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10º DISCURSO
DEL PAPA JUAN PABLO II A LOS OBISPOS DE EEUU EN VISITA AD LIMINA

3-X-1998

Documentos Palabra n. 127

 

DEFENDER LA VIDA, CONSTRUIR UNA CULTURA DE LA VIDA

 

 

El amor conyugal ha de estar abierto a la vida:

 

“El Creador hizo al hombre y a la mujer para que se complementaran en el amor y su unión es una participación en el poder creador de Dios mismo. El amor conyugal es un servicio a la vida, no sólo porque engendra una nueva vida, sino también porque, entendido correctamente como entrega total y recíproca de los esposos, crea el ambiente de amor y atención en que se acoge cordialmente la nueva vida como un don de valor incomparable” (n. 2)

 

Pablo VI en la Humanae vitae puso de relieve la inseparabilidad en el amor conyugal del aspecto unitivo de su dimensión procreadora.

 

“La enseñanza de la Humanae vitae exalta el amor matrimonial, promueve la dignidad de la mujer y ayuda a las parejas a crecer en la comprensión de la verdad de su camino particular hacia la santidad. También es una respuesta al intento de la cultura moderna de reducir la vida a la comodidad” (n. 2)

 

“Los programas de preparación para el matrimonio deberían incluir una presentación honrada y completa de la enseñanza de la Iglesia sobre la procreación responsable y explicar los métodos naturales de la regulación de la fertilidad, cuya legitimidad se basa en el respeto del significado humano de la intimidad sexual. Los matrimonios que han acogido la enseñanza del Papa Pablo VI han descubierto que es en verdad fuente de profunda unidad y alegría, alimentada por una comprensión y un respeto mutuo cada vez mayores” (n. 2)

 

Defender la vida: en su origen:

 

Después de veinticinco años de la legalización del aborto, ha aumentado el movimiento en defensa de la vida.

 

Hay una gran insensibilidad acerca de lo que ocurre realmente en un aborto. “Ninguna circunstancia, finalidad o ley puede justificar moralmente el aborto”.

 

“Quienes quieren defender la vida deben ofrecer alternativas al aborto cada vez más visibles y asequibles” (n. 3)

 

Apoyar a las mujeres embarazadas en situaciones difíciles, a aquellas que ya no tienen a su hijo, y a los niños “no deseados”.

 

 

Defender la vida en su desarrollo y hasta el fin natural:

 

“La eutanasia y el suicidio son graves violaciones de la ley de Dios; su legalización constituye una amenaza directa contra las personas menos capaces de defenderse y resulta muy perjudicial para las instituciones democráticas de la sociedad” (n. 4)

 

En la defensa de la vida hay un punto en común entre los cristianos: es camino ecuménico que hay que aprovechar.

 

Hay que saber distinguir entre supresión de tratamientos médicos gravosos, peligrosos o desproporcionados y supresión de tratamientos médicos ordinarios.

 

 

Sin miedo a la vida y sin miedo a la muerte:

 

“En un cultura que tiene dificultad para definir el sentido de la vida, de la muerte y del sufrimiento, el mensaje cristiano es la buena nueva de la victoria de Cristo sobre la muerte y la esperanza cierta de la resurrección. El cristiano acepta la muerte como el acto supremo de obediencia al Padre, y está dispuesto a afrontar la muerte en la <<hora>> que sólo él conoce (cf Mc 13, 32).

La vida es una peregrinación en la fe hacia el Padre, a lo largo de la cual caminamos en compañía de su Hijo y de los santos en el cielo.

Precisamente por esta razón, la verdadera prueba del sufrimiento puede llegar a ser una fuente de bien. A través del dolor participamos realmente en la obra redentora de Cristo en favor de la Iglesia y de la humanidad (cf. Salvifici doloris, 14-24). Esto sucede cuando el dolor <<se vive con amor y por amor, participando por don gratuito de Dios y por libre decisión personal, en el sufrimiento mismo de Cristo crucificado>> (Evangelium vitae, 67)” (n. 5)

Hay que atender a los enfermos como personas únicas e irrepetibles.

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