MAGISTERIO

6º DISCURSO
DEL PAPA JUAN PABLO II A LOS OBISPOS DE EEUU EN VISITA AD LIMINA

30-V-1998

Documentos Palabra n. 82

 

LA EDUCACIÓN CATÓLICA

 

 

La escuela católica:

 

“La misión de la escuela católica es la formación integral de los estudiantes, para que puedan ser fieles a su condición de discípulos de Cristo y, como tales, puedan trabajar efectivamente por la evangelización de la cultura y por el bien común de la sociedad” (n. 2)

 

Se trata de comunicar conocimientos “en el marco de la visión cristiana del mundo, de la vida, de la cultura y de la historia”.

 

La escuela católica debe convencer de que hay una verdad, que se puede conocer y sobre ella se fundamenta la libertad humana, la justicia y la paz.

 

“Educar en la verdad, en la libertad auténtica y en el amor evangélico constituye la esencia de la misión de la Iglesia” (n. 3)

 

Especial importancia tiene la educación en la moral dentro de un mundo  que piensa “que las normas morales son cuestiones de preferencia personal”.

 

También la escuela católica educa en la doctrina social de la Iglesia y en la solicitud por los más pobres.

 

Los alumnos se introducen y crecen en la vida litúrgica. “La oración y la liturgia, especialmente los sacramentos de la Eucaristía y la penitencia, deberían marcar el ritmo de vida en la escuela católica. Transmitir conocimientos sobre la fe, aunque es esencial, no basta” (n. 4)

 

Es fundamental el ejemplo de vida cristiana de los profesores y demás responsables de la educación. “El testimonio de los adultos en la comunidad escolar es parte vital de la identidad de la escuela”.

 

La catequesis:

 

“La catequesis tanto en las escuelas como en los programas organizados en las parroquias, desempeña un papel fundamental en la transmisión de la fe” (n. 5)

 

El trabajo del catequista es una vocación, “una participación privilegiada en la misión de transmitir la fe y dar razón de nuestra esperanza (cf. 1 P 3, 16)” (n. 5).

 

La renovación de la catequesis se debe realizar sobre la base de la enseñanza de Cristo como la transmite la Iglesia y la interpreta auténticamente el Magisterio. “Las metodologías que se usan han de responder a la naturaleza de la fe como verdad recibida (cf. 1 Co 15, 1)” (n. 4)

 

 

La universidad católica:

 

“Las universidades católicas deberían defender la objetividad y la coherencia del conocimiento. Ahora que el largo conflicto entre ciencia y fe está desapareciendo, las universidades católicas tendrían que estar en la vanguardia de un diálogo nuevo y largamente esperado entre las ciencias empíricas y las verdades de fe” (n. 6)

 

“Las universidades católicas comprenden que no existe contradicción entre la investigación libre y vigorosa de la verdad y <<el reconocimiento y adhesión a la autoridad magisterial de la Iglesia en materia de fe y de moral>> (Ex corde Ecclesiae, 27)” (n. 6)

 

 

La Teología y Magisterio de la Iglesia:

 

“La teología se ha de elaborar en la Iglesia y para la Iglesia” (n. 7). La teología no es algo extrínseco al Magisterio, el Magisterio no es una imposición a la teología. La teología, como ciencia eclesial, “es responsable ante aquellos a quienes Cristo encomendó la misión de velar por la comunidad eclesial y por su estabilidad en la verdad” (n. 7)

 

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