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TEMA 83º

 

 

EL NOVENO MANDAMIENTO

(N. 2514-2527. Resúmenes 2528-2533)

 

 

“No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo” (Ex 20, 17).

 

“El que mira a una mujer deseándola, ya cometió con ella adulterio en su corazón” (Mt 5, 28).

 

 

“San Juan distingue tres especies de codicia o concupiscencia: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida (1 Jn 2, 16). Siguiendo la tradición catequética católica, el noveno mandamiento prohíbe la concupiscencia de la carne; el décimo prohíbe la codicia del bien ajeno”.

 

La concupiscencia es un deseo vehemente contra la razón humana, es una lucha entre la carne y el espíritu. Procede de la desobediencia del primer pecado. “Desordena las facultades morales del hombre y, sin ser una falta en sí misma, le inclina a cometer pecados”.

 

 

1. La purificación del corazón.

 

2. El combate por la pureza.

 

 

La purificación del corazón:

El corazón es la sede de la personalidad moral: “de dentro del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones (Mt 15, 19). La lucha contra la concupiscencia de la carne pasa por la purificación del corazón”.

 

“Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (Mt 5, 8). Los limpios de corazón se esfuerzan por vivir la caridad, la castidad o rectitud sexual, el amor de la verdad y la ortodoxia de la fe.

 

Si el limpio de corazón gozará de la visión de Dios, ya ahora en la tierra ve las cosas según Dios. Contemplando la belleza divina en el prójimo.

 

 

El combate de la pureza:

“El Bautismo confiere al que lo recibe la gracia de la purificación de todos los pecados. Pero el bautizado debe seguir luchando contra la concupiscencia de la carne y los apetitos desordenados. Con la gracia de Dios lo consigue”. Mediante:

 

-         La virtud y el don de la castidad que permite amar con corazón recto e indiviso.

-         La pureza de intención que busca siempre agradar a Dios.

-         La pureza de la mirada exterior e interior guardando los sentidos y la imaginación. Rechazando toda complacencia en los pensamientos impuros. “La vista despierta la pasión de los insensatos” (Sb 15, 5).

-         La oración. Dios concede la continencia a quien se la pide con humildad.

 

La pureza exige el pudor. El pudor preserva la intimidad de la persona. Designa el rechazo a mostrar lo que debe permanecer velado. Ordena las miradas y los gestos. Educar en el pudor es educar en el respeto a las personas.

 

RESUMEN:

  “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 28).

El noveno mandamiento pone en guardia contra el desorden o concupiscencia de la carne.

La lucha contra la concupiscencia de la carne pasa por la purificación del corazón y por la práctica de la templanza.

La pureza del corazón nos alcanzará el ver a Dios: nos da desde ahora la capacidad de ver según Dios todas las cosas.

La purificación del corazón es imposible sin la oración, la práctica de la castidad y la pureza de intención y de mirada.

La pureza del corazón requiere el pudor, que es paciencia, modestia y discreción. El pudor preserva la intimidad de la persona.

 

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