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DISCURSO
DEL PAPA JUAN PABLO II AL SEGUNDO GRUPO DE OBISPOS ALEMANES EN VISITA AD LIMINA

18-XI-1999

Documentos Palabra n. 153

 

INTEGRIDAD DEL MENSAJE, PENITENCIA, BAUTISMO Y EUCARISTÍA

 

 

Integridad del mensaje, jóvenes, conciencia. Penitencia:

  

“Queridos hermanos, sabéis que el obispo, como pastor, tiene el deber fudnamental de invitar a los miembros de la Iglesia a aceptar en su integridad la enseñanza autorizada de la Iglesia sobre cuestiones de fe y de moral. No debemos desalentarnos si   nuestro anuncio no es aceptado en todas partes. Con la ayuda de Cristo, que venció al mundo (cf. Jn 16, 33), el remedio más eficaz para combatir el error es el anuncio valiente y sereno del Evangelio <<a tiempo y a destiempo>> (2 Tim 4, 2).

Expreso este deseo especialmente pensando en los jóvenes. Muchos de ellos son exigentes en lo que atañe al sentido y al modelo de su vida y desean librarse de la confusión religiosa y moral. Ayudadles en esta empresa. En efecto, las nuevas generaciones están abiertas y son sensibles a los valores religiosos, aunque a veces sea de modo inconsciente. Intuyen que el relativismo religioso y moral no da la felicidad y que la libertad sin verdad es vana e ilusoria. Al desempeñar el ministerio eclesial de enseñar, en unión con vuestros sacerdotes y con los colaboradores en el servicio catequético, prestad atención particular a la formación de la conciencia moral. Sin duda, la conciencia moral se ha de respetar como <<santuario del hombre, donde se encuentra a solas con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de su corazón (cf. Gaudium et spes 16). Pero con el mismo fervor recordad  a vuestros fieles que la conciencia es un tribunal exigente, cuyo juicio siempre debe conformarse a las normas morales  reveladas por Dios y propuestas por la Iglesia con la asistencia del Espíritu.

Una enseñanza clara y unívoca sobre estas cuestiones influirá de forma positiva en la necesaria vuelta al Sacramento de la Reconciliación, poco frecuentado  hoy, por desgracia, incluso en las regiones católicas de vuestro país".

 

   Praxis pastoral del Bautismo :

 

 

"En la praxis pastoral de vuestras Iglesias locales con razón se insiste en la exigencia de administrar el Bautismo sólo cuando se tiene fundada esperanza de que el niño será educado en la fe católica, a fin de que el Sacramente pueda dar frutos (cf. C.I.C. cn. 868_2). Sin embargo, a veces, las normas de la Iglesia son interpretadas de modo más restrictivo de lo que se pretende con ellas. Así, sucede que a los padres el bautismo de su hijo se les retrasa o incluso niega sin motivo suficiente. La prudencia y la caridad pastoral parecen sugerir una actitud más comprensiva hacia los que con recta intención tratan de acercarse a la Iglesia,  pidiendo el Bautismo para su hijo.

Así mismo, esa solicitud pastoral aconseja que los pastores no impongan requisitos que no sean exigidos por la doctrina o los mandamientos de la Iglesia. Está bien que el pastor prepare a los padres de modo adecuado al bautismo de su hijo, pero también es importante que el primer sacramento de la iniciación cristiana se vea  sobre todo como un don gratuito de Dios Padre al niño. La índole libre y gratuita de la gracia no resulta nunca tan evidente como con ocasión del bautismo. <<En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él  os amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados>> (1 Jn 4, 10)". 

 

Eucaristía y Comunidad:

  

“No podemos hablar de renovación espiritual de la diócesis sin referirnos a la Eucaristía. Una tarea primaria de vuestro ministerio sacerdotal consiste en reafirmar el papel vital de la Eucaristía como <<fuente y cumbre de toda la vida cristiana>> (Lumen gentium n. 11). En la celebración del sacrificio eucarístico no sólo culmina el servicio de los obispos y presbíteros; también encuentra en ella su centro dinámico la vida de todos los demás miembros del Cuerpo de Cristo (...). La comunidad parroquial es necesariamente una comunidad eucarística; como tal, debe ser presidida por un sacerdote ordenado que, en virtud de su sagrada potestad y de la consiguiente insustituible responsabilidad, ofrece el sacrificio eucarístico in Persona Christi (Pastores dabo vobis, 48). (...) El hecho de que los religiosos y los laicos, por encargo vuestro presidan las funciones dominicales de la Palabra puede ser loable en una situación de emergencia, pero esa situación a largo plazo no puede considerarse satisfactoria. Más aún, la falta de integridad sacramental de esas funciones litúrgicas debería impulsar a toda la comunidad parroquial a orar al Señor con mayor fervor e insistencia para que mande obreros a su mies (cf. Mt 9, 38)".

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