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MORTIFICACIÓN

 

 

1- "Preguntémonos si también en nuestra generación no crece una cierta hostilidad hacia la cruz de Cristo, hacia el Evangelio; quizá sólo se trate de una indiferencia que, a veces, es peor que la hostilidad..." (Juan Pablo II "Homilía en la Parroquia de S. Roberto Belarmino"  2-III-1980  DP-1980  n. 64  n. f3)

2- "Para santificarse, el cristiano corriente  -que no es un religioso, que no se aparta del mundo, porque el mundo es el lugar de su encuentro con Cristo-  no necesita hábito externo, ni signos distintivos. Sus signos son internos: la presencia de Dios constante y el espíritu de mortificación. En realidad, una sola cosa, porque la mortificación no es más que la oración de los sentidos.

La vocación cristiana es vocación de sacrificio, de penitencia, de expiación. Hemos de reparar por nuestros pecados  -¡en cuántas ocasiones habremos vuelto la cara, para no ver a Dios!-  y por todos los pecados de los hombres. Hemos de seguir de cerca las pisadas de Cristo: , la abnegación de Cristo, su abatimiento en la Cruz  (2 Cor IV, 10). Nuestro camino es de inmolación y, en esta renuncia, encontraremos el gaudium cum pace, la alegría y la paz". (Es Cristo que pasa n. 9)

3- "La mortificación es la sal de nuestra vida. Y la mejor mortificación es la que combate  -en pequeños detalles, durante todo el día-, la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida. Mortificaciones que no mortifiquen a los demás, que nos vuelvan más delicados, más comprensivos, más abiertos a todos. Tú no serás mortificado si eres susceptible, si estás pendiente sólo de tu egoísmos, si avasallas a los otros, si no sabes privarte de los superfluo y, a veces, de lo necesario; si te entristeces, cuando las cosas no salen según las habías previsto. En cambio, eres mortificado si sabes hacerte (1 Cor IX, 22)". (Es Cristo que pasa n. 19)

4- "Un pinchazo. -Y otro. Y otro-  ¡Súfrelos, hombre! ¿No ves que eres tan chico que solamente puedes ofrecer en tu vida  -en tu caminito-  esas pequeñas cruces?

Además, fíjate: una cruz sobre otra -un pinchazo..., y otro..., ¡qué gran montón!

Al final, niño, has sabido hacer una cosa grandísima: Amar" (Camino 885)

5- "¡Cuánto te cuesta esa pequeña mortificación!  -Luchas.- Parece como si te dijeran: ¿por qué has de ser tan fiel al plan de vida, al reloj?- Mira: ¿has visto con qué facilidad se engaña a los chiquitines?-  No quieren tomar la medicina amarga, pero... ¡anda!  -les dicen-, esta cucharadita, por papá; esta por tu abuelita... Y así, hasta que han ingerido toda la dosis.

Lo mismo tú: un cuarto de hora más de cilicio por las ánimas del purgatorio; cinco minutos más por tus padres; otros cinco por tus hermanos de apostolado... Hasta que cumplas el tiempo que te señala tu horario.

Hecha de este modo tu mortificación, ¡cuánto vale!" (Camino 899)

6- "Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas, una vez fui apedreado, tres veces padecí naufragio, un día y una noche pasé en los abismos; muchas veces en viaje me vi en peligro de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi linaje, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre los falsos hermanos, trabajos y fatigas en prolongadas vigilias muchas veces en hambre y sed, en ayunos frecuentes, en frío y desnudez; esto sin hablar de otras cosas, de mis cuidados de cada día, de la preocupación por todas las iglesias.

¿Quién desfallece que no desfallezca yo? ¿Quién se escandaliza que yo no me abrase? Si es menester gloriarse, me gloriaré en lo que es mi flaqueza" (2 Cor XI, 24-30). Después cuenta cómo tuvo que descolgarse por un muro en Damasco, para huir de los damascos que querían prenderle.

 

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