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VIDA INTERIOR

 

1.- “Ninguna cosa manifiesta con tanta seguridad la fuerza interior, como una poderosa capacidad de silencio. De aquí el proverbio: la palabra es plata, el silencio es oro. Lo que encontramos con mayor frecuencia en la vida de nuestro Señor, es su poderosa capacidad de silencio: treinta años de silencio preparar su ministerio”. (R.R. Lósservature de la Domenica cit. en rev. Palabra n. 176  Abril  1980 pág. 13)

 

2.-  “Vida interior, en primer lugar. ¡Qué pocos entienden todavía esto! Piensan, al oír hablar de vida interior, en la oscuridad del templo, cuando no en los ambientes enrarecidos de algunas sacristías. Describo la vida interior de cristianos corrientes, que habitualmente se encuentran en plena calle, al aire libre; y que, en la calle, en el trabajo, en la familia y en los ratos de diversión están pendientes de Jesús todo el día. ¿Y qué es esto sino vida de oración continua? ¿No es verdad que tú has visto la necesidad de ser alma de oración, con un trato con Dios que te lleva a endiosarte? Esa es la fe cristiana y así lo han comprendido siempre las almas de oración: <<se hace Dios aquel hombre, escribe Clemente de Alejandría, porque quiere lo mismo que quiere Dios>>. (Clemente de Alejandría Paedagogus, 3,1,1,5 (Pg 8, 556))

Al principio costará; hay que esforzarse en dirigirse al Señor, en agradecer su piedad paterna y concreta con nosotros. Poco a poco el amor de Dios se palpa -aunque no es cosa de sentimientos-, como un zarpazo en el alma. Es Cristo que nos persigue amorosamente: <<he aquí que estoy a tu puerta, y llamo>> (Apc III, 20). ¿Cómo va tu vida de oración? ¿No sientes a veces, durante el día, deseos de charlar más despacio con El? ¿No le dices: luego te lo contaré, luego conversaré de esto contigo?”. (Es Cristo que pasa n. 8)

 

3.- “Os quiero cristianos de cuerpo entero, de una pieza; y, para conseguirlo, habréis de buscar sin componendas el oportuno alimento espiritual”. (Amigos de Dios n. 13)

 

4.- Vid. Apostolado 8.4.

 

5.- “El bien sobrenatural de uno solo es mejor que el bien natural del universo entero (Sth I-II  q. 113  a. 9  ad. 2). Hay que pedir a Dios que ponga siempre en nuestra inteligencia esa fe y esa visión sobrenatural, que dé jerarquía objetiva a nuestras ideas y a nuestros afectos y a nuestras obras. Hay que pedir ese criterio, porque es un don de Dios”. (Josemaría Escrivá  cartas. Madrid  24-III-1931.  Cit. por S. Canals Ascética Meditada p. 175)

 

6.- “Vida interior, santidad en las tareas ordinarias, santidad en las cosas pequeñas, santidad en la labor profesional, en los afanes de  cada día...; santidad para santificar a los demás. Soñaba en cierta ocasión un conocido mío -¡nunca le acabo de conocer bien!- que volaba en un avión a mucha altura, pero no dentro de la cabina; iba montado sobre las alas. ¡Pobre desgraciado cómo padecía y se angustiaba! Parecía que Nuestro Señor le daba a entender que así van –inseguras, con zozobras- por las alturas de Dios las almas apostólicas que carecen de vida interior o la descuidan: con el peligro constante de venirse abajo, sufriendo, inciertas. Y pienso, efectivamente, que corren un serio peligro de descaminarse aquellos que se lanzan a la acción -¡al activismo!- y prescinden de la oración, del sacrificio y de los medios indispensables para conseguir una sólida piedad: la frecuencia de los sacramentos, la meditación, el examen de conciencia, la lectura espiritual, el trato asiduo con la Virgen Santísima y con los Ángeles Custodios... Todo esto contribuye además con eficacia insustituible, a que sea tan amable la jornada del cristiano, porque de su riqueza interior fluyen la dulcedumbre y la felicidad de Dios, como la miel del panal”. (Amigos de Dios n. 18)

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