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7º DISCURSO
DEL PAPA JUAN PABLO II A LOS OBISPOS DE EEUU EN VISITA AD LIMINA

6-VI-1998

Documentos Palabra n. 84

 

LOS LAICOS EN LA VIDA Y  EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA

 

 

La vocación laical:

 

El Concilio Vaticano II dedicó en la Constitución Lumen gentium un capítulo específico a los laicos. Especificó su misión en el mundo actual en la Gaudium et spes y en el decreto Apostolicam actuositatem desarrolló el tema del apostolado de los laicos.


Ya el Papa Pío XII había dicho: “Los laicos están en la vanguardia de la vida de la Iglesia; gracias a ellos, la Iglesia es el principio animador de la sociedad humana. Por eso, ellos, en particular, deben tener una conciencia cada vez más clara, no sólo de que pertenecen a la Iglesia, sino también de que son la Iglesia” (Discurso, 20 de febrero de 1946).

 

“Todos los cristianos, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor”. (Lumen gentium n. 40).

 

La exhortación apostólica postsinodal christifideles laici (30-12-1988) volvió a recordar la vocación y misión de los laicos.

 

El sínodo “abordó la misión específica de los laicos, no como una extensión o derivación de la clerical o jerárquica, sino en relación con la verdad fundamental según la cual todos los bautizados reciben la misma gracia santificante, la gracia de la justificación, por la que cada uno llega a ser <<una nueva creatura>>, un hijo adoptivo de Dios, <<partícipe de la naturaleza divina>>, miembro de Cristo y coheredero con él, templo del Espíritu Santo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica n. 1265). Todos los fieles, tanto los ministros ordenados como los laicos forman juntos el único cuerpo del Señor: <<Donde no hay griego y judío; circuncisión e incircuncisión; bárbaro, escita, esclavo o libre, sino que Cristo es todo en todos>> (Col 3, 11)” (n. 2)

“En una eclesiología de comunión la estructura jerárquica de la Iglesia no es cuestión de poder, sino de servicio, ordenado completamente a la santidad de los miembros de Cristo”. (n. 2)

 

 

El laico en la vida de la Iglesia:

 

“La renovación litúrgica que el Concilio deseó y fomentó ardientemente tuvo como resultado la participación más frecuente y viva de los laicos en las tareas que les competen en la asamblea litúrgica. Una participación plena, activa y consciente en la liturgia debería dar vida a un testimonio seglar más vigoroso en el mundo, y no a una confusión de misiones en la comunidad de culto. Existe una distinción fundamental, basada en la voluntad de Cristo mismo, entre el misterio ordenado, que deriva del sacramento del orden, y las funciones de los laicos, fundadas en los sacramentos del bautismo, la confirmación y, sobre todo, el matrimonio”. (n. 3)

 

La vida litúrgica debe realizarse en comunión jerárquica, respetando siempre “la distinción entre el sacerdocio de los fieles y el sacerdocio ministerial” (n. 3)

 

“Es una compresión inadecuada de su papel lo que impulsa a los laicos a interesarse tanto por los servicios y las tareas eclesiales, que llegan a descuidar la participación activa en sus responsabilidades en los campos profesional, social, cultural y político (cf. Christifideles laici 2)” (n. 4)

 

Para su tarea en el mundo los laicos deben estar bien formados en la catequesis, deben dedicar tiempo a la oración, a la práctica sacramental, evangelizar la cultura y aplicar la doctrina moral y social de la Iglesia en la vida pública y privada.

 

 

El matrimonio y la familia:

 

La familia y el matrimonio están sometidos a presiones que tienden a debilitarlos.

 

La familia es la Iglesia doméstica y la parroquia debería ser “familia de familias”.

 

“Aunque es importante que la Iglesia particular responda a las necesidades de la gente en situaciones problemáticas, la planificación pastoral también debería prestar una atención adecuada a las necesidades de las familias normales, que se esfuerzan por vivir su vocación. Estas familias son la columna vertebral de la sociedad y la esperanza de la Iglesia: los principales promotores de la vida familiar cristiana son los matrimonios y las familias mismas, que tienen la responsabilidad particular de servir a los demás matrimonios y familias” (n. 5)

 

La encíclica Humanae vitae sigue siendo actual.

 

“Muchos matrimonios experimentaron cómo los métodos naturales de planificación natural promueven el respeto mutuo, estimulan el afecto entre el marido y la esposa, y ayudan a desarrollar una auténtica libertad interior (cf. Catecismo de la Iglesia Católica n. 2370; Humanae vitae, 21). Su experiencia merece compartirse, porque es la confirmación viva de la verdad que enseña la Humanae vitae” (n. 6).

 

La revolución sexual ha causado muchos sufrimientos, más que beneficios: divorcio y aborto. Todo ello alrededor de algún drama personal que lejos de disminuir, aumenta.

 

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