos” (Gn 1, 28); “el día en que Dios creó al hombre, le hizo a imagen de Dios. Los creó varón y hembra, los bendijo, y los llamó <<Hombre>> en el día de su creación” (Gn 5, 1-2).

 

“La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunicación con otro”.

 

“Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar”.

 

Hombre y mujer tienen la misma dignidad en cuanto personas, aunque cada uno es de manera distinta imagen del poder y de la ternura de Dios.

 

“La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador. <<El hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne>> (Gn 2, 24). De esta unión proceden todas las generaciones humanas”.

 

Jesús ha venido a restaurar la dignidad del matrimonio al plan original de Dios. “Habéis oído que se dijo: <<no cometerás adulterio>>. Pues yo os digo: <<Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 27-28). El hombre no debe separar lo que Dios ha unido.

La tradición de la Iglesia ha entendido el sexto mandamiento como referido al conjunto de la sexualidad humana.

 

 

La vocación a la castidad:

 

La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual.

 

a)       La integridad de la persona: La persona casta mantiene la integridad de las fuerzas de vida y de amor depositadas en ella. No tolera ni la doble vida ni el doble lenguaje.

“La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja denominar por ellas y se hace desgraciado”.

Los medios para mantener la castidad son la vida ascética, la práctica de las virtudes, la oración y los sacramentos.

“La virtud de la castidad forma parte de la virtud cardinal de la templanza, que tiende a impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana”.

“El dominio de sí es una obra que dura toda la vida. Nunca se la considerará adquirida de una vez para siempre. Supone un esfuerzo reiterado en todas las edades de la vida. El esfuerzo requerido puede ser más intenso en ciertas épocas, cuando se forma la personalidad, durante la infancia y la adolescencia”.

La castidad supone el respeto de los derechos de la persona, en particular, el de recibir una información y una educación que respeten las dimensiones morales y espirituales de la vida humana.

“La castidad es una virtud moral. Es también un don de Dios, una gracia, un fruto del trabajo espiritual. El Espíritu Santo concede, al que ha sido regenerado por el agua del bautismo, imitar la pureza de Cristo”.

 

b)       La totalidad del don de sí:

“La caridad es la forma de todas las virtudes. Bajo su influencia la castidad aparece como una escuela de donación de la persona. El dominio de sí está ordenado al don de sí mismo.

La castidad se expresa de modo privilegiado en la amistad entre personas del mismo o distinto sexo y conduce a la comunión espiritual.

 

c)       Los diversos géneros de la castidad:

“Todos los fieles de Cristo son llamados a una vida casta según su estado de vida particular”.

Las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal, las no casadas practican la castidad en la continencia.

Los novios viven, también, la castidad en la continencia.

“Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad”.

 

d)       Las ofensas a la castidad:

-         La lujuria: “Es un deseo o un goce desordenados del placer venéreo. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión”.

-         La masturbación: “Es la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo”. Es un acto intrínseco y gravemente desordenado. “El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine”.

“Para emitir un juicio justo acerca de la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que pueden atenuar o tal vez reducir al mínimo la culpabilidad moral”.

-         La fornicación: “Es la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como la generación y ecuación de los hijos. Además, es un escándalo cuando hay de por medio corrupción de menores”.

-         La pornografía: “Consiste en sacar de la intimidad de los protagonistas actos sexuales, reales o simulados, para exhibirlos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual”. Atenta contra la dignidad de los que participan pues convierte a la persona en objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. “Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico”.

-         La prostitución: “Atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, puesto que queda reducida al placer venéreo que se saca de ella. El que paga peca gravemente contra sí mismo: quebranta la castidad a la que lo comprometió su bautismo y mancha su cuerpo, templo del Espíritu Santo (…). Es siempre gravemente pecaminoso dedicarse a la prostitución, pero la miseria, el chantaje la presión social pueden atenuar la imputabilidad de la falta”.

-         La violación: “Es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Atenta contra la justicia y la caridad”. Es siempre un acto intrínsecamente malo. Es más grave si la cometan padres o educadores hacia los niños que les son confiados.

 

 

 

e)       Castidad y homosexualidad: “La homosexualidad designa las relaciones entre hombres y mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo”.

“Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 9-10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que <<los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados>>. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso”.

Para muchos hombres y mujeres que tienen tendencias homosexuales esto constituye una auténtica prueba. Deben ser tratados con normalidad evitando todo signo de discriminación injusta.

“Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana”.

 

 

El amor de los esposos:

 

“La sexualidad está ordenada al amor conyugal del hombre y de la mujer. En el matrimonio, la intimidad corporal de los esposos viene a ser un signo y una garantía de comunión espiritual. Entre bautizados, los vínculos del matrimonio están santificados por el sacramento”.

 

La sexualidad se realiza de modo verdaderamente humano solamente cuando es parte integral del amor con que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte.

 

“Los actos (…) con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí son honestos y dignos, y, realizados de modo verdaderamente humano, significan y fomentan la recíproca donación, con la que se enriquecen mutuamente con alegría y gratitud” (Gaudium et spes n. 49).

“Por la unión de los esposos se realiza el doble fin del matrimonio: el bien de los esposos y la transmisión de la vida. No se pueden separar estas dos significaciones o valores del matrimonio sin alterar la vida espiritual de los cónyuges ni comprometer los bienes del matrimonio y el porvenir de la familia.

Así, el amor conyugal del hombre y de la mujer queda situado bajo la doble exigencia de la fidelidad y de la fecundidad”.

 

a)        La fidelidad conyugal: El matrimonio constituye una íntima comunidad de vida y de amor conyugal, formada por el Creador y provista de leyes propias. Esta comunidad se establece con la alianza del matrimonio, es decir, con un consentimiento personal e irrevocable. Los dos se dan definitiva y totalmente el uno al otro. Ya no son dos, ahora forman una sola carne. La alianza contraída libremente por los esposos les impone la obligación de mantenerla una e indisoluble. <<Lo que Dios unió (…) no lo separe el hombre>> (Mc 10, 9)”.

 

b)        La fecundidad del matrimonio: “La fecundidad es un don, un fin del matrimonio, pues el amor conyugal tiende naturalmente a ser fecundo. El niño no viene de fuera a añadirse al amor mutuo de los esposos; brota del corazón mismo de ese don recíproco, del que es fruto y cumplimiento.

Por eso la Iglesia, que está a favor de la vida, enseña que todo acto matrimonial en sí mismo debe quedar abierto a la transmisión de la vida”.

Dios ha querido que el acto conyugal tenga dos significados inseparables: el significado unitivo y el significado procreador.

“Llamados a dar la vida, los esposos participan del poder creador y de la paternidad de Dios”.

-         “Por razones justificadas, los esposos pueden querer espaciar los nacimientos de sus hijos. En este caso, deben cerciorarse de que su deseo no nace del egoísmo sino que es conforme a la justa generosidad de una paternidad responsable. Por otra parte, ordenarán su comportamiento según los criterios objetivos de la moralidad”.

-         “La continencia periódica, los métodos de regulación de nacimientos fundados en la autoobservación y el recurso a los periodos infecundos son conformes a los criterios objetivos de la moralidad. Estos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica”.

-         “Es intrínsecamente mala toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la procreación”.

-         “Al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud personal (…) Esta diferencia antropológica y moral entre la anticoncepción y el recurso a los ritmos periódicos implica (…) dos concepciones de la persona y de la sexualidad humana irreconciliables entre sí” (Juan Pablo II Familiaris consortio, 32).

 

La transmisión de la vida mira al destino eterno de los hombres.

 

El estado “no puede legítimamente suplantar la iniciativa de los esposos, primeros responsables de la procreación y educación de sus hijos. El Estado no está autorizado a favorecer medios de regulación demográfica contrarios a la moral”.

 

c)        El don del hijo: “La Sagrada Escritura y la práctica tradicional de la Iglesia ven en las familias numerosas un signo de la bendición divina y de la generosidad de los padres”.

-         “Las técnicas que provocan una disociación de la paternidad por intervención de una persona extraña a los cónyuges (donación del esperma o del óvulo, préstamo del útero) son gravemente deshonestas. Estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales heterólogas) lesionan el derecho del niño a nacer de un padre y una madre conocidos de él y ligados entre sí por el matrimonio. Quebrantan su derecho a llegar a ser padre y madre exclusivamente el uno a través del otro”.

-         “Practicadas dentro de la propia pareja, estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales homólogas) son quizá menos perjudiciales, pero no dejan de ser moralmente reprobables. Disocian el acto sexual del acto procreador”. El niño no es fruto del amor de los esposos, sino resultado de la técnica en la que intervienen, médicos, enfermeras y biólogos.

“El hijo no es un derecho sino un don. El don más excelente del matrimonio es una persona humana. El hijo no puede ser considerado como un objeto de propiedad, a lo que conduciría el reconocimiento de un pretendido derecho al hijo. A este respecto, sólo el hijo posee verdaderos derechos: el de ser fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres, y tiene también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción”.

-         “El Evangelio enseña que la esterilidad física no es un mal absoluto. Los esposos que, tras haber agotado los recursos legítimos de la medicina, sufren por la esterilidad, deben asociarse a la Cruz del Señor, fuente de toda fecundidad espiritual. Pueden manifestar su generosidad adoptando niños abandonados o realizando servicios abnegados en beneficio del prójimo”.

 

 

Las ofensas a la dignidad del matrimonio:

 

a)     El adulterio: “Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio”. Cristo condena incluso el deseo de adulterio.

El adulterio es una infidelidad conyugal y una injusticia. “El que lo comete falta a sus compromisos. Lesiona el signo de la Alianza que es el vínculo matrimonial. Quebranta el derecho del otro cónyuge y atenta contra la institución del matrimonio, violando el contrato que le da origen. Compromete el bien de la generación humana y de los hijos, que necesitan la unión estable de los padres”.

 

b)     El divorcio: Jesucristo enseñó que la indisolubilidad era la intención original del Creador y que no era lícito divorciarse de la mujer.

“Entre bautizados el matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ningún poder humano ni por ninguna causa fuera de la muerte”.

“La separación de los esposos con permanencia del vínculo matrimonial puede ser legítima en ciertos casos previstos por el Derecho Canónico.

Si el divorcio representa la única manera posible de asegurar ciertos derechos legítimos, el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio, puede ser tolerado sin constituir una falta moral”.

El divorcio es una ofensa grave a la ley natural. El divorciado que se casa de nuevo “se halla en situación de adulterio público y permanente”.

-         “No es lícito al varón, una vez separado de su esposa, tomar otra; ni a una mujer repudiada por su marido, ser tomada por otro como esposa” (San Basilio Magno).

“El divorcio adquiere también su carácter inmoral a causa del desorden que introduce en la célula familiar y en la sociedad. Este desorden entraña daños graves: para el cónyuge, que se ve abandonado; para los hijos, traumatizados por la separación de los padres, y a menudo viviendo en tensión a causa de sus padres; por su efecto contagioso, que hace de él una verdadera plaga social”.

“Existe una diferencia considerable entre el cónyuge que se ha esforzado con sinceridad por ser fiel al sacramento del Matrimonio y se ve injustamente abandonado y el que, por una falta grave de su parte, destruye un matrimonio canónicamente válido”.

 

c)     Otras ofensas a la dignidad del matrimonio:

-         La poligamia: “es contraria a la igual dignidad personal del hombre y de la mujer que en el matrimonio se dan con un amor total y por lo mismo único y exclusivo. El cristiano que había sido polígamo está gravemente obligado en justicia a cumplir los deberes contraídos respecto a sus antiguas mujeres y sus hijos”.

-         Incesto: “es la relación carnal entre parientes dentro de los grados en que está prohibido el matrimonio. San Pablo condena esta falta singularmente grave (1 Co 5, 1-5)”.

El incesto corrompe las relaciones familiares y representa una regresión a la animalidad.

“Se puede equiparar al incesto los abusos sexuales perpetrados por adultos en niños o adolescentes confiados a su guarda. Entonces esta falta adquiere una mayor gravedad por atentar escandalosamente contra la integridad física y moral de los jóvenes que quedarán así marcados para toda la vida, y por ser una violación de la responsabilidad educativa”.

-         Hay unión libre cuando el hombre y la mujer se niegan a dar forma jurídica y pública a una unión que implica la intimidad sexual. Puede ser concubinato, rechazo del matrimonio, imposibilidad de matrimonio.

Todo esto es contrario a la ley moral: “el acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de este constituye siempre un pecado grave y excluye de la comunión sacramental”.

-         Unión a prueba previa al matrimonio. “La unión carnal sólo es moralmente legítima cuando se ha instaurado una comunidad de vida definitiva entre el hombre y la mujer. El amor humano no tolera la prueba. Exige un don total y definitivo de las personas entre sí”.


 

RESUMEN:

 

•  “El amor es la vocación fundamental e innata de todo ser humano”.

 

•  “Al crear al ser humano hombre y mujer, Dios confiere la dignidad personal de manera idéntica a uno y a otra. A cada uno, hombre y mujer, corresponde reconocer y aceptar su identidad sexual”.

 

•  “Cristo es el modelo de la castidad. Todo bautizado es llamado a llevar una vida casta, cada uno según su estado de vida”.

 

•  “Entre los pecados gravemente contrarios a la castidad se deben citar la masturbación, la fornicación, las actividades pornográficas y las prácticas homosexuales”.

 

•  “La alianza que los esposos contraen libremente implica un amor fiel. Les confiere la obligación de guardar indisoluble su matrimonio”.

 

•  “La fecundidad es un bien, un don, un fin del matrimonio. Dando la vida, los esposos participan de la paternidad de Dios”.

 

•  “La regulación de la natalidad representa uno de los aspectos de la paternidad y la maternidad responsables. La legitimidad de las intenciones de los esposos no justifica el recurso a medios moralmente reprobables (p.e. la esterilización directa o la anticoncepción)”.

 

 •  “El adulterio y el divorcio, la poligamia y la unión libre son ofensas graves a la dignidad del matrimonio”.

 

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