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8º DISCURSO
DEL PAPA JUAN PABLO II A LOS OBISPOS DE EEUU EN VISITA AD LIMINA

13-VI-1998

Documentos Palabra n. 100

 

LA VIDA CONSAGRADA

 

 

Las personas consagradas están en el centro del misterio de la Iglesia:

 

Las personas consagradas son hombres y mujeres que, “mediante la observancia de los consejos evangélicos, reproducen en la Iglesia la forma que el Hijo encarnado de Dios asumió durante su vida terrena” (n. 1)

 

Características de la vida consagrada:

 

1.     Consagración y vida fraterna

2.     Oración y sacrificio

3.     Solidaridad hacia los pobres

4.     Apostolados intelectuales

5.     Dedicación a las tareas más arduas

6.     Tareas misioneras incluso hasta el martirio

 

“El testimonio de las personas consagradas hace realidad en medio del pueblo de Dios el espíritu de las bienaventuranzas, el valor del gran mandamiento del amor a Dios y del amor al prójimo. En suma, las personas consagradas están en el centro del misterio de la Iglesia, la esposa que responde con todo su ser al amor infinito de Cristo”. (n. 1)

 

 

Relaciones de los religiosos con los obispos:

 

Los obispos “tienen la específica responsabilidad de velar por todos los carismas y todas las vocaciones, y esto se traduce en deberes específicos sobre la vida consagrada, tal como existe en cada Iglesia particular. (cf. Mtuae relationes, 9).

 

Por su parte, los institutos religiosos deberían esforzarse por establecer una cooperación cordial y efectiva con los obispos (cf ib. 13) que por institución divina han sucedido a los Apóstoles como pastores de la Iglesia, de modo que quien los escucha, escucha a Cristo (cf. Lc 10, 16)” (n. 2)

 

La vocación de los religiosos “al servicio de la Iglesia universal se realiza dentro de las estructuras de la Iglesia particular” (n. 3). Por tanto debe haber cooperación y amistad.

 

Servicios que puede prestar el obispo :

 

1.     Salvaguardar y proclamar los valores de la vida religiosa: “La pobreza y el dominio de sí, la castidad consagrada y la fecundidad, la obediencia y la libertad” (n. 4)

 

2.     “La teología y la espiritualidad de la vida consagrada han de incluirse en la formación de los sacerdotes diocesanos, como debería incluirse el estudio de la teología de la Iglesia particular y de la espiritualidad del clero diocesano en la formación de las personas consagradas (cf Vita consecrata, 50)” (n. 4)

3.     Que las comunidades dispongan de los medios espirituales y materiales para la vida en común, sobre todo poniendo a disposición directores espirituales y confesores.

 

4.     “Alentar y ayudar a perseverar a los institutos que ya se dedican a los apostolados comunitarios, como la educación y la asistencia sanitaria” (n. 4)

“La capacidad de un instituto de realizar un apostolado común o comunitario es de vital importancia para la vida de una Iglesia particular. No basta que todos los miembros de un instituto compartan los mismos valores generales o trabajen <<según el espíritu del fundador>> y que cada uno se responsabilice de encontrar un área de actividad apostólica y una residencia. Es obvio que no todos los miembros de un instituto son idóneos para trabajar en un único apostolado, pero la identidad y la naturaleza del apostolado común, y la voluntad de dedicarse a él, debería ser parte esencial del discernimiento que realiza el instituto con respecto a la vocación de sus candidatos” (n. 4).

 

5.     Que no se desatienda a los antiguos pobres: “a los que necesitan una auténtica  educación católica, a los enfermos y a los ancianos”; por atender a los nuevos pobres.

 

6.      “Animar a los religiosos a prestar atención explícita a la dimensión específicamente católica de sus actividades” (n. 4)

En las escuelas, centros católicos de enseñanza superior y en las instituciones sanitarias católicas.

 

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