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TEMA 82º

 

 

EL OCTAVO MANDAMIENTO

(N. 2464-2503. Resúmenes 2504-2513)

 

 

“No darás falso testimonio contra tu prójimo” (Ex 20, 16).

 

“Se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos” (Mt 5, 33).

 

 

El octavo mandamiento prohíbe falsear la verdad en las relaciones con el prójimo. Dios es verdad. Faltar a la verdad socava las bases de la Alianza y siembra desconfianza e inseguridad entre los hombres.

 

1.    Vivir en la verdad.

2.    Dar testimonio de la verdad.

3.    Ofensas a la verdad.

4.    El respeto a la verdad.

5.    El uso de los medios de comunicación social.

6.    Verdad, belleza y arte sacro.

 

Vivir en la verdad:

a)     En el Antiguo Testamento: Dios es fuente de toda verdad. “Tu verdad de edad en edad” (Sal 119, 90). Su Palabra y su Ley son verdad. Dios es veraz y los miembros de su pueblo están llamados a vivir en la verdad.

b)     En el Nuevo Testamento: En Jesucristo se manifestó la verdad de Dios. Él es luz del mundo, Camino, Verdad y Vida. El que cree en Él no permanece en las tinieblas.

Seguir a Jesús es vivir en el Espíritu de verdad que hace libres y que nos guiará hasta la verdad completa. Jesús enseña a sus discípulos el amor a la verdad: “Sea vuestro lenguaje: <<si, si>>; <<no, no>>” (Mt 5, 37).

He aquí un verdadero israelita en quien no hay doblez dijo de Natanael.

c)     El hombre busca naturalmente la verdad, y es una obligación. “Están obligados también a adherirse a la verdad una vez que la han conocido y a ordenar toda su vida según sus exigencias” (Dignitatis humanae n. 2)

d)     La verdad como rectitud de la acción y de la palabra humana tiene por nombre veracidad, sinceridad o franqueza. La veracidad trata de evitar en las acciones y palabras duplicidad, simulación e hipocresía.

-         La veracidad proporciona entre los hombres la seguridad necesaria para mantener relaciones de confianza, a la vez que nos indica lo que debe ser expresado y lo que debe guardarse en la intimidad.

-         Vivir en la verdad es vivir unidos a Cristo. “Si decimos que estamos en comunión con él y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos conforme a la verdad”. (1 Jn 1, 6).

 

 

Dar testimonio de la verdad:

 

Jesús dice a Pilato que ha venido al mundo para dar testimonio de la verdad. El cristiano no debe avergonzarse de dar testimonio del Señor siempre.

 

“Todos los fieles cristianos, donde quiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra al hombre nuevo del que se revistieron por el bautismo y la fuerza del Espíritu Santo que les ha fortalecido con la confirmación” (Ad gentes n. 11).

 

El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte.

 

“El mártir soporta la muerte mediante un acto de fortaleza. “Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios” (San Ignacio de Antioquia).

 

Las actas de los Mártires constituyen los Archivos de la verdad escritos con letras de sangre.

 

 

Ofensas a la verdad:

 

El cristiano “desechando la mentira” (Ef. 4, 25) debe “rechazar toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias” (1 P 2, 1).

 

a)   Falso testimonio y perjurio: Son afirmaciones públicas contrarias a la verdad. Ante un tribunal viene a ser falso testimonio. Cuando es pronunciada bajo juramento se trata de perjurio.

 

b)  Ataques a la reputación de las personas:

- Juicio temerario: Admite como verdadero un defecto moral del   prójimo sin tener fundamento suficiente.

- Maledicencia: Sin razón que lo justifique se manifiestan defectos y faltas de otras personas que los ignoran.

- Calumnia: Con palabras contrarias a la verdad se daña la reputación de otros y da ocasión a juicios falsos respecto a ellos.

 

Cada uno posee un derecho natural al honor de su nombre, a su reputación y a su respeto. Así la maledicencia y la calumnia lesionan las virtudes de la justicia y de la caridad.

 

c) Halago y adulación: Son inmorales si alienta y confirma a otro en la malicia de sus actos y en la perversidad de su conducta. La adulación es una falta grave si se hace cómplice de vicios o pecados graves. La adulación es un pecado venial cuando sólo se desea hacerse grato, evitar un mal, remediar una necesidad u obtener ventajas legítimas.

 

d) “La vanagloria o jactancia constituye una falta contra la verdad. Lo mismo sucede con la ironía que trata de ridiculizar a uno caricaturizando de manera malévola tal o cual aspecto de su comportamiento”.

 

 

e) La mentira: Consiste en decir falsedad con intención de engañar. “Vuestro padre es el diablo (…) porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8, 44).

- La mentira es la ofensa más directa contra la verdad. Mentir es hablar u obrar contra la verdad para inducir a error.

- “La gravedad de la mentira se mide según la naturaleza de la verdad que deforma, según las circunstancias, las intenciones del que la comete y los daños padecidos por los que resultan perjudicados. Si la mentira en sí sólo constituye un pecado venial, sin embargo llega a ser mortal cuando lesiona gravemente las virtudes de la justicia y la caridad”.

 

f) “Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto”. Esta reparación puede ser a veces material.

 

 

El respeto a la verdad:

El derecho a la comunicación de la verdad no es incondicional. La caridad debe impregnar también la veracidad.

 

“El bien y la seguridad del prójimo, el respeto a la vida privada, el bien común, son razones suficientes para callar lo que no debe ser conocido, o para usar un lenguaje discreto”. Hay que evitar el escándalo. Nadie está obligado a revelar una verdad a quien no tiene derecho a conocerla.

 

■  El secreto del sacramento de la Reconciliación es sagrado y no puede ser revelado bajo ningún pretexto. “El sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo”.

 

■  “Los secretos profesionales  -que obligan, por ejemplo, a políticos, militares, médicos, juristas- o las confidencias hechas bajo secreto deben ser guardados, salvo los casos excepcionales en los que el no revelarlos podría causar al que los ha confiado, al que los ha recibido o a un tercero daños muy graves y evitables únicamente mediante la divulgación de la verdad”.

“Las informaciones privadas perjudiciales al prójimo, aunque no hayan sido confiadas bajo secreto, no deben ser divulgadas sin una razón grave y proporcionada”.

 

■  “Se debe guardar la justa reserva respecto a la vida privada de la gente. Los responsables de la comunicación deben mantener un justo equilibrio entre las exigencias del bien común y el respeto de los derechos particulares. La injerencia de la información en la vida privada de personas comprometidas en una actividad política o pública, es condenable en la medida en que atenta contra su intimidad y libertad”.

 

 

El uso de los medios de comunicación social:

La información de estos medios es un servicio del bien común. La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad.

 

“El recto ejercicio de este derecho exige que, en cuanto a su contenido, la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad; además, en cuanto al modo, ha de ser honesta y conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación” (Inter. Mirifica n. 56).

 

El usuario de los medios de comunicación no debe ser mero sujeto pasivo, para no serlo es necesaria la formación de la conciencia.

 

Los profesionales de la información deben servir a la verdad y no ofender a la caridad. Deben evitar ceder a difamaciones.

 

La autoridad civil debe regular los medios de comunicación para que su mal uso no llegue a causar graves peligros para las costumbres públicas y el progreso de la sociedad.

 

“La moral denuncia la llaga de los estados totalitarios que falsifican sistemáticamente la verdad, ejercen mediante los mass-media un dominio político de la opinión, manipulan a los acusados y a los testigos en los procesos públicos y tratan de asegurar su tiranía yugulando y reprimiendo todo lo que consideran delitos de opinión”.

 

 

Verdad, belleza y arte sacro:

“La práctica del bien moral va acompañada de un placer espiritual gratuito y de la belleza moral. De igual modo, la verdad entraña el gozo y el esplendor de la belleza espiritual. La verdad es bella por sí misma”. No sólo las palabras expresan la verdad también los gestos toda la creación y aquellos objetos que representan lo creado y lo divino. En toda esa verdad hay belleza.

 

“El hombre, creado a imagen de Dios, expresa también la verdad de su relación con Dios Creador mediante la belleza de sus obras artísticas”. El arte es una sobreabundancia gratuita de la riqueza interior del ser humano.

 

El arte sacro es verdadero y bello cuando evoca y glorifica, en la fe y la adoración, el Misterio trascendente de Dios manifestado en Cristo y participado en la Santísima Virgen Madre de Dios, en los Ángeles y los Santos. “El arte sacro verdadero lleva al hombre a la adoración, a la oración y al amor de Dios Creador y Salvador, Santo y Santificador.

 

“Por eso los obispos deben personalmente o por delegación vigilar y promover el arte sacro antiguo y nuevo en todas sus formas, y apartar con la misma atención religiosa de la liturgia y de los edificios de culto todo lo que no está de acuerdo con la verdad de la fe y la auténtica belleza del arte sacro”.


 

RESUMEN:

 

  “No darás falso testimonio contra tu prójimo” (Ex 20, 16). Los discípulos de Cristo se han “revestido del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad” (Ef 4, 24).

La verdad o veracidad es la virtud que consiste en mostrarse verdadero en sus actos y en sus palabras, evitando la duplicidad, la simulación y la hipocresía.

El cristiano no debe “avergonzarse de dar testimonio del Señor” (2 Tm 1, 8) en obras y palabras. El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe.

El respeto de la reputación y del honor de las personas prohíbe toda actitud y toda palabra de maledicencia o de calumnia.

La mentira consiste en decir algo falso con intención de engañar al prójimo que tiene derecho a la verdad.

Una falta cometida contra la verdad exige reparación.

La regla de oro ayuda a discernir en las situaciones concretas si conviene o no revelar la verdad a quien la pide.

   “El sigilo sacramental es inviolable” (CIC can. 983, 1). Los secretos profesionales deben ser guardados. Las confidencias perjudiciales a otros no deben ser divulgadas.

La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia. Es preciso imponerse moderación y disciplina en el uso de los medios de comunicación social.

 Las bellas artes, sobre todo el arte sacro, “están relacionadas, por su naturaleza, con la infinita belleza divina, que se intenta expresar, de algún modo, en las obras humanas. Y tanto más se consagran a Dios y contribuyen a su alabanza y a su gloria, cuanto más lejos están de todo propósito que no sea colaborar lo más posible con sus obras a dirigir las almas de los hombres piadosamente hacia Dios” (SC 122).

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