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9º DISCURSO
DEL PAPA JUAN PABLO II A LOS OBISPOS DE EEUU EN VISITA AD LIMINA

27-VI-1998

Documentos Palabra n. 102

 

LA VERDAD MORAL Y SU APLICACIÓN A LA VIDA PERSONAL

 

 

Crisis contemporánea de la cultura moral:

 

Los cristianos que quieren vivir una vida moralmente recta encuentran dificultad para “explicar exactamente lo que esto implica” como esposos, padres, ciudadanos, trabajadores y profesionales.

 

“Escepticismo relativo a la existencia misma de la <<verdad moral>> y de una ley moral objetiva”. “En esta situación, quienes procuran vivir de acuerdo con la ley moral, a menudo se sienten presionados por fuerzas que contradicen lo que, en el fondo de su corazón, saben que es verdad” (n. 2)

 

La existencia de leyes morales objetivas disminuirían la libertad y quizá su supresión.

“La libertad como autonomía, concentrándose únicamente en la voluntad autónoma de la persona, como único principio organizador de la vida pública, disuelve los vínculos de obligación entre hombres y mujeres, padres e hijos, fuertes y débiles, mayorías y minorías. Esto lleva a la destrucción de la sociedad civil, y a una vida pública en la que los únicos protagonistas son el individuo autónomo y el Estado. Como debería habernos enseñado el Siglo XX, se trata de un camino seguro hacia la tiranía” (n. 2).

 

 

 

Raíces de la crisis moral y respuesta desde la antropología cristiana:

 

“En sus raíces, la crisis contemporánea de la cultura moral es una crisis de comprensión de la naturaleza de la persona humana” (n. 3)

 

Cristo muestra al hombre su verdadera dignidad. “La nobleza del hombre y de la mujer no reside simplemente en su capacidad de elegir, sino en su capacidad de elegir sabiamente y vivir de acuerdo con la elección de lo que es bueno. En toda la creación visible, sólo la persona humana elige reflexivamente. Sólo la persona human puede discernir entre el bien y el mal” (n. 3)

 

La verdad moral no es una arbitrariedad de la Iglesia es una verdad de la que depende “el bien de las personas y el bien común de la sociedad”.

La verdad moral no es independiente de la conciencia, pues “la conciencia es el lugar más íntimo donde <<el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer>> (G S, 16)” (n. 4)

 

La conciencia “debe formarse, a fin de que se pueda discernir los que realmente corresponde o no corresponde a <<la misma ley divina, eterna, objetiva y universal>>, que la inteligencia humana es capaz de descubrir en el orden del ser” (n. 4)

 

“La libertad de conciencia no es jamás libertad de la verdad, sino siempre y sólo libertad en la verdad” (n. 4)

 

 

La enseñanza moral de la Iglesia:

 

“Cuando la Iglesia enseña, por ejemplo, que el aborto, la esterilización o la eutanasia son siempre moralmente inadmisibles, expresa la ley moral universal inscrita en el corazón humano, y, por tanto, enseña algo que es vinculante para la conciencia de cada uno. Su absoluta prohibición de que esas intervenciones se lleven a cabo en centros sanitarios católicos es simplemente un acto de fidelidad a la ley de Dios” (n. 4)

 

-  Estas como otras disposiciones del mismo tipo no son imposición de una serie de criterios externos, que violan la libertad humana. Por el contrario, la enseñanza de la verdad moral por parte de la Iglesia manifiesta las verdades que (la conciencia) ya debería poseer (Veritatis splendor, 64), y estas verdades son las que nos hacen libres en el sentido más profundo de la libertad humana y confieren a nuestra humanidad su auténtica nobleza” (n. 4).

 

Enseñar y seguir la verdad moral es un desafío al mundo y, a la vez, el mejor servicio que podemos ofrecerle.

 

Hay que  defender las normas morales también en la vida pública, para que la democracia sea posible.

 

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